El Estigma de las Sombras

[i:] Lee Fan Ficción [b:] NO[/b:] de amor. Fics que traten de humor o que en ocasiones no sean de HP, o quizá de miedo, o de aventuras inesperadas...[/i:]
David Diggory
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El Estigma de las Sombras

Mensajepor David Diggory » 24 Ene 2009 19:57

El Estigma de las Sombras

Prólogo


A Principios del siglo XIX la humanidad muggle sufría una serie de cambios políticos y de pensamiento. Además, se habían producido una serie de descubrimientos científicos e industriales, que habían potenciado su población y vidas. Mientras, los otros humanos, por cuya sangre corría la magia, se habían mantenido al margen de ellos, y así lo pensaban seguir haciendo.

A lo largo de la historia, los hechiceros y magos habían dado cuenta de borrar las memorias de aquéllos que no debían recordar, de eliminar pruebas que no debían ver, y solucionar problemas que no debían conocer. Ambas civilizaciones convivían en paz, aunque una de ellas no conocía la otra, ni debía conocerla, por el bien de las dos.

Sin embargo, en el pasado habían muerto inocentes, por ambos bandos, y en la actualidad, aún había algunos que guardaban un rencor que no era saciable con el tiempo, un rencor, que podría poner en peligro la estabilidad de la convivencia…

Hogwarts. 12 de Enero de 1826.

En la torre de Griffindor se habían oído pasos, los estudiantes de primero y segundo estaban levantados. Y lentamente iba cundiendo la curiosidad en el resto de la torre. En ese año los de primero estaban en el primer piso, y dos de ellos, Henry y Kate, habían salido a curiosear esa noche, como otras tantas.

No sabían que esa noche, sería la última para ellos.

-¿Ves algo, Kate? –Dijo Henry, mientras trataba de iluminar el pasadizo con su varita.

-No, pero el ruido parecía venir de aquí, estoy segura… -Decía, mientras no cesaba en andar iluminando el pasadizo.

Unos pasos veloces se oyeron en su retaguardia. Sus corazones se nublaron de pánico, una sensación nunca experimentada, ni cuando la señorita Hermanza, les había pillado haciendo novillos. Pero esa vez era muy distinta, sus corazones empezaron a sentir frío.

No pudieron Gritar. No pudieron siquiera percibir su muerte.

Sus varitas dejaron de hacer luz, sus corazones dejaron de latir. Alguien pasó entre los cadáveres. Y balbuceó algo, que no parecía de tristeza precisamente. Y tras soltar un par de maldiciones, siguió corriendo aunque silenciosamente.

Los estudiantes de primero gritaron al hallar los cuerpos de sus compañeros, toda la torre de Griffindor se había percatado ya del suceso. Era el caos.

El señor Houth, conserje, calmaba a los muchachos diciéndoles que ya habían capturado al asesino, y que pagaría por sus crímenes. Y así fue, el director del colegio, el gran mago Dumblephar, había sometido al intruso. Varios profesores se hallaban a su alrededor, mientras otra iba a llamar a Azkaban.

-Temper, ve a buscar la poción de la verdad. Este no ha entrado sólo a asesinar gente, tiene que tener algún móvil, y le descubriremos, antes de que pueda pudrirse en paz junto a los Dementores. – Dijo el director, mientras examinaba la Varita del asesino, que parecía una especie de daga con un dragón estampado en su filo.

-Las defensas de esta mugrienta escuela son más poderosas de lo que recordaba, o tal vez es que las habéis mejorado… - Decía el intruso, mientras intentaba volver a levantarse- Je, he fracasado, pero no podréis estar a salva una segunda vez…

Los profesores usaron una cuerda mágica para atar al asesino, y antes de que terminaran de hacerlo, el profesor de pociones ya había traído la solicitada. Le obligaron a tragársela, y luego empezaron a preguntar al asesino.

-Dinos, qué hacías aquí. –Inquirió Dumblephar.

-No lo sé. –Dijo, y empezó a saltar en carcajadas. . Qué ilusos, ¿os creéis que con esta miserable poción podéis hallar todas las respuestas?

Le obligaron a tragar mucha más cantidad de la pócima, aunque el director sabía que no había conjuro ni poción alguna que pudiera repeler los efectos de esa, no era concebible. Al menos para su sabiduría, que era enorme.

-Te lo repetiré una vez más. Dinos qué hacías aquí. Cuáles eran tus objetivos. Y con quién estás.

El preso saltó de nuevo en carcajadas, pues parecía no saber ninguna de las respuestas.

-Dinos, cómo conseguiste entran en la escuela. –Siguió preguntando el director, seguro de que alguna respuesta debería contestar.

-Yo… tenía un pergamino, en el que estaban escritas todos mis objetivos y encargos, lo leí antes de entrar, seguí sus instrucciones. Pero me di cuenta de que las cosas no eran como debían ser. Supe en ese momento, que no tenía escapatoria, así que leí el la última frase del pergamino, que era como habéis visto, ¡hacerme olvidar lo leído!

-Imposible, los pergaminos son capaces con un conjuro de contingencia, de poder generar conjuros de corto plazo, pero nunca se podría eliminar tanta memoria de alguien… no es posible –Decía Richard, el profesor de defensa contra las artes oscuras.

-No es posible, pero sí es posible que quienes le manden, previeran un probable fracaso de la misión, así que le borraron toda la memoria que no debía recordar antes de mandarlo, y le dejaron un pergamino ad hoc a sus objetivos, en el cual se le debía explicar lo que hacer en caso de fallo. –Reflexionaba Dumblephar.- Un pergamino no puede tener más de un conjuro contenido, por lo que no puede haber desaparecido. Y aún cuando desaparezca su escrito tras unas horas de su creación, debe poder sacarse a la luz de nuevo. Cogedlo e intentad hallar las respuestas.

-Cuando lo hagáis, probablemente será tarde. Y lo sabes, viejo. –Dijo el asesino.

El director, y poderosísimo mago no respondió al momento, usó su varita en un instante para dormir al asesino. Y luego sentenció. –Eso ya lo veremos. Tú has fracasado, nosotros no.

El día siguiente Hogwarts estuvo de luto por las muertes de siete estudiantes y dos profesores. En el gran comedor, los diarios de El Profeta mostraban la entrada del asesino desconocido en Azkaban, rodeado de hambrientos dementores. Los de Griffindor habían perdido a dos compañeros. Ravenclaw a 4, y Hufflepuf a 1. Además el profesor de Historia de la magia, era historia… y la de adivinación, no había previsto su muerte. Hubo algunos que acusaron a los de Slytherin de engendrar a gente como la que apareció ayer en Hogwarts, pues ninguno de sus estudiantes había sido asesinado.

Se olvidaban que los de Slytherin ese año residían en las mazmorras oeste, una zona en la que no había nada de interés, y que no coincidió con la ruta del asesino. Pero la reputación de algunos, se sobrepone a los demás.


A decenas de millas de distancia, tres sombras oscurecían el suelo de una gran cima helada. Tres figuras encapuchadas y vestidas con túnicas negras como el más lúgubre de los azabaches.

-Yernal ha fallado. –Dijo la figura de la izquierda.

-Era de esperar, pero debíamos intentarlo de todos modos. –Sentenció la del medio.

-¿Piensas sacarle como le prometiste? – Inquirió la de la derecha.

-¿Acaso recuerda él esa promesa? – Dijo, tras soltar una carcajada maliciosa- Veremos si le sacamos, después de que hayamos cumplido con nuestra misión…

-Aún habiendo borrado lo necesario de su memoria, sería más sensato intentar destruir el pergamino, tarde o temprano lo llevarán ante los investigadores de la Torre de Faryel, y sabes que ese gaznate engreído puede desvelar el texto. –Dijo de nuevo la de la derecha, que tenía una voz más grave que las demás.

-Bueno, pero sabes que Dumblephar se toma las cosas muy apecho, ya deberías conocerle… no hablará del pergamino. Intentará descifrarlo por su cuenta. Y cuando lo haya hecho…. Será tarde para él. –Soltó de nuevo una carcajada, esta vez más divertida.

-Me encanta que te tomes las cosas con tanto optimismo, Glothery. –Dijo su compañera de la izquierda, mientras reía al compas.- Por eso voy contigo después de todo…

Las tres figuras se quitaron la capucha, mostraron unos rostros jóvenes, pocos años más de veinte… dos mujeres y un hombre. La mujer del centro tenía el pelo oscuro, recogido en una cola que le caía por la espalda, y varios mechones que le cubrían algunas zonas de su rostro. Aparentemente no parecía tener nada anormal.

La joven de la izquierda en cambio, era rubia, y tenía el pelo algo corto, pero suelto. Tenía los ojos verdes, y una sonrisa de oreja a oreja que no podía quitarse de la cara, realmente era un rostro bello, pero inquietante.
Por otra parte, el joven de la derecha, era un chico de pelo oscuro rojizo, corto, y erizado. Tenía un rostro serio, y parecía algo molesto.

La brisa les obligó a entrecerrar los ojos de nuevo. Mientras Glothery levantaba su mano de la cual sacó una extraña varita de forma curvada y llena de marcas arcanas, y dijo a sus compañeros.

-Vamos pues… Márevar, Shavkan. Tenemos una misión importante que cumplir… - Dijo, y seguidamente pronunció una palabra de activación- ¡Mobilis Ostium!

Una brecha apareció en frente de ellos, y se abrió, dejando ver una especie de habitáculo al otro lado… una sala oscura, iluminada por un par de antorchas…

-Comienza el juego… ¡qué emoción! –Dijo Márevar.

-Qué remedio… - Sentenció Shavkan en voz baja.

-Es el momento, la justicia pronto estará sobre la mesa. Vamos.

Los tres saltaron hacia el interior del portal, y éste desapareció en ese mismo instante. Las tres sombras empezaron su cruzada.

Otra oscura noticia ganaría la portada del Profeta el día siguiente.
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Mensajepor David Diggory » 24 Ene 2009 19:58

Capítulo I


Era un día tranquilo… demasiado tal vez. Mike y Jones estaban charlando tranquilamente en las mazmorras oeste del Castillo de York. Allí retenían a un gran número de presos, que en su mayoría serían decapitados por sus crímenes.

Como responsables de la guardia, estaban preparados para cualquier percance. Ambos iban armados con su trabuco con una afilada bayoneta, y con la clásica espada británica. Si algún preso escapaba de una de las celdas, o si alguien entraba por alguna de las grutas subterráneas, sería reducido inmediatamente.

-¿Has oído algo sobre el preso 1664? El escocés. –Preguntó Mike, en un tono despreocupado.- Dicen que está loco… que habla de brujas y magos…

-Bah, ya sabes cómo son los presos. Hace cualquier cosa para llamar la atención…-Sentenció Jones, sin ganas de hablar sobre ese tema- Aunque ahora que lo dices, el tipo ese que vino y puso esas extrañas cosas en los barrotes…

-Sí, apuesto a que era algún tipo de sacerdote… malditos supersticiosos… -Decía Mike, respondiendo a su compañero, aunque sin demasiado interés.- ¿Qué ha sido eso?

Un extraño sonido inundó la sala oeste, venía del fondo de la mazmorra, como un sin cesar de agua gorgoteando por las paredes. Luego, comenzaron a oírse pasos. Firmes, sólidos, y decididos, como si quisieran hacerse notar, o como si no les importara ser oídos.

-Maldita sea… voy a ver. Ve a buscar a la guardia, Mike. –Dijo James, se puso el arma de fuego en posición de disparo, y fue hacia los intrusos. Mientras Mike, asustado, fue corriendo hacia arriba en busca de refuerzos.

Los pasos se sentían veloces y cada vez más cerca, tanto, que James pudo oír la conversación que mantenían los intrusos:

-Deberíamos haber sido más discretos… -Dijo uno.

-¡Qué dices! ¡Con lo divertido que va a ser! –Le respondió otro.

-Callaos, esos muggles van a pagar una vez más. Mataré a todo el que se interponga en mi camino. –Sentenció una tercera y decidida voz.

James no se lo pensó dos veces, salió a su encuentro, con el rifle en posición, y listo para cualquier cosa. Mas para su sorpresa, se encontró con tres figuras encapuchadas, cuyo rostro se veía cubierto por la sombra. Aún así, James, que no creía en fantasmas ni espectros, pensó que serían unos locos…

-¡Quietos! ¡Quitaos las capuchas, y tirad las armas que llevéis! U os tendré que matar… -Dijo convencido, aunque no tanto una vez visto que los tres individuos paraban de hablar y de andar, pero que no hacían ningún movimiento.

-¿Cómo piensas matarnos si tan sólo tienes un disparo?- Yo de ti, y te aseguro que es un buen consejo, haría ver que no he visto nada…-Dijo una voz, masculina según los oídos de james.

-¡Me da igual! ¡Uno de vosotros morirá! Si no queréis que eso suceda, tirad las armas y quitaos las capuchas… -Repitió, y al ver que seguían ignorándole, hizo ademán de apretar el gatillo…

Pero alguien fue más rápido.

-¡Crucio!

El arma cayó al suelo, junto a él, tambaleándose por un dolor que jamás había sentido ni siquiera imaginado… empezó a llorar, empezó a gritar ahogadamente… sentía como una mano le iba arrancando la vida como si fuera arcilla pegada en su piel… como si su corazón fuese un pastel que estaba siendo despedazado y devorado…

Había sido la figura del medio… al parecer una mujer de pelo azabache, que ya se había desencapuchado mientras usaba un extraño palo con ornamentos, apuntando al hombre que se retorcía de dolor… Un rostro gélido se vio en la mujer… como si estuviese haciéndolo por deber… como si sintiera alivio al ver al hombre torturado.

-Ya basta, Glothery. – Dijo el hombre, que antes le había aconsejado a irse- No hemos venido aquí para torturar a inocentes.

-¡Callate! ¡No te atrevas a interferir en el placer que se siente al torturar a un asqueroso maggle! – Dijo la otra mujer, que se había mantenido callada desde entonces.

El chico no respondió, parecía ignorar los comentarios de esa compañera. Mientras, Glothery seguía torturando al humano, que ya había perecido, pero que seguía retorciéndose por el conjuro. No obstante, tras oír decenas de pasos hacia ellos, canceló el hechizo, y volvió en sí. Guardó su varita en una extraña funda, y desenroscó un pequeño anillo que llevaba en la mano derecha.

Una docena de guardias se plantaron delante de ellos ipso facto, todos apuntándoles, y con Mike entre ellos, el cual gritó al ver a su compañero muerto, y sin pensárselo dos veces, disparó, a lo que le siguieron los demás…

El humo nubló por unos segundos la habitación, y sin embargo, las tres figuras seguían allí… la del medio mantenía la mano derecha en el frente… y a su alrededor, estaban todos los proyectiles lanzados… repelidos por un poder que escapaba a su comprensión…

-Los anillos de contención son carísimos. Pagaréis haberme hecho desperdiciar uno de sus conjuros. – Dijo Glothery, mientras una sonrisa horrible y maliciosa se dibujaba en su rostro. Se dispuso a sacar su varita, riéndose de cómo los soldados volvían a cargar sus armas, mientras dos de ellos desenvainaban sus espadas y atacaban a los intrusos con su esgrima.

-No esta vez. –Susurró el hombre oscuro, que levantó el brazo y pronunció rápidamente unas palabras.- ¡Lapideus parietis!

Un muro de roca creció delante de los soldados, bloqueándoles el paso. Glothery fulminó con la mirada a su compañero, y se dispuso a apuntarle con la Varita. Al igual que hizo su compañera.

-¡Qué estás haciendo estúpido! ¡Dame una razón para no acabar contigo!- Dijo, mientras contenía una mirada de odio y extrañeza al mismo tiempo.

-Dije que te ayudaría a conseguir tu venganza, pero no estoy dispuesto a ver torturas de inocentes. No es nuestro cometido. –Dijo él, en tono firme, y bajó la varita, dispuesto a ser fulminado por Glothery, si así era su karma.

-¡No le hagas caso! ¡Si no es capaz de hacer esto, no nos sirve! ¡Nunca debiste dejar que un engendro de Gryffindor entrara en nuestro grupo! – Dijo Márevar, histérica.

-¡Maldito seas! – Maldijo la presunta líder del grupo- ¡Maldito seas! ¡Ve a cubrir el portal! – Dijo, y un poco más calmada continuó- Voy a buscarle. Volveré pronto.

Márevar miró con rareza, aún no comprendía qué se traían esos dos entre manos, su depravada conciencia no le permitía comprender cosas que no fueran matar y hacer sufrir.

Una vez Shavkan, fue hacia el portal. Glothery le susurró a la oreja de su compañera. “Y acaba con ellos. No dejes ni uno con vida.???

Una sonrisa loca apareció en Márevar, que se quitó la capucha, y desenfundó de su espalda una extraña cimitarra con runas en su filo…

Mientras, Shavkan volvía al portal. Cuando se encontró con alguien esperándolo.

-He llegado el primero, pero a tiempo. –Dijo un joven que vestía las ropas de la guardia mágica- Por el bien de nuestra civilización, debo someterte.

-Marcus… - Dijo Shavkan. Y se quitó la capucha.

-¿Tú…? –Dijo el auror.
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Mensajepor David Diggory » 24 Ene 2009 19:58

Capítulo II


Un grueso muro de roca había aparecido del suelo, se había levantado como por arte de magia, y nunca mejor dicho.

El teniente Hughes estaba muy alterado por lo que acababan de ver, pero James no parecía estar asustado. A pesar de oír las voces tras la piedra, empezó a golpearla, aún sabiendo que era inútil.

-Déjalo James. Tenemos que rodearles. Iremos por el otro pasadizo de la derecha, no tienen otra salida. –Dijo el teniente.- Cargad vuestras armas, y preparaos para disparar a matar.

Continuaron cargando las balas y la pólvora en sus fusiles, y también revisaron sus espadas y que no se encallaran las vainas. Luego, todos se pusieron firmes, y esperaron la orden del Teniente.

Pero de pronto, una voz se oyó desde el otro lado del muro, unas palabras que no lograban escuchar bien ni entender. Pero lo que sí vieron, es cómo el muro cedió de nuevo, y dejó el camino libre. Sin nadie aparente delante.

-Quietos. Podría ser una trampa. – Dijo Hughes, atento y observando todo con sutileza- Robin, McGregor, adelantaos. Os cubrimos.

Los soldados se adelantaron, con los rifles en alto. Y tras girar en la vertiente, vieron a decenas de figuras encapuchadas, que comenzaron a reír, de una forma alocada.

-¡Señor! ¡Son muchos! No podemos con ellos… - Dijo Robin. Pero no tuvo tiempo. Todas las figuras levantaron sus varitas y…

-¡Crucio! –Dijeron todas al unísono.

El cuerpo de Robin cayó al suelo y empezó a retorcerse de dolor. McGregor gritó mientras disparaba a una de las figuras, que desapareció sin más, cogió el rifle de su compañero que seguía sufriendo. Y volvió a fallar. Luego llegaron los otros soldados, que descargaron su artillería contra las figuras, que iban desapareciendo.

Las figuras que quedaban una decena, bajaron la vartia; Robin ya había muerto. Sacaron de bajo sus túnicas negras unas extrañas espadas curvadas. Pronunciaron unas palabras, y esta arma se triplicó, ahora tenía tres hojas, en forma de espiral. Los hombres cargaron sus armas, otros desenvainaron sus espadas. Las figuras oscuras levantaron sus cimitarras, y las lanzaron.

Sólo una de ellas fue realmente hacia ellos. Sólo una de ellas fue capaz de cercenar los miembros y cabezas de la mayoría de los soldados. Tras lo que volvió a las manos de una de las figuras.

Las demás desaparecieron. La verdadera se quitó la capucha. La mujer reía y reía de placer. Se dispuso a volver a usar su espada retornante. Se dispuso, a volver a matar a placer… Pues nadie se lo impediría.
Shavkan no podía creer lo que veía. No supo por qué se quitó la capucha, no debería haberlo hecho. Ahora Marcus debería morir, para guardar silencio. Pero dudaba de que fuera capaz… de matar a su mejor amigo.

-¿Tú…? ¡Shavkan! –Dijo Marcus, bajando la guardia- ¡Por los tentáculos del Kraken! ¡Qué Diablos estás haciendo aquí? ¿Y… por qué llevas esa ropa…?

-Lo siento Marcus. Las cosas han cambiado.- Dijo su amigo. Tras volverse a encapuchar el rostro, y sacar su varita. – Voy a tener que matarte.

-¿Qué? ¿Estás bromeando no? –Dijo Marcus, que no había adoptado posición de duelo- ¡Has estado perdido durante meses! ¡Eras mi mejor amigo! Vamos… no puedes hablar en serio…

-Marcus, ponte en posición, no quisiera vencerte de forma poco honorable. Al menos no a ti. – Dijo Shavkan, con un rostro impasible, aunque en sus ojos se percibía la duda. – Si no lo haces, tendré que eliminarte de todos modos.

Marcus se dispuso a hablar de nuevo, en tono amistoso. Pero su “amigo??? no le dejó; Aprovechando su baja defensa, Shavkan apuntó a los pies del auror y tras pronunciar unas palabras de invocación, unas garras de piedra salieron del suelo y agarraron las piernas de Marcus. Éste se dispuso a usar su varita para deshacerse de ellas, por instinto. Y ese fue un error que el hechicero de las sombras había previsto.

-Dulcis Somnus… - Dijo Shavkan, y una pequeña nube de humo azul fue hacia Marcus, que no pudo esquivarla aún cuando se había liberado de las garras pétreas.- Hasta nunca, amigo.

Marcus no pudo esquivarlo de ningún modo, cayó presa del efecto somnífero de inmediato, podría haber luchado mucho mejor, era uno de los más grandes. Pero no contra su amigo, contra el que había compartido toda su juventud… se limitó a mirarle a al rostro sepultado por la sombra, y exigirle vagamente un por qué. Luego se desmayó.

Shavkan sabía que pronto vendrían más aurores, las brujas habían usado conjuros oscuros, y los detectores del reino los habrían percibido de inmediato. Usó un conjuro para abrir una de las mazmorras, y arrastró a Marcus a ella. Luego la cerró, y tras examinar la varita de su amigo, la partió en dos. Sabía que cuando despertara, se acordaría de todo, pero no tenía tiempo, y no era capaz de matarle.

-¿Se puede saber qué estás mirando? –Dijo una molesta voz- Glothery ya debe haber encontrado a ese payaso de Gunes. Estará al caer algún auror…

-¿Y los soldados? Se han quedado ahí detrás… ¿has sellado la otra entrada? –Preguntó, aunque ya conocía la respuesta.

-No seas ignorante. Sabes que los he matado a todos. –Dijo, orgullosa de ello a más no poder.- El poder no existe para los compasivos…

-Cierra tu sucia boca, Márevar. –Dijo, sin importarle el posible resultado.

La chica iba a soltarle un insulto de los grandes, pero al oír la voz de Glothery, calló y se dio la vuelta.

-Ya podemos irnos. Vuelve a activar el portal, Shavkan. – Dijo, y dio dos palmaditas a un extraño hombre que iba a su lado, asustado, y con los ojos muy abiertos.- Ya tenemos lo que necesitamos.

Hogwarts. 14 de Enero de 1826.

En el gran comedor había más griterío que de costumbre, y a pesar de los tristes funerales del día anterior, la gente volvía a estar sonriente. Aunque a muchos aún les dolía la pérdida de amigos.

Las lechuzas llegaron pronto, como era de esperar, y todos los alumnos comentaban la última noticia de El Profeta…

“Masacre en las mazmorras de York??? había una imagen mostrando el rostro de preocupación del general supremos de los aurores, Henry Lloyd. Quién había comentado: –Los que han hecho esta masacre, se llevaron a Prince Harries, el arquitecto que enloqueció y que fue condenado a prisión por las autoridades Muggles, y vigilado periódicamente por el ministerio de magia. Desconocemos el móvil del secuestro, pero estamos investigándolo.

Keneth Dumblephar también se hallaba leyendo el periódico, y parecía mucho más preocupado que de costumbre. Se había propuesto desvelar lo que ponía en el pergamino que hallaron dos días atrás, y creía estar muy cerca de desvelar la clave. Sin embargo, el conserje le informó de que alguien había venido a visitarle, al parecer, un estudiante que había terminado la escolarización hacía poco más de cinco años: Marcus Jones.

Dumblephar tenía en muy alta estima al auror, y estaba seguro de que si había venido, era por algo importante. En cuanto se vieron, se dirigieron ambos a los aposentos del director, y una vez Marcus hubo asegurado que nadie podría escuchar, comenzó a explicar algo asombroso.

-Siento haber fingido maestro, pero lo que tengo que explicarte el algo mucho más importante que las apariencias. –Decía, nervioso, e inseguro.

-Te escucho. –Dumblephar comenzaba a estar algo impaciente, con lo que tuviera que contarle.

-Yo estuve anoche en York, yo intenté detener a los asesinos. –Sentenció, y antes de que el director de Hogwarts abriese la boca, continuó- Shavkan era uno de ellos.

-¡Qué? No es posible lo que dices… ¿estás completamente seguro?

-Sí… sí… no lo dije a nadie, no quiero comprometer a su familia, ni que le tachen de asesino, tiene que ser un malentendido… alguna trampa… está claro que no se ha vuelto maligno, no estaría aquí de no ser por su compasión.

-Shavkan fue el mejor alumno de Gryffindor durante muchos años, y desde que se fue, nadie tuvo el listón tan alto. Era defensor de la paz, y era capaz de dar su vida por la gente que quería. Le conocía, y es imposible que haya unido su camino al lado tenebroso de la magia… No obstante, está claro que está relacionado, si es lo que dices. –Dijo el director, preocupado por la situación, hasta tal punto que se puso a deambular por el habitáculo.- ¿Sabes a qué puede deberse el secuestro de ese arquitecto hechicero?

-Bueno, en el ministerio dicen que hizo parte de las reformas subterráneas del Banco de Gringotts. – Dijo, y dio un fuerte suspiro.- Ese parece el móvil más probable, que quieran robar el banco… o algún objeto importante.

-No obstante, tengo entendido que también hizo reformas en el ministerio, en varias torres de hechicería. Y de lo que estoy muy seguro, es que hace quince años, también participo en unas reformas de Hogwarts. Y ya sabes, Marcus, que aquí también hay cosas importantes que…-Decía Dumblephar.

-Pero no tanto. Está claro que les interesa algo de Gringotts. Hemos reformado las medidas de seguridad. Por mucho que tengan a ese con ellos, no serán capaces de acceder al mejor banco del mundo. Y usted lo sabe mejor que nadie.-Dijo Marcus. Tras levantarse de su silla e ir hacia la puerta.- ¿Qué debería hacer, maestro?

-Si sabes cómo hallarle, búscale, y averigua sus motivos. Pero cuidado, a veces los hombres cambian si el objetivo que buscan se lo exige.- Dijo Dumblephar.


El viento volvía a soplar en el helado monte, entraba por la oscura caverna, llena de estalactitas y estalagmitas. Algunas de una apariencia poco natural. Se oían unas voces al fondo…

-Te lo repetiré una vez más, estúpido viejo –Dijo Glothery, escupiendo a la cara del arquitecto, helado y muy asustado- O me dices dónde está, o por los cimientos de la tierra que te haré sufrir un daño inconcebible por tu ya de por sí alocada mente. La oferta no es negociable.

-Yo… yo… magos… hechiceros… brujas… quiero comida… yo… -Balbuceaba, como llevaba haciendo varios minutos desde que se había despertado.

-Dale la poción de la verdad ya, no le hagas sufrir más de lo que ya le hace sufrir su locura… -Decía Shavkan.

-¡Silencio! Los métodos de la líder son los que ella elija. Estúpido. –Dijo Márevar.

Ambos se fusilaron con la mirada. Aunque Márevar odiaba a muerte a Shavkan, éste sólo la despreciaba por su forma de ser, aunque seguía ignorando todos sus comentarios.

-Ya basta. Haremos lo que dices. Prepara la pócima, ya estoy harta. Luego le mataremos. –Dijo fríamente Glothery, sin apenas mirar al preso.- En cuanto nos diga, cómo acceder a Hogwarts y hallar el Orbe de los dragones. Ya no me será útil.
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Mensajepor David Diggory » 24 Ene 2009 19:59

Capítulo III


Lo sabían. El arquitecto había hablado. Prince Harries había sido uno de los más grandes arquitectos del mundo mágico. Era el mejor, el que más destacaba, el más excepcional.

Por eso pagó el precio.

Tras construir una de las mayores torres de hechicería, por un poderoso mago oscuro, Harries conocía demasiadas cosas que no debía saber. El conjuro del olvido no era del todo seguro y efectivo en gente maga, corría el riesgo de que con el tiempo, los recuerdos afloraran, por eso ese mago oscuro, no quiso arriesgar a dar a conocer los secretos de su torre. Le enloqueció, con una pócima más antigua que los cimientos, logró entrelazar sus emociones y miedos, convirtiéndolo en alguien temeroso del mundo.

Harries acabó haciendo daño a humanos, y capturado por ellos. Fue condenado a prisión, en York. El ministerio de magia decidió mantenerle allí, con seguridad mágica adicional, sin que los muggles se dieran cuenta. Fue un secreto de alto rango. Muy pocos sabían que Harries estaba allí. Pero uno de esos, no era precisamente honrado… pues conocedor de la mayoría de cosas que podría guardar ese loco de Prince, había planeado secuestrarle para convertirse gracias a sus secretos en un mago poderoso y rico.

Thomas Lingbinton, entró en contacto con el grupo de Glothery. Ella, aparentemente joven e ingenua, hizo creer que le ayudarían a convertirse ricos y poderosos. Thomas fue engañado. Y sólo Glothery sabía la verdad, ella no quería secuestrar a Harries por simple dinero o poder; Sus sentimientos eran mucho peores… el odio y la venganza…

Harries ya había hablado. Lo sabían. Tenían todo lo que necesitaba… el viejo y loco mago arquitecto, era prescindible. Márevar acabó con su vida.

-No será para nada fácil acceder a las catacumbas de Hogwarts. Aunque conocemos el camino y la situación exacta de la cámara del Orbe… desconocemos la cantidad de trampas que Dumblephar y los profesores actuales habrán puesto.-decía Shavkan.- Hay que hacer esto de una forma muy sutil. No debiste enviar a Thomas a Hogwarts, por lo menos no sin tan poca información, ahora estarán preparados.

-Nadie está preparado contra nosotros. –Dijo Glothery. Sin prestar demasiada atención a la mirada preocupante de su compañero.- Iremos, cogeremos lo que queremos, y nos iremos. Fin de la misión.

-Prometedme que no vamos a matar a nadie. Comprendo tu odio hacia los Muggles… pero los estudiantes y profesores de Hogwarts no merecen esto.

-¡Por supuesto que no mataremos a nadie! –Dijo Márevar, en tono burlón- Pero torturarles un poco si se ponen tontos…
-Mataré a aquéllos que se esfuercen en querer la muerte. No puedo prometerte nada, Shavkan. –Dijo Glothery, algo seria.

Una vez hubieron acabado el prólogo del plan, empezaron a edificar su estrategia, desde el comienzo, hasta el final, barajando posibles hipótesis y problemas que pudieran aparecerles. Comieron chocolate reconfortante, pues hacía bastantes horas que no comían ni dormían. Ingirieron píldoras de energía para estar listos, éstas retrasaban los efectos del hambre y el sueño, un par de días… luego deberían recuperar las horas dormidas, y la comida ausente. Luego, asintieron con las cabezas, se cubrieron con las capuchas, y desaparecieron con un gesto de varita.

Hogwarts. 15 de Enero de 1826. 00:20 horas.

-No pienso dormir hasta que no haya desvelado esto. –Decía Dumblephar a uno de los profesores, que le reprochaba el no dormir desde hacía dos días.- Vete si quieres, pero recuerda que hay cosas que van adelantadas al tiempo, no podemos permitirnos el lujo de dejar que las atrape.

-Como quiera, pero necesito descansar, las clases están pudiendo conmigo… -Dijo el profesor, y se fue tras maldecir por lo bajo mientras salía.

El Director de Hogwarts había estado todo el tiempo que le era posible intentando descifrar el pergamino mágico, pero no había dado con la solución. Conocía más de mil formas de ocultar escritos en pergaminos, y apenas había probado unas doscientas. Sabía que en la escuela de magos había cosas tan o más poderosas que en el banco de Gringotts… no podía correr el riesgo. Había solicitado al ministerio que un auror se quedara en Hogwarts, y el mismo Marcus había accedido, convencido por Dumblephar, de que si los magos oscuros venían a Hogwarts, él sería el más indicado para hacer frente a Shavkan, no por que fuera más poderoso que él, sino porque su antiguo amigo y compañero de Gryffindor, no se atrevería a usar conjuros poderosos o prohibidos contra él, sería un combate limitado por la amistad, o en eso confiaban ambos.

Entonces dio cuenta de ello… en esos pensamientos, Dumblephar pensó en Shavkan, uno de los mejores alumnos de la historia de Hogwarts. Un alumno, al que enseñó el método más rebuscado y difícil de esconder los escritos en pergaminos.

-Nunca habría podido imaginar que tendría que desvelar un pergamino usado con un conjuro de ocultación creado por mí… -Pensó el director, y sonrió- Buena jugada, Shavkan.

Dumblephar sabía que le llevaría una media hora lograr descifrarlo, pero se puso enseguida, se dio tanta prisa como pudo. Oyó la alarma, uno de los profesores le avisó tras de la puerta de que había problemas en una de las entradas.

No se inmutó.

Fuera cual fuera el objetivo de los hechiceros tenebrosos, estaba en ese pergamino, si lo descifraba, estaría allí donde quisieran ir, antes que ellos.


Dos figuras oscuras habían accedido volando en escobas por una de las torres, entraron por la zona de los estudiantes de Hufflepuff, y les amenazaron con matarles si se movían. Una de ellas, algo alocada, había hecho sufrir a varios que se habían hecho los valientes, pero la otra la obligaba a seguir adelante.

Después de salir de la torre de Hufflepuff, habían hallado la entrada a las mazmorras subterráneas de Hogwarts, que estaba oculta donde residían los de Slytherin. Márevar se quedó combatiendo contra dos de los profesores, la figura oscura se había quitado la capucha, y los maestros la reconocieron enseguida, la alocada estudiante prodigio de Slyherin, que hacía apenas cinco años se había graduado. Sabían que fuera donde fuera tendría problemas, pero nunca creyeron que podría convertirse en una depravada asesina.

Glothery había ido directamente al destino. Se le cruzaron niños de primero, de segundo, antiguas profesoras suyas.

No le importaban.

Marcus estaba en la zona de Gryffindor, había evacuado a todos los estudiantes a una zona segura. Esperaba a alguien. Cuando un halcón entró en una de las ventanas, y mientras aterraba se transformaba en Shavkan.

-Siempre fuiste un animago excepcional, al poder volar en tu forma animal. –Dijo Marcus, en tono serio, y a le vez triste. – Es una lástima que tengamos que hacer esto.

-Supongo que no debía dejarte vivo. – Respondió Shavkan, sacando su varita al mismo tiempo que Marcus.- Luchemos pues.

No fue un comienzo rápido. Se quedaron varios segundos quietos, mirándose el uno al otro, intuyendo sus movimientos. Pero Shavkan no pudo aguantar más. Saber que Márevar podría estar acabando con vidas inocentes, le hacía estremecerse. Por otra parte, Glothery encontraría el Orbe, de eso estaba seguro, pero no lo estaba tanto de que pudiera escapar sola, necesitaba su ayuda.

-¡Ventus! –Pronunció Shavkan, y una enorme ráfaga de viento hizo tambalear la sale, aunque Marcus soportó el elemento y se preparó para prevenir el verdadero ataque de su antiguo amigo. – ¡Custodia elementi!

Marcus conocía ese conjuro, y no era algo que se pudiera decir “de principiantes??? precisamente. El suelo comenzó a tragárselo, y las paredes empezaban a ir hacia él. Sabía que era una ilusión, pero nunca había sido muy bueno repeliéndolas, Shavkan lo sabía.

Lo había previsto.

-¡Expelliarmus! –Pronunció, e hizo que la varita de Shavkan volara. El conjuro de prisión desapareció – Las ilusiones requieren de una gran concentración por parte del que las hace, sólo hay que tranquilizarse y asegurarse de distraer al contrario. Ríndete, Shavkan. –Dijo, apuntándole con la varita.

-Has aprendido. Todo conjuro poderoso tiene su punto débil. – Decía, mientras sonreía y sacaba lentamente algo de su manga derecha. – Pero sólo el pensar que sin varita estoy indefenso, me hacía estremecer…

En cuanto terminó la frase, lanzó de su manga tres pequeñas dagas mágicas que fueron repelidas por un conjuro de viento de Marcus. Pero en ese tiempo había dado tiempo a Shavkan de recuperar su varita.

-¿Probamos otra vez? –Dijo, sonriendo, una sonrisa que Marcus no había visto desde hacía meses, una sonrisa de amistad.

-Ve y haz lo que debas, Shavkan. Confío en ti. – Dijo, y tras colocarse la varita apuntándose con ella hacia él…- Dulcis somnus…

Marcus cayó dormido por su propio conjuro. Se había derrotado a si mismo, la amistad y la confianza había podido con él. Shavkan se agachó para ponerle en una de las camas, y apartó su varita.

-Nunca olvidaré tu confianza, Marcus. Pero creo que has sido excesivamente bueno… - Dijo, mientras se alejaba de la estancia- Tal vez nunca serviste como auror. O tal vez sí.

Fue rápidamente bajando las escaleras para ir hacia el punto de encuentro. El caos se había apoderado de la ciudad. Fue corriendo esquivando a alumnos asustados y a profesores que intentaban detenerle en vano.

Por otra parte, Márevar estaba combatiendo contra otros dos profesores. Uno de ellos intentó desarmarla en repetidas ocasiones, pero la joven asesina tenía un guante de telequinesia unido a la varita, que le permitía recuperarla en cualquier momento. Eso, más su asombrosa habilidad para la lucha armada, la hacían una rival terrible. Y Dumblephar no aparecía.

Harta de luchar contra esos dos sin divertirse, desenfundó su cimitarra y tras convertirla en una terrible arma arrojadiza de tres hojas, la arrojó contra sus contrincantes. Uno de ellos la esquivó sin problemas, pero el otro profesor, el de defensa contra las artes oscuras, se encargó de repelerla con un avanzado conjuro de disipación mágica. Momento que aprovechó Márevar para desarmar al profesor.

Cuando la espada volvió a las manos de Márevar, se había convertido en una cimitarra normal y corriente, ya no servía. La lanzó al suelo y sacó una pequeña esmeralda verde.

-¡Disipa esto, viejo estúpido! –Dijo, arrojándole la esfera.

El mago fue hacia la varita tan rápido como pudo, pero la esfera formó una extraña prisión mística, al parecer temporal. Pero el maestro sabía que ese tiempo era oro, el otro profesor…

-¡Expelliarmus! –Pronunció, y volvió a quitarle la varita a Márevar. Que se echó nuevamente a reír, mientras usaba su guante para que volviera a su mano. –¡Pax regis!

Una vara de hielo surgió de la varita del profesor e impactó en una de las piernas de Márevar, le congeló la pierna, e hizo que se arrodillara. Pero ese fue el último error que cometería. Una vez recuperada su varita, y aprovechando que el maestro acababa de lanzar su conjuro…

¡Crucio! – Clamó, y el dolor y la tristeza más profunda se unieron para torturar al hechicero defensor de Hogwarts, mientras Márevar reía y reía, soportando el dolor de su pierna.- Vas a pagar por esto, estúpido, ¡acabaré contigo al igual que he acabado con esos profesores y alumnos cuyos cadáveres tienes detrás!

No se lo pensó dos veces, mientras el maestro se retorcía de dolor, puso más concentración en su varita, y se dispuso ha realizar el conjuro mortal para los magos…

-¡ Avadra kada…!

Una hoja de cimitarra le cruzó el pecho y le arrebató su momento de gloria.

-Ya has hecho bastante daño, Márevar. Vete al infierno.

Tras caer el suelo ensartada, la chica pudo girar la cabeza.

-Shavkan… te odio…
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(O.o)

/)__) David Diggory
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Mensajepor David Diggory » 24 Ene 2009 19:59

Capítulo IV

Hogwarts. 15 de Enero de 1826. 01:10 am.

Había sorteado ya varias trampas mágicas. Había requerido usar dos conjuros de su anillo mágico, que contenía 7 en el momento de su creación. Sólo le quedaban 4.

Los anillos de contención no eran un objeto habitual en el mundo mágico, pues eran extremadamente caros, no eran seguros al cien por cien, y para colmo, sólo podían ser usados una vez. Pero Glothery, gastó una gran cantidad de sus ahorros, y los de su familia, para poder comprárselo a un hechicero oscuro. El anillo poseía siete conjuros; dos de ellos eran un escudo místico que repelía cualquier ataque físico, uno que disipaba cualquier conjuro de control mental, dos que desprendían una ráfaga petrificadota a sus objetivos cual mirada de basilisco, uno que le permitía volverse invisible durante unos minutos, y un último que permitía invocar una criatura que yacía encerrada en el anillo.

Había usado ya los dos conjuros de protección física, y el de invisibilidad. Había superado todas las pruebas. Se encontraba ante el último acertijo, y la última puerta. Tras de ella, estaría el orbe…

Las puertas se abrieron con el conjuro adecuado que había dicho el loco de Harries. La habitación estaba sumida en la oscuridad. Debería de haber algún lugar para encender las antorchar que iluminaran la estancia.

-Lumos… - Pronunció Glothery, y la luz destelló en la punta de su varita.

Alguien comenzó a hablar.

-El Orbe de los Dragones. –Decía, y Glothery reconoció su voz de inmediato, mientras la estancia se iluminaba y mostraba tres figuras en su centro.- Fue concebido hace muchas décadas… durante una terrible guerra que enfrentó a dragones y magos.

-Dumblephar… has llegado a tiempo- Dijo la hechicera, encogiéndose de hombres- En fin, siempre era una posibilidad…

-Unos hechiceros oscuros pretendieron dominar a algunos dragones para convertirlos en sus monturas y formar un ejército de jinetes de dragones… pero fracasaron. –Explicaba el director- Sin embargo, no fue un fracaso para ellos, sino para el resto de la humanidad. Pues los dragones, unidos en su esfuerzo, salieron de sus escondites y zonas habituales para atacar a torres y castillos de hechicería… fue su venganza.

-Salazar Slytherin y Helga Hufflepuff, dos de los fundadores de Hogwarts, creyeron que realizar un pacto con los dragones no era posible, y continuar con la guerra era tarea que llevaría mucho tiempo y muertes innecesarias – Intervino uno de los maestros que acompañaban a Dumblephar, el señor Felt, que enseñaba matemágica.- Así pues, acordaron con dos ancianos dragones, el crear un objeto que fuera capaz de controlar las mentes de los dragones. Los dos ancianos fueron fusionados en el llamado “Orbe de los Dragones??? y bajo custodia de Hogwars, fue usado para obligar, bajo un poderoso conjuro mental, a regresar a los dragones. Éstos se retiraron a sus hogares, y olvidaron su ánimo de venganza.
El otro profesor, con un libro en las manos, concluyó la explicación:

-Para que ese instrumento de tan gran poder no cayese en malas manos, Hogwarts acordó destruirlo en público, pero se destruyó un orbe falso. Slytherin creyó que más adelante tan vez volvería a hacer falta, así que fue resguardado en secreto bajo las catacumbas del castillo. Esos conocimientos eran alto secreto, pero las malas lenguas siempre llegan donde no deberían.

Glothery miraba la escena bostezando, como si le explicaran algo que ya sabía. Pero lo que dijo Dumblephar a continuación hizo que perdiera los estribos.

-El Orbe fue concebido para protegernos de los Dragones, no para usarlos a favor de una venganza, Glothery. – Dijo el director.- No te puedo permitir que te lo lleves.

-¡No es una venganza, estúpido anciano! ¡Es justicia! – Gritó la hechicera, enojada, y alzó su varita y preparó bien su anillo mágico.

-No lo hagas, en Ravenclaw no te enseñaron a lanzar tu vida por la borda por un incidente de tu pasado.- Dijo Dumblephar, quién ordenó con un gesto a los profesores que rodearan a la estudiante.- Ni creo que te enseñaran eso en la escuela avanzada de hechicería. Aún estás a tiempo de corregir tu error.

-No… mi querido maestro… Londres arderá, como ardieron mis padres. Arderá por los hálitos de los dragones, por el humo de las tinieblas, y por la oscuridad del infierno, pagarán la muerte de los inocentes. – Dijo Glothery con ojos de cólera.

-Aunque consiguieras llevártelo, y convertir Londres en runas ¿Qué ganarías? –Exigió Dumplephar.- Serías condenada de forma perpetua en Azkaban, y tendrías a todo el ministerio tras de ti. – El Director le hizo un gesto con la mano para que le dejara acabar, y Glothery de una forma que no comprendió, le dejó- Tus padres fueron unos excelentes magos, hubo una injusticia, una traición en el ministerio, y fueron condenados por herejía, lo sé. Los que pecaron están muertos, o en prisión. Los inocentes, muggles, que quemaron a tus padres, no tuvieron la culpa.

Glothery no tuvo más paciencia, no había llegado tan lejos para pensar si lo que hacía estaba bien o mal. Había decidido.

Sin pensárselo dos veces, dio un salto hacia atrás y usó su anillo para convocar la criatura que encerraba en él. Sabía que tendría que usarla tarde o temprano, así que creyó que ése era el mejor momento, para confundir a sus rivales.

La criatura no ataco inmediatamente, primero analizó a sus rivales. Estaba ligada al anillo, por lo que no podía ver ni percibir a Glothery. Poseía unas grandes alas astadas de murciélago, una enorme cola de escorpión, un cuerpo de tigre, y un rostro a medio camino del infierno y el abismo… plagado de colmillos y púas afiladas que se desprendían de su lengua. Era una Mantícora.

El Profesor Felt lanzó un conjuro de fuego hacia la criatura, pero ésta lo detuvo con una de sus grandes alas, y a continuación, se abalanzó sobre su rival. El otro maestro fue en su auxilio, Dumplephar se concentró en Glothery, que sabía que sus poderes oscuros la habrían convertido en una rival a tener en cuenta en conjuros de ataque.

Alumna y Maestro permanecieron unos segundos mirándose fijamente, ignorando los conjuros de fuego y hielo que lanzaban los maestros contra la Mantícora, que les intentaba ensartar con su aguijón, y les lanzaba púas venenosas de sus fauces. Hasta que Glothery atacó.

-¡Crucio! –Pronunció Glothery, y preparó su anillo…

-¡Speculum! –Dijo Dumblephar, usando un poderoso conjuro de deflección

El conjuro de tortura fue devuelto a Glothery, quien cayó al suelo soltándo su varita y retorciéndose de dolor. Dumblephar estaba usando el conjuro en su contra, le dolía ver sufrir a su alumna, pero debía mantenerla así hasta que los maestros no terminaran con la Mantícora.

La criatura fue atravesada en una de sus piernas por un conjuro que convertía la piedra en lanzas que salían del suelo, a continuación, el otro maestro se lanzó de forma heroica encima de la criatura, y le clavó su propio aguijón. Aunque le costó caro, pues le dio con una de sus zarpas en el vientre y le provocó una gran herida.

Por suerte el otro maestro llevaba una pócima de curación, y mientras la criatura se demolía a sí misma por su propio veneno, curó las heridas de su compañero. Mientras, Glohery aguantaba el dolor, mientras se retorcía por los suelos gritando y maldiciendo, y agarraba con gran empeño su varita, aunque sin poder hacer ningún hechizo a causa del dolor.

Los dos maestros fijaron su vista ya en la hechicera moribunda.

Ese fue su error.

Glothery se levantó de golpe y un gran destello de luz verde surgió de su anillo… los dos profesores quedaron inmediatamente petrificados. Sin embargo Dumbledore había cerrado los ojos a tiempo, sólo al ver levantar la mano de su ex-alumna.

-Has usado un conjuro de Disipación, ya veo. –Reflexionaba Dumblephar, mientras veía levantar con una sonrisa a Glothery- Debió costarte muy caro ese anillo.

-No sabes cuánto…, anciano. Y ahora que me he desecho de esos dos, podemos luchar con tranquilidad. Nadie más sabe la localización de esta cámara salvo mis compañeros, que ya estarán viniendo a ayudarme. Estás acabado.

-Es posible, pero poco probable. Has fingido bien, y has hecho una buena jugada. Y has tenido suerte que el anillo no haya fallado, pues ya deberías saber que la mayoría de los objetos mágicos que contienen conjuros de alto nivel, suelen fallar con más frecuencia.

Glothery estaba harta de tanta cháchara, así que usó una combinación de ataque que había pensado desde el primer momento del combate. Colocó el anillo en frente de Dumplephar, y hizo el último destello verde para petrificarle.
El director y gran mago de Hogwarts cerró los ojos. Glothery usó su varita.

-¡Avadra Kadavra! –Pronunció, y un rayo púrpura se desprendió de su varita, directo a matar al Director. –¡Muere!

Pero Keneth Dumblephar, no se dejaría vencer así como así. Alzó su varita inclusive con los ojos cerrados…

-¡Speculum maximum! – Pronunció con severidad, y un rayo azul salió directo al encuentro del púrpura.

Los dos rayos se cruzaron en un combate entre luz y tinieblas. Dumblebhar abrió los ojos mientras contemplaba a Glothery con la mirada temerosa, había mejorado mucho, era poderosa. Pero el mago de Hogwarts estaba muy por encima de su nivel.

El rayo azul iba ganando rápidamente terreno al púrpura, el conjuro mortal se acercaba a Glothery, que empezaba a ver su muerte. Ya estaba cerca, casi en sus manos…

-¡Expelliarmus!

La varita de Dumplephar voló por los aires. El conjuro de Glothery acabó por explosionar, y ésta fue lanzada contra el suelo. Ambos miraron hacia su costado…

-Ya basta.

Glothery abrió mucho los ojos.

-¡Shavkan! –Dijo- ¡Por qué has tardado tanto?

-Lo siento, he tenido algunos percances…

Dumblephar se levantó y con un anillo te telequinesia recuperó su varita. Tras lo cual apuntó a Glothery, y dijo a Shavkan.

-Los aurores estarán de camino, no saldréis de aquí, y mucho menos con el orbe.

El joven mago devolvió con un gesto de varita la propia de su compañera, y ambos se armaron contra el director, que les permitió ponerse en guardia, aunque fuera por cortesía. Shavkan no tenía rostro de querer luchar contra él. Glothery en cambio, parecía decidida a matarle.

-Shavkan, sé que no eres como ella, que no quieres hacer esto, aún estás a tiempo de corregir tu error. Las culpas serán para Glothery y la otra, y quedarás libre de cargos, nadie sabe que estás en esto. –Propuso Dumblephar.

-Lo siento, maestro. En Gryffindor me enseñaron a poner mis ideales y mi corazón por delante de la justicia, y al parecer, lo han conseguido. –Dijo el hechicero, girando la cabeza hacia Glothery.- Cuando hay un por qué vivir, no importa el cómo.

La hechicera no supo qué decir, le miró con ojos curiosos, pero a la vez conocedores de lo que ocurría. Ella sabía que Shavkan la amaba, sabía que había ido con ella por eso, no por el poder ni por la maldad, sino por el amor.

Glothery recordó los felices momentos de cuando eran amigos en el último curso de la escuela de hechicería avanzada. Ambos se enamoraron, pero entonces ella descubrió lo que realmente había ocurrido con sus padres. El mundo cambió para ella, su visión y concepción, decidió hacer justicia y buscar una forma de arrasar con la ciudad que se había deleitado ver a sus padres arder. En cierto modo, era un cometido que siempre había llevado con ella, como un estigma que permanecía en la sombra de su ser, hasta que la verdad lo desveló.

Glothery se olvidó del amor, pero no Shavkan. Éste intentó convencerla de que no conseguiría nada, de que el dolor seguiría después de su venganza, pero ella no le hizo caso. Shavkan no tuvo corazón para enfrentarse a ella, ni tampoco para irse de su vida sin más, así que juró ayudarla en su venganza, aún a riesgo de su vida. Ella lo aceptó de buen grado, pero él nunca pensó que aquello pudiera llegar tan lejos.

-Lo siento, Shavkan, pero uno no elije su pasado. –Dijo, arrepentida de adónde había llevado a su amigo por culpa de su devoción.

-Pero sí decidimos qué hacer con nuestro futuro, y sé que no es este el que quieres.- Dijo Shavkan, bajando la varita y lanzándola al suelo.- Si de verdad quieres más que nada hacer justicia y convertir Londres en el infierno, también podrás matarme.

-¿Pero qué Diablos dices! ¡Coge tu varita! ¡Ya casi lo hemos conseguido! –Exigía ella, pero Shavkan no hacía movimiento alguno, sólo la miraba fijamente, con ojos llorosos.

-No te conviertas en lo que antaño juraste destruir, pero si lo haces, no quiero estar para verlo, mátame, o lo haré yo mismo. –Dijo él, en tono convencido.

-¡Maldito seas! ¡Maldito seas! –Dijo, lanzándose sobre él en un abrazo de lágrimas y sollozos. – Perdóname… sácame de aquí, por favor… sácame de aquí.

Dumblephar no pudo hacer más que sonreír, mucha gente había muerto por culpa de Glothery, gente inocente. Pero él también había sido alumno de Gryffindor.

-Marchaos de aquí, y dedicad el resto de vuestras vidas, a salvar la de los demás. Esa es la única forma viable para arrepentiros de lo que habéis hecho.

-No… no puedo vivir con esta carga. – Decía Glothery en sollozos.- Te quiero Shavkan, pero no te merezco. Avadra kad…

Con un fuerte golpe en la nuca, Shakvan dejó inconsciente a su amada, que iba a suicidarse.

-Gracias, Dumblephar.

-Confiamos en ti, Shavkan, te llevas un ángel caído. Devuélvele las alas.


Shavkan convirtió a la inconsciente Glothery en un pequeño hurón, usando un conjuro de transformación. Luego adoptó su forma animaga de halcón, y se la llevó.

Dumblephar abrió un portal directo hacia su despacho, que conectaba con todo Hogwarts usando un conjuro específico que sólo él sabía, y por una de las ventanas, Shavkan y Glothery escaparon… con una nueva pluma y pergamino, dispuestos a reescribir su destino.
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(O.o)

/)__) David Diggory
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ulrich Black Nicolich
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Registrado: 27 Oct 2014 22:00

Mensajepor ulrich Black Nicolich » 26 Nov 2014 21:54

(( hola hermano ...como estas?Cho...lo sabe...

exacto

(hola saludo yo Cho.. dsde la pc de Uurlich Black nicolich...
yo saludando también; SERGIO -URLICH NIOLICH OKUS)
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