Noches de Luna Oscura... La tercera Vida

[i:] La metrópoli del foro, crea un fic! Busca gente para realizar alguna actividad o montar una empresa ó simplemente haz lo que te apetezca hacer y compartir con el resto de compañeros [/i:]
Natalia Flamel

Mensajepor Natalia Flamel » 07 Feb 2007 15:54

Hey!!! si habia una fanática de este fic, yo estaba entre ellas! :supergrin:

Hola Elarita!! como estas?? que bueno que lo montaste aqui, no lo había visto!! voy a aprovechar para releerlo!! ^^

Este fic es muy muy bueno!! LEANLO!!

((Por cierto, Cris volvió al foro de Fics ^^ no he visto si te has pasado pero te envié un mail))

Besos Elarita! cuidate!!
Elara Dumbledore
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Mensajepor Elara Dumbledore » 07 Feb 2007 16:41

Marie descorrió las cortinas y un maravilloso Sol le dio en la cara, su cuerpo estaba cansado, parecía que los músculos se desperezaban por si solos.
-Bonjour, Antoinnette- habló la sirvienta mientras le veía desperezarse entre las sábanas- estás muy dormilona hoy.
-A decir verdad- contestó con la voz suave de un eterno sueño- pareciera que dormí en los brazos de un ángel- contestó riendo para sus adentros- ¿Han enviado la respuesta?- preguntó sabiendo que Alexandros no la enviaría, mas necesitaba fingir.
-Nadie, salvo el propio Robrigo Sanmarco que vino a hablar con tu hermana menor.
-¿Lorenne?- preguntó mientras se acomodaba para recibir la bandeja del desayuno, aun así, notó que estaba desnuda.
-¿Tenías calor?- preguntó Marie mientras le entregaba una bata de seda.
-La noche estuvo.... algo extraña... no pude dormir.
-Algo así me dijo Josephinne en la mañana, parecía muy intrigada- Marie sonrió al ver la avidez con que comía- me parece que tiene miedo a que te acerques mucho al Marques de Viena.
-¿por qué lo dices?
-¡¡ay, niña!!- resopló la anciana al tiempo que acomodaba la ropa mientras la muchacha desayunaba- porque él es muy creyente... eso te pasa por no escuchar lo que sucede a tu alrededor, los sirvientes que envió Josephinne a enviar las invitaciones le dijeron que era un devoto cristiano, un hombre de Dios, que al parecer, no entrará al Monasterio de la Orden de los Franciscanos por órdenes de su padre...
-Y eso, ¿qué tiene que ver conmigo?- preguntó la muchacha.
-Mi niña- se acercó la sirvienta mientras le acomodaba el cabello- si hay algo que no tienen sus hermanas, es aquella fe en nuestro señor, algo que nadie ha podido lograr sentir en toda la ciudad, y eso es muy atractivo, te lo aseguro.
-Bueno, yo no quiero tener nada que ver con alguien a quien no conozco...
-¿y sí conoces a ese Alexandros?- preguntó Marie mas interesada
-Bueno...- un leve sonrojo le entintó las mejillas pálidas y lívidas de la muchacha- te agradará, te lo aseguro.
-Pues bien, vaya pronto al baño, mire que pronto vendrá la modista a terminar el vestido, y su madre quiere que prepares algo en el piano, para dar la bienvenida a los invitados.


-Antoinette estaba con alguien anoche, te lo doy por firmado- se escuchó la voz de Josephinne por sobre el repique de las campanas de la catedral- ¡¡yo misma la escuché!!- el tono aterciopelado pareció rasgarle las cuerdas vocales.
-No lo creo- sentenció su madre mientras la miraba con severidad- tu hermana no es así, ni yo misma entiendo que es lo que pasa por su mente cuando reza... pareciera que su fe lo es todo...
-¡¡Pero yo la escuché!!!
-¡¡Josephinne!!- se escuchó la voz fuerte y resonante de su padre, Emil Toulousse du Lancre apareció tras la puerta que estaban arreglando con flores dos empleadas- tu hermana no es así, eso es una blasfemia que ni el mismo Dios sería capaz de perdonar.
-Lo mismo le dije yo- sentenció la madre sin dar crédito a lo que decía su hija- no tienes porqué preocuparte de Antoinnette, tu recibirás al hijo del Marques como se tenía presupuestado- dijo sin más- y tú, Lorenne- se volteó para mirar a la menor de sus hijas- tendrás que recibir a los hermanos Sanmarco, por tu falta, aunque no han dado noticias de que ese tal Alexandros venga a la noche...
-Vendrá- Marie entró a la habitación saludando a Emil con cautela y respeto- la misma Antoinnette me lo acaba de decir
-Entonces será como acaba de decir vuestra madre- sentenció el padre con altanería- vayan a arreglarse- Emil miró a sus dos hijas con desapruebo y volvió su atención a Marie- ¿Cómo se encuentra Antoin?
-Muy bien- contestó la sirvienta inspeccionando el trabajo de los demás empleados- con un apetito sorprendente.
-Muy bien- sonrió con gusto Monsieur Toulousse- se sanará ponto, y podrá ir sin problemas a la abadía de Montglande…
-Cariño- habló Cecile Mirelle de Toulousse et Saint Vincent- ¿aun insistes en esa idea?
-Es lo que siempre he soñado- contestó con esa sonrisa cariñosa, a su lado, Madame Toulousse parecía una piedra fría y estática- me encanta como ve el mundo Antoin, es como si su fe pintara todo de colores, a ella no le interesan estas cosas, Cecile, su corazón siempre está donde nuestro señor quiso que estuviéramos todos, es un ángel, así de simple...
Ceccile de Toulousse no dijo nada, solo asintió a lo que su esposo disponía, mas no la convencía la idea, por más que supiera que no hubiera otro lugar para su hija más que el monasterio de Montglande, no se sentía a gusto por los constantes cuestionamientos de su hija a su forma de vida.
LOST PARADISE: La Última Tentación
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Noches de Luna Oscura... La tercera Vida
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Edna
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Mensajepor Edna » 07 Feb 2007 19:58

ah! xD se me habia perdido! continuaaa! ^^
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Marie Potter
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Mensajepor Marie Potter » 07 Feb 2007 20:10

besitos :kissar4:
arriba :angel:
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_AS_
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Gracias AS :*


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Lena_Lacroix
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Mensajepor Lena_Lacroix » 08 Feb 2007 02:48

holaa elara k weno k ya regresaste ^^

me gusto mucho n.n, su hermana mayor cmo k sta algo loka no?, ella meter a alguien a su habitacion :rolleyes: jejeje

sigue!!
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_Japiera_
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Crítica de tus FFs aquí - Entrega Pedido

Mensajepor _Japiera_ » 26 Feb 2007 15:50

[center]
Críticas de tus FFs aquí
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Al señor o señorita Elara Dumbledore, Se le informa que la crítica de su FF Noches de Luna Oscura… La tercera Vida Se ha realizado con éxito. Para acceder a ella y dejarnos su opinión, basta acceder al siguiente link
[center]
http://www.forosharrypotter.com/viewtop ... c&&start=0
[P??GINA 23]
[/center]

Lo/a estaremos esperando. Regrese cuando quiera, pues nosotras estamos para servirle

Atte.

Japiera Weasley Lovegood
Mariana Splendor
Ana Lovegood Makarios



P.D: Sentimos el retraso de la publicación. Esta crítica estaba echa ya hace bastante tiempo, por lo cual solo se apega a lo leido y esperamos no se distancia mucho de lo colgado después de uff... tantas páginas nuevas que hay desde la leida oficial.
Las cosas no se dicen,se hacen,
porque al hacerlas se dicen solas

- Woody Allen
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Mensajepor Elara Dumbledore » 27 Jun 2007 17:12

uooooooooooops!!




lamento la demora, aca dejo algo mas del fic
=P


Lorene se acercó a su hermana rodeada de esa claridad que parecía que la luz saliera de ella misma, parecía entretenida con lo que había dicho su hermana mayor.
-¿Verdaderamente crees que Antoinnette haya tenido a alguien dentro de su habitación, anoche?- preguntó muy interesada- ¡¡pero eso es terrible!!- y sonrió como no creyéndolo.
-Eso es lo que escuché- contestó, Josephinne- se que había alguien mas, aunque no creo que haya estado haciendo lo que piensas- la miró con desapruebo- no deberías hablar tanto con las sirvientas... eso sí que no lo creo, ¡¡y menos de nuestra querida Antoinnette!!!
Lorene sonrió con picardía, parecía extraño que alguien dejara entrar a otra persona a sus habitaciones y no hicieran anda... a menos que fuera una mujer...
-bueno, ¡¡ver para creer!!- exclamó la mas pequeña- yo iré a arreglarme, apenas tenemos dos horas y no tengo bien decidido como quiero vestirme... y tu piensa mejor lo que digas de nuestra hermana...
-¿Por que lo dices?- preguntó, Josephinne
-Porque si pasa algo, nuestro padre la mandaría apresuradamente a Montglande en Francia!!... y eso no me conviene...
-¿lo dices por Robrigo Sanmarco?
-Así es- y se fue con una sonrisa enigmática, como queriendo esconder muchas cosas que de un momento a otro se le habían ido formando en la cabeza.

La casa parecía iluminada por todas partes, tenía resplandor por doquier, sencillamente, esa noche, la Familia Toulousse du Lacre et Saint Vincent estaba en la puerta, dispuesta a recibir a los invitados. Los esposos Toulousse iban vestidos con trajes de terciopelo azul rey con toques dorado de hilos que parecían de oro, Madame Cecile mantenía sus ojos clavados en cada uno de los rostros que llegaba en carruajes todos elegantes y dispuestos a una maravillosa velada. Sin embargo estaba más atenta a la llegada del invitado de Antoinnette, parecía que toda la casa esperaba al extraño amigo de la muchacha.
Sin embargo, Antoinnette sabía que no llegaría, puesto que el sol apenas estaba cayendo hacia el mar, en unos minutos no quedaría más que una franja líquida y transparente en el horizonte.
-¿No llegará tu amigo?- preguntó Lorenne al tiempo que del carruaje que estaba frente a la casa bajaban el Marques de Nápoles y sus dos hijos, vestidos los tres de los colores verde y rojo que hacían buen juego con su piel morena y tostada que los mantenía como hombres fuertes y sanos. Faustino y Robrigo se acercaron a las dos hermanas menores de la familia para saludarlas mostrando su favoritismo.
-Claro que vendrá- contestó Antoinnette antes de que la escucharan.
La ciudad entera estaba revolucionada por la fiesta de honor al Marqués de Viena.
Alexandros podía sentir en el ambiente cómo todos los ciudadanos estaban jubilosos de tanto glamour desbordado para tal celebración. Por otro lado, la familia Toulousse du Lancre et Saint Vincent, a pesar de ser extranjeros, eran muy respetados. Esto sería todo un acontecimiento.
El vampiro se arregló la gorguera y la chaqueta de seda púrpura que usaría aquella noche, pronto saldría de su refugio, en los sembradíos cercanos a la ciudad, en la desembocadura del río hacia el mar... casi en el desfiladero del faro abandonado, un lugar impenetrable, y perfectamente solitario, desde ese punto podía ver completamente cuando el sol se marchaba de Italia dejando la ciudad a su merced, la misma oscuridad que le había regalado un ángel... Aquella oscuridad que le decía que el precio que tenía que pagar por él era demasiado alto...
-Estás muy guapo, Alexandros- se escuchó la voz muy conocida de Mariselle- he venido por tu sangre... y veo que vas marchando a... ¿Una fiesta?- Mariselle sonrió por el comportamiento de aquel muchacho, tal vez nunca aprendiera
-Toma la cruz y vete...
-¡¡Pero, Alexandros!!!- gritó la vampiresa mientras reía-¿¿Iremos a bailar esta noche???
-Tú no... No creo que le gustara a la matriarca que salieras por ahí, menos de noche.
-¡bah!- Mariselle tomó la cruz con un movimiento rápido, parecía fastidiada- sólo te digo una cosa; no saldrás intacto de esta... ¡¡De esta si que no!!!...
-¿Algo más que decir?- preguntó el vampiro al tiempo que se volteaba para verla a los ojos violáceos.
Estaba guapo, realmente guapo, el púrpura hacía perfecto juego con sus ojos, parecía un ánima en pena, hermosa, intacta y pétrea.... ante todo frío, pero deseable.
-La matriarca dijo que quería hablar contigo... tendrás que ir a la campiña, en Francia- Mariselle se volteó ofuscada por sus pensamientos y se fue volando por la ventana del faro. Alexandros sonrió, ahora venía una noche entera de fiesta.

Cecile sonrió ante el último invitado, parecía que había estado esperando este momento, puesto que de la calle que daba de frente a la puerta de los Toulousse, aparecía el carruaje verde oscuro y plateado del Marqués de Vienna. Josephinne abrió mucho sus ojos y sonrió, parecía nerviosa, pero ante todo, seguía con esa belleza que tanto incomodaba a su hermana menor. Lorenne, al lado de Antoinette, dio unos saltitos de entusiasmo, pero paró en el momento en que su madre la miraba advirtiéndole que se calmara. Los ojos miel de Josephinne centellearon cuando el hijo y el Marqués salieron del carruaje. Verdaderamente el muchacho, que ya era todo un hombre, era muy guapo, de cabello negro azabache, ojos aceitunas y piel macerada por la instrucción militar. A Antoinette no le pareció ver un hombre devoto, aun cuando en sus ojos había una especie de luz que le daba una imagen de hombre bondadoso.
-Bonuit, Monsieur Angelinni.
-Bonuit, Monsieur Toulousse- habló el Marqués con un acento maravilloso, pareciera que hablaba muchos idiomas, y el Francés se le daba bien- veo que hemos llegado de los últimos...
-Los estábamos esperando a ustedes, así que no se preocupe, después de todo, esta recepción es para ustedes- contestó Emil Toulousse, tomando a Madame Cecile para presentarla- ella es mi esposa, Madame Cecile Toulousse du Saint Vincent
-Enchanté, Madame- El Marqués se inclinó y besó la mano de Cecile- me habían hablado de usted, pero nunca mencionaron su belleza... aunque en Francia muchas veces me contaron de Cecile Saint Vincent, pero nunca pensé que me la encontraría acá...
-Es usted muy halagador, Monsieur Angelinni...
-Bueno, este es mi hijo Santino Angelinni- el muchacho, de no más de 20 años, se acercó con expresión calmada a saludar a la señora Toulousse. Josephinne lo miró como estudiándolo, sin duda alguna había decidido que era un muy buen trofeo.
-Ellas son mis hijas, Josephinne Anette; Antoinette Catherinne y Lorenne Sofie- Josephinne se adelantó en un gesto muy estudiado, certero y elegante, parecía dispuesta a hacer todo para que la atención del muchacho se centrara en ella.
Sin embargo, Santino se acercó, le beso la mano y se retiró sin ningún gesto que le hiciera ver algún interés.
Luego se acercó a Antoinette, pareció que no la había visto, luego Lorenne y finalmente volvió al lado de su padre que conversaba con los señores Toulousse.
-¿Entramos?- preguntó Madame Cecile al tiempo que hacía entrar a los últimos invitados, pareciera que no llegaría alguien más, y Alexandros no daba muestras de querer llegar.
-Aun falta mi invitado, Madre- habló Antoinette con algo de congojo en la voz.
Por primera vez, Santino Angelinni la miró a los ojos. Parecía que hubiera reconocido algo muy valioso en ella.
Todos miraron a la calle vacía. Muy a lo lejos un carruaje se escuchaba.
-Parece que no llegó, Antoinette- habló Lorenne muy emocionada, su cabello rubio le caía en rizos perfectos y sus ojos claros brillaban como destellando luz propia- Robrigo puede hacerte compañía…
-Pero dijo que vendría...
-no llegó- volvió a hablarle, Lorene, por lo bajo, no quería que Madame Toulousse la escuchara.
Sin embargo, el carruaje se fue acercando sin apremio, el trote rítmico del caballo contra las piedras de la calle anunciaban que el último invitado se acercaba sin denotar apuro.
Un carruaje negro con tonos dorados en sus bordes paró ante la calle que daba a la puerta directa de la casa, un chaperón saltó desde atrás y abrió la puerta, desde adentró, Alexandros salió envuelto en una capa de viaje púrpura profundo y bordados plateados. Su rostro pálido y liso, además de joven y hermoso miró hacia lo alto de la escalera de entrada, sus ojos violetas miraron a la familia completa.
Al subir la escalera notaron que traía algo guardado bajo su capa.
-buona notte, signori, signora, signiorinnas- inclinó su cabeza dejando ver su estatura, sus hombros anchos y su cuerpo atlético- Lamento la tardanza...
-Disculpe... ¿¿Usted es??- se atrevió a preguntar Emil Toulouse.
-Alexandros Viscontti, signor- se presentó. Antoinette pudo notar como sus hermanas lo miraban con incredulidad, pareciera que fuera imposible que un hombre tan exquisitamente mundano, pudiera ser amigo de Antoinette- un presente para los señores, de mi campiña- de debajo de la capa saco una botella de vino dulce, desde el centro mismo de Italia- por el retraso, no quisiera pasar por descortés.
-Claro- Emil tomó la botella aun confundido, parecía contrariado.
-¿Pasamos?- la única que parecía complacida, además de la misma Antoinette, era Cecile. Había visto en Alexandros la manera de hacer que su hija se quedara en Italia- la fiesta ya debe comenzar.
Santino asintió, mientras entraba, notó como Antoinette miraba a Alexandros, había oído de la devoción de la muchacha, y lo que menos esperaba era haberla encontrado con un hombre como lo era el tipo que había llegado en carruaje. Parecía arrogante, como si supiera mas de lo que el resto... "la arrogancia es a la vanidad, por eso es pecado" recordó al tomar el brazo de Josephinne que mantenía su posición de dama.
Aquellas fiestas le aburrían.
-Creí que no llegarías- le habló Antoinette al oído- me preocupé.
Alexandros la miró y le sonrió, parecía complacido por aquel momento de tal normalidad, era una pareja de amigos que asistían a una fiesta... nada del otro mundo, ambos resplandecían, era una maravilla, sin duda alguna.
-No quise dejarte sola en esta guarida de lobos- contestó al tiempo que entraban al salón.
LOST PARADISE: La Última Tentación

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Lena_Lacroix
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Mensajepor Lena_Lacroix » 30 Jun 2007 07:04

holaa!!
pense ke ya no llegaba jejeje :angel:
pra ke se le kite a su hermana jojo :tongue2:
sigue pronto!!
:trippy: :trippy: :trippy:
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Marie Potter
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Mensajepor Marie Potter » 06 Jul 2007 01:39

y que hace tan abajo? ¬¬'
[center]




_AS_
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Gracias AS :*




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o0_yawe_0o
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Mensajepor o0_yawe_0o » 14 Sep 2007 02:11

elara!!! q fantastico encontrar un fic conocido aqui!!! lo q me extraña es q este tan abajo, pero eso se puede arreglar :tongue2: :tongue2:
Elara Dumbledore
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Mensajepor Elara Dumbledore » 14 Dic 2010 00:30

muchos siglos sin aparecerme!!! pero dejo acá un buen trozo de la historia! hacía mil uq eno escribía acá!
muchos cariños... siguen viniendo por acá?


Lorenne se acercó a Faustino Sanmarco y le tomó el brazo, pareciera que no daba crédito a sus ojos, Robrigo miraba a Alexandros desconcertado, nunca imaginó encontrarse con la paloma blanca, que era Antoinette, con un tipo como parecía Alexandros. El vampiro miró a todas direcciones sin mostrarse preocupado, con una seguridad única.
-¿Nos sentamos?- preguntó, Madame Toulouse, al tiempo que se dirigía a la mesa redonda con mantel blanco y adornada con flores, en ella se sentaría toda la familia Toulousse du Lancre et Saint Vincent mas sus invitados; Los Marqueses de Vienna y Nápoles con sus hijos, además de aquel misterioso hombre amigo de Antoinette.
El vampiro se adelantó y tomó la silla de la muchacha, parecía un hombre muy caballeroso- y eso agradó aun más a Madame Toulousse- y todos los invitados dieron su visto bueno al hombre que intentaba conquistar a la mujer más devota de toda la ciudad, al ángel de la guarda de la Catedral.
-¿No tienes hambre?- preguntó Antoinette para que los demás no entendieran.
-Más rato me alimentaré, Gracias- contestó sonriendo mientras recibía del criado una copa de vino tinto, el reloj marcó las nueve y media de la noche.
La fiesta había comenzado.

Santinno Angelinni no puso atención a lo que Josephinne le hablaba, mantenía en su rostro la impenetrable rigidez de quien no quiere disfrutar de algo.
-¿se encuentra usted bien?- se atrevió a preguntar, Josephinne. Se sentía incómoda ante tanta perorata- ¿no desea estar acá?
-No, signorinna, es solo que pensaba en su hermana- La vista de Josephinne se fijó en su hermana que hablaba animadamente con Alexandros y su madre- me habían dicho que era una mujer de fe, pero mire como está...
-Es una mujer de mucha fe, señor- escuchó la voz de Emil Toulousse- sólo que ahora se divierte, pronto partirá a la Abadía de Montglande...
Repentinamente Robrigo Sanmarco dejó su conversación con Lorenne y puso toda su atención en lo que decía Monsieur Toulousse, no sabía que la muchacha se marchaba de Italia, y menos para entrar a un monasterio...
-¿Y entrará a tomar los votos?
-No- contestó el padre de Antoinette- pero estoy seguro que lo hará. Mi esposa se opone a ello, no entiende los designios de nuestro señor...
-¿Y viajará muy pronto?- preguntó Santino-... lo digo porque tengo pensado hacer un viaje a Francia antes de tomar mi puesto en las oficinas de mi padre en Vienna... Así su hija podría viajar con toda seguridad en mi expedición.
Josephinne miró a su padre enojada, sin habérselo propuesto, Antoinette ya le quitaba la compañía de Santinno.
-Creo que eso lo hablaré con ella, después de todo, no será bien visto que llegue a una Abadía en compañía de la expedición de un hombre como usted, Santinno.
-Lo entiendo, signore- contestó tomando de su copa, parecía más interesado en la fiesta- pero me encantará hablar con ella sobre la Santa Biblia...

Alexandros y Antoinette esperaban en el centro del salón a que los músicos comenzaran con el baile, todos los invitados comenzaban a pasar desde los comedores a la pista de baile magníficamente iluminada, todos estaban impresionados del cambio de aquel ángel que era Antoinette, supuestamente tan silenciosa y delicada, incapaz de conocer y hablar con un hombre tan maravilloso como aquel de ojos extrañamente violetas y de una atracción inhumana.
Santinno los observaba desde la puerta con Josephinne a su lado, sus ojos color miel parecían destellar brillos rojizos de tanta envidia... Lorenne notó la insistencia de Santinno en mirar a Antoinette que verdaderamente parecía destellar en una nube magnifica de luz propia, y coómo mantenía a Josephinne, la mujer más bella de toda la ciudad como si llevara una bolsa en su brazo.
-¿Podría conversar con mi hermana un momento?- preguntó la muchacha mostrando sus ojos claros cargados de información. Santinno asintió sin mirarla de verdad y se marchoó al centro de la pista a conversar con la pareja de la noche como muchos invitados habían hablado.
-¿Eso es lo que querías?- preguntó la mayor de las hermanas mirando coómo el hijo del Marqués de Vienna se acercaba a conversar con Antoinette- ahora está con ella...
-nada de eso- contestó Lorenne mientras sonreía la gente que pasaba- ella está deslumbrada con aquel Alexandros Viscontti... muy extraño, ¿no?
-¿Por qué lo dices?- preguntó la hermana mayor notando a donde quería llegar.
-Seuor ¿no lo has notado?... ellos sin duda alguna sienten una muy extraña atracción, pero es como si no pudieran estar juntos, si crees como Meme que él la podrá mantener lejos de Montglande, y en tu caso, de Santinno Angelinni, estás equivocada...
-Acá solo veo que tú sales perdiendo- notó Josephinne al tiempo que su mirada pasaba de Alexandros que miraba con cara de aburrido a Santinno y Robrigo Sanmarco, al otro extremo del salón- si Antoinette no se casa con Robrigo él no se casará con nadie, y tú no podrás ni acercarte a Faustino...
-ya te lo dije, no conviene que Antoinette esté con aquel Alexandros, ni siquiera para ti, él no evitará que ella se marche a Francia y sea Santinno Angelinni quien la lleve, y tú saldrás perdiendo ahí, te lo aseguro.
Lorenne saludó en una corta venia y se marchó a donde Faustino Sanmarco la esperaba, Josephinne miró al lugar donde Antoinette y Santinno conversaban muy felices, Alexandros miró a Josephinne y notó en su caminar aroma a traición, delicado y picante, entremezclado con el perfume de su cuerpo, nada lo podía confundir, aquella muchacha, a pesar de su belleza irreal, escondía algo que era más peligroso que la propia existencia, entonces sintió otro aroma, era Lorenne que se acercaba con Faustino, algo tramaban las dos, y Antoinette ni se lo imaginaba.
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Mensajepor Elara Dumbledore » 06 Feb 2014 14:23

Tras dos mujeres que hablaban animadas de la presencia de aquel hombre que parecía una aparición, Mariselle observaba todo lo que sucedía como estudiando las posibilidades que tenía de alejar a Alexandros de aquella muchacha. Mariselle las miró extrañada, había tenido que ver la matriarca en persona antes de poder venir a saber lo que sucedía, y sonreía, como todo el mundo preguntaba quien era él. Cómo era posible que saliera con Antoinette, la más pura y católica de los Toulousse, un ángel.
-"un ángel"- repitió para ella y sonrió... la pena por robarse a los ángeles era muy alta, y eso Alexandros lo sabia.
-¿Está sola, Signiorinna?- habló una voz rasposa y evidentemente elegante. Por la pronunciación, Mariselle notó que era un hombre de bastas experiencias.
-Claro que sí- asintió Mariselle mostrando sus ojos violetas de un intenso brillo glacial, tenía un vestido del mismo tono de sus ojos con bordados dorados y su cabello plateado en perfectos bucles.
-¿Desea bailar esta pieza conmigo?- preguntó Robrigo Sanmarco al notar que la mujer parecía interesada en él.
-Claro.
Los músicos estaban preparados para comenzar a tocar, todo el mundo tomó posiciones en el salón y comenzaron a esperar la primera nota del vals. Lentamente, de los instrumentos, la melodía fue surgiendo como himno hipnotizante.
Todos comenzaron a moverse.
-muchas gracias por venir, de verdad- habló Antoinette sonriendo mientras Alexandros la observaba extasiado- pensé que me dejarías plantada...
-Claro que no- contestó el vampiro mientras giraba con ella en sus brazos- es solo que me demoré, tengo que hacer otras cosas...
-¿Es por la mujer que se apareció la otra noche?- se atrevió a preguntar. Desde que Mariselle se había aparecido en la habitación que notaba a Alexandros mucho más extraño y meditabundo.
-Es que debo dar explicaciones, Antoinette- le habló mirando a Josephinne que los observaba interesada- no estoy solo en este mundo... aun cuando lo parezca.
-¿Es la matriarca?- preguntó sin siquiera saber bien lo que ello significaba- escuché a esa mujer que lo decía…
-Ainsi est- asintió mientras se perdía en los ojos firmes y sinceros de la muchacha- creo que esta noche ha venido hasta acá...
Antoinette se sobresaltó un poco, era extraño que se lo dijera de manera tan directa... uno de ellos en plena fiesta era arriesgado, pero dos era casi imposible.
-¿Est ici?- preguntó mirando por sobre el hombro, había demasiadas personas, muchas de las cuales ni ella misma conocía- ¿Cómo lo sabes?
-Porque lo siento- contestó, aquel aroma frío, a muerte dulce, que flotaba en cada una de las visitas de Mariselle se encontraba ahí, muy imperceptiblemente, en aquel salón lleno de personas, un aroma maldito, sin duda alguna, pero atrayente -pero ha venido a conocerte, no te preocupes, no creo que haga algo, menos con tanta gente
Una vuelta mas en el vals melodioso, detrás de una pareja de novios, vecinos de la familia Toulousse, apareció Robrigo llevando al compás de la música, a Mariselle, perfectamente vestida en terciopelo del mismo tono de sus ojos violáceos, con su cabello dorado pálido en un moño con bucles bien definidos.
Robrigo Sanmarco lo miraba con odio, al parecer no le gustaba que se acercara tanto a Antoinette.
"Humanos previsibles" pensó Alexandros, Antoinette no se daba por enterada de lo que sucedía a su alrededor, nunca le habían importado ni las grandes fiestas ni la manera en como se daban las relaciones en ellas. Sin embargo, Alexandros sabía que no había sido bienvenido por sus hermanas, algo le decía que tendrían que tener cuidado con ellas, sobretodo con la magnifica Josephinne... ¿Era posible que un ángel así, estuviera bajo el mismo techo a un demonio como lo parecía ser Josephinne?
-¿Qué piensas?- preguntó la muchacha notando el prolongado silencio de Alexandros.
-¿Sabes qué son los ángeles?- preguntó, al tiempo que daba otra vuelta.
-Bueno, mensajeros de Dios, son mensajeros enviados a la tierra para comunicar alguna buena nueva a los creyentes... ¿Por qué lo preguntas?
-Porque para nosotros, los ángeles son personas como tú... tengo que contarte sobre mi segunda vida...
-¿A que te refieres?- Antoinette se alejó, algunos notaron que la pareja paraba de bailar, sin embargo la fiesta continuó- estás muy extraño...
-Debes cuidarte, Antoin- le dijo ofreciéndole su brazo para salir a caminar.
Robrigo Sanmarco, Santino Angelinni y Josephinne habían parado de bailar, Mariselle los seguía con la vista, ahora necesitaba ir a hablar con la matriarca... si realmente Antoinette era un ángel, Alexandros tendría muchos problemas, y eso la vampiro no se lo perdería...
-??ngeles- dijo Alexandros notando que muchos los seguían- no son como lo que tú piensas, para nosotros, los ángeles son personas que tienen una fe increíble, poco común... una pasión que llama la atención de los demonios, de los renegados de tu Dios...
-¿Cómo es eso?
Alexandros se sentó en una silla e invitó a la muchacha.
-Tú, mi querida Antoinette, eres un ángel. Se les denomina así, porque es tal su cercanía a Dios que atraes a demonios, hay algo en tu fe que es poderosamente atrayente... y no podemos evitar acercarnos a ustedes, seres humanos con esa pasión divina- Alexandros le tomo las manos y se le acercó al oído- es tan terrible robar un ángel para uno mismo, que hasta criaturas como nosotros castigamos a aquello que lo hacen. Es un pecado indigno hasta para nosotros...
-¿Entonces tú?- Antoinette no quiso seguir, si lo que Alexandros decía era realmente verdad, él mismo no tendría salvación- ¡Serás castigado!
-Aun no le robo el ángel a Dios, si eso es lo que crees...
-¡¡Pero hemos estado juntos!!- exclamó lo mas silenciosamente que pudo, sabía que aquello era impuro, y aun más aceptarlo en un lugar con tanta gente dispuesta a escuchar, pero nadie había escuchado.
-Eso no quiere decir que yo te haya alejado de tu Dios, sigues amándolo, ¿No es verdad?- Antoinette asintió sin entender del todo- Cuando yo muerdo a alguien, esa persona debe pedir a gritos la muerte, no mato por matar, alguien pide la muerte y yo simplemente la ofrezco, sin embargo, cada vez que aparece un ángel, hay un deseo incontrolable... la noche en que casi mueres, casi te arrebato del lado de Dios...
La muchacha lo observaba muy seria, pareciera que algo nuevo se estaba apareciendo ante sus ojos, Alexandros estaba completamente condenado, parecía imposible poder salvarlo, aun cuando era lo que más quería en ese momento...
Ambos se quedaron en silencio escuchando la música que llegaba del salón de baile donde todos estaban disfrutando de la velada.
A lo lejos, la campana de la catedral anunciaba las 9.30 de la noche, el tiempo había transcurrido muy lentamente, y era una bendición.
Antoinette se acomodó en el hombro de Alexandros y cerró los ojos para pensar mejor, realmente necesitaba encontrar una forma de salvar a ese hombre que cada vez sentía mas dentro de su existencia, Alexandros podría haberle contado que había matado a miles y miles de personas, pero nunca podría sentir rabia contra él, no lo había hecho la vez que lo encontró comiendo del cuello de aquel niño y no lo sentiría nunca.
-Veo que se han cansado de la fiesta- se escuchó la voz marcada y plana de Santinno Angelinni, aparecía desde el salón seguido por Josephinne que se mostraba notablemente fastidiada por haber tenido que dejar su baile por seguirlos a ellos.
-Al igual que usted, Signiore- contestó Alexandros al tiempo que Antoinette levantaba su cabeza del hombro, parecía extrañada- ¿desea conversar con nosotros?... no tenemos deseos de seguir bailando.
-Claro- Santinno se acercó y se sentó frente a la pareja, la hermana mayor de Antoinette lo siguió, y cuando posó su vista en su hermana, Alexandros notó lo que tanto había temido... un demonio tan cerca, y había despertado de una manera tan insospechada.- así que usted se marcha a Montglande, Signiorinna.
-Ainsi est- contestó Antoinette extrañada del brillo rojizo de los ojos miel de su hermana- espero partir la próxima semana sin falta.
-Así me lo ha dicho su padre- volvió a hablar Santinno arrastrando las palabras- le he ofrecido llevarla a Francia en mi comitiva, creo que será lo más seguro para una señorita como usted, ¿no lo cree?
-bueno, a decir verdad, no había pensado en ello... tampoco pienso llevar muchas riquezas, así que no temo a los bandidos, como mi madre ha intentado hacerme entender...
-Antoinette no hace caso a nuestra madre muy seguido, al menos no en términos de lo que ella llama servir a su familia...
-El señor- habló Alexandros con voz clara- es quien dicta las leyes, signiorinna Josephinne, Antoinette hace caso a él, y si tiene que servirle en una abadía, así ella lo hará, de la misma manera que tú lo harás desde tu hogar junto a tu esposo... porque ese ha sido tu camino...
-Bastante claro, ¿No señor Viscontti?- preguntó Santinno, parecía molesto por tal explicación de Catolicismo.
-Como todas las cosas, Signiore Angelinni.
Finalmente ambos callaron, parecía que no querían seguir hablando, algo molestaba al hijo del Marqués de Vienna, y no era necesario seguir conversando para hacerlo notar.
-¿Sucede algo?- se escuchó la voz de Madame Toulousse que llegaba junto a su esposo- ustedes deberían estar bailando.
-Lamento decirle, Madame, que debo marchar- habló Alexandros mientras se paraba- tengo que ir a arreglar asuntos, lamento tener que hacerlo de esta manera, cuando recién la fiesta comienza...
-No se preocupe- contestó monsieur Toulousse- ha sido una gran compañía para mi hija al menos.
-buenas noches- Alexandros se despidió, y cuando se marchó, Antoinette se disculpó reclamando que estaba cansada por el tratamiento del doctor... Ambos se encontrarían en sus habitaciones mientras el resto estaba bailando en los salones.

La música entraba a raudales por cada una de las ventanas.
Alexandros la esperaba cuando ella cerró la puerta, estaba hermosa, maravillosamente vestida, envuelta en un vestido de seda liviana y delicada, un ángel... un maravilloso ángel...
-¿Estás bien?- preguntó Antoinette al tiempo que se deshacía del moño de la cabeza, parecía una aparición, cada vez se alejaba más de esta vida mundana, y eso el vampiro no solo lo tenía claro, sino que le dolía...
Alexandros asintió, parecía increíble que cayera nuevamente en ello, ya tenía la experiencia, y se había salvado por casualidad... por un gran amor, pero ahora, ¿¿Estaba dispuesto a arriesgar la vida de aquella muchacha por seguir aquel deseo que comenzaba a apremiarlo?? Y no podía evitar sentir que era un egoísta...
"Una criatura nocturna contaminada del dolor y el egoísmo" pensó al tiempo que recorría con su mano el escote de la muchacha.
-Debes estar hambriento- habló Antoinette notando la tristeza que comenzaba a brotar por cada poro del vampiro, y por lo mismo sabía que no era solo hambre...- es mejor que bebas...
Ofreció su cuello en un gesto más parecido al amor, era tan sencilla, tan caritativa, Alexandros no dejó esperar aquel cuello blanco, terso y frágil que se entregaba a él sin siquiera saber a lo que se arriesgaba.
La respiración de Antoinette se aceleró, parecía como si de un momento a otro todo su organismo reconociera los labios del vampiro, sus afilados colmillos entrando como dos agujas afiladas en su carne trémula...
"una pasión más pura que el universo entero" pensó al tiempo que la recostaba en la cama, le lamía las heridas y comenzaba a quitarle el vestido.
-"una pasión más poderosa y sincera que cualquiera que pueda existir"- habló finalmente.
Los ojos de Alexandros se posaban en ella buscando un tesoro más importante que su propia sangre, algo más sobrecogedor que su compañía.
-"ángeles que llegan al cielo desde la tierra, puesto que su creencia es tan importante, tan poderosa que son capaces de cambiar el destino de si mismos... vuelven al lado del creador..."
Antoinette cerró los ojos, podía sentir las manos del vampiro en cada uno de los centímetros de piel que envolvía su cuerpo, no necesitaba nada más que eso... tenerlo cerca, cogiendo de ella las energías para seguir viviendo.
-Yacer entre tu boca y tus pechos, yacer con un ángel alejando a los demonios que atraes con tu presencia- El vampiro se sacó su chaqueta, su piel tersa y pálida con un notorio aroma a limón y menta se apegó al cuerpo desnudo de la muchacha.
Antoinette abrió los ojos y se asustó de su propia respiración, se había dejado llevar sin notar que en un dos por tres, retozaba de placer de manos de aquel individuo que le hablaba al oído, con dolor, pena y angustia... parecía extraño, pero podía entenderlo perfectamente, sus sentidos estaban inundados de él, estaba sólo con él, al ritmo de las palabras y la música que tocaban en el salón en la planta baja,
Antoinette escuchaba con atención, mientras las palabras se iban clavando en su corazón haciéndole sentir el dolor y el sufrimiento que traerían si seguían con aquella historia
-tarde o temprano, será tan grande mi amor, que no habrá otra salida que matarte... estamos malditos, y tu presencia me inunda de tristeza- entró en ella deseando que aquel momento siguiera por completo... la tercera vida, aquella tercera vida...
Volvió a mecerse, Antoinette comenzaba a jadear algo confundida, sentía todo su cuerpo prisionero y sin embargo quería mas... en un principio casi podía jurar que le hacía daño, Alexandros quería sacar a fuera todo el dolor que se les vendría encima por tan loco amor...
-Te.. sal...varé..- habló la muchacha mientras seguía el ritmo del vampiro, estaba a plena disposición de él, no lo podía evitar, y por más que quisiera no podía dejar de lado aquel destino.-... te en.. con…tre.. en .. la ..catedral... y prometí… salvarte...
Un juramento ante Dios que amenazaba con volverse maldición... Alexandros sintió impotencia, no podía hacer nada, ella moriría en sus manos si seguían así, y ella no quería dejarlo, y por aquella falta, por haber seguido sus deseos, él terminaría envenenado, muerto a manos de los propios por faltar a una regla tan sagrada como fundamental.
Volvió a mecerse con más fuerza, en un empuje lleno de rencor por su destino, y dolor por la pérdida de aquel ángel... y así sería.. No había vuelta atrás...
-¡¡Haaaaaaaa!!- en un gemido delgado y rencoroso, Alexandros terminó sobre el cuerpo débil de Antoinette que temblaba bajo sus brazos.
Unas lágrimas le cayeron sobre el rostro. Alexandros estaba llorando.
-¿Estás bien?- preguntó la muchacha con los ojos cerrados, parecía que se quemaba por dentro de un bienestar extraño, como el sol de invierno luego de una nevada, suave y delicado, pero revivificador.
-Morirás, Antoinette... morirás...
-todos lo hacemos, Alexandros...- contestó.
Alexandros se levantó y la miró, un ángel desnudo entre sus brazos, pero seguro, con aquella determinación propia.
-Yo no...- y aquella certeza lo mataba, nunca moriría, y si lo hacía, no podría ir al lugar que ella tenía asegurado, si la convertía estaba condenado, un ángel jamás podría ser convertido sin ser castigado el que desobedezca.
Nunca podrían estar juntos.
Volvieron a caer por sus mejillas, las lágrimas, pero esta vez de sangre, lágrimas de la sangre de Antoinette
La muchacha se inclinó y lo abrazó, al fin había entendido lo que tanto atormentaba al Vampiro. La tercera vida nunca llegaría para él...

Con el alba, Alexandros tomó sus ropas y se marchó al cementerio, parecía que algo había decidido o más bien, no quería decidirse a hacerlo...
Mariselle se le acercó por detrás, aun llevaba su vestido de fiesta del mismo tono del traje de Alexandros.
-Hueles a amor- le habló la vampiro mientras le rozaba la espalda, no podía creer la estupidez que había cometido- ¿Has pasado la noche con ella?
-Claro que sí- asintió sin más caso, parecía que no le interesaba de verdad lo que aquella muchacha pudiera decirle, sólo quería que aquel momento de angustioso amor se perpetuara por siempre, que el Sol no volviera a salir tras las montañas- y lo haría por siempre si pudiera...
Aquellas palabras la lastimaron... aquel odio que le tenía guardado se acrecentó a dimensiones extrañamente descontroladas...
-¡¡COMO PUEDES AMARLE AUN CUANDO NO LA CONOCES!!- Mariselle estaba profundamente sentida, ella que lo había acompañado por siempre, desde aquel momento, le había salvado la vida cuando Dominique fue transformada... le pagaba de esa manera... era un idiota...
-¡¡Cállate!!- le habló con desprecio, se paró de la tumba de su antiguo amor y caminó hacia el faro, pronto amanecería- quiero que envíes un mensaje...- la vampiro lo miró con rencor- marcharé a ver a la Matriarca... después de todo necesito hablar con ella...
-¿Y dejarás a tu ángel botado en Nápoles?- preguntó en tono sarcástico.
-Ella irá a Francia también, nos encontraremos allá... además... no es bueno vernos tan seguido...
Eso es lo que no quería decidir, marchar a Francia dejando todo de lado, significaba tener que enfrentarse a todos los suyos... por una sola persona... Un ??ngel.
Al otro día luego de la fiesta, todo el cuerpo de Antoinette le decía que vendrían cosas tristes... demasiada incertidumbre, demasiadas cosas que ninguno de los dos podría manejar.
-Buenos días, Mademoiselle- habló Marie abriendo la puerta y trayendo el desayuno- parece que la fiesta ha dormido a toda la casa... jejeje- sonrió la mujer. Sin embargo Antoinette sabía que venía a hablarle de la noche anterior, de cómo habían quedado sus hermanas y lo que se hablaba desde primera hora en la ciudad.
-¿Cómo has amanecido?- preguntó la muchacha mientras se sentaba en su cama.
-Bueno, yo quería preguntar eso primero- Marie se le acercó- es muy buen mozo ese muchacho Alexandros ¿no es así?
-ainsi est- contestó, sin ánimos.
-Bueno, todos estaban impresionados con ustedes, a decir verdad, se veían muy bonitos... haaaaa... parecían dos ángeles- una punzada en el estómago hizo que dejara de comer- además el mismo Santinno Angelinni ha preguntado por él... es extraño ese muchacho, ¿no?
Antoinette se quedó pensando en la conversación de la noche, había sido muy extraño sobre todo conversando con Alexandros, además era como si no le importara en lo mas mínimo que haya sido el invitado de Josephinne... un hombre ortodoxo...
-Un hombre duro de la iglesia- habló Marie como leyéndole el pensamiento- creo que deberás tener cuidado con él... no sé, no me da buena espina...
-A mi tampoco... pero si es hombre de fe...
-Mi niña, no por eso son buenos, hay gente que esconde su maldad en su fe, pero nunca sabrás de ello, porque no eres así... es mejor que comas, muy pronto los Angelinni volverán, tus hermanas los han invitado, aunque sospecho que ha sido solo Josephinne nada mas... Lorenne no estaba muy entusiasmada con tu amigo... creo que teme la pérdida del joven Faustino...
-Y hacen tan buena pareja...- se lamentó la muchacha, miró por la ventana y notó que el cielo comenzaba a oscurecerse... sería un día muy triste, aun cuando ni ella misma sospechaba lo que pasaría luego.
En algún lugar lejano del sol, escondido en tinieblas, Alexandros no podía conciliar el sueño, no solo por el pensamiento de su próximo viaje a Francia, sino por ese hombre siniestro que se escudaba tras una iglesia, y de ese demonio recién despertado... no parecía muy prudente dejar a Antoinette sin protección, aun cuando él mismo no era la mejor.
LOST PARADISE: La Última Tentación

mi fic!!!

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Noches de Luna Oscura... La tercera Vida

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