Noches de Luna Oscura... La tercera Vida

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Elara Dumbledore
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Noches de Luna Oscura... La tercera Vida

Mensajepor Elara Dumbledore » 12 Dic 2006 22:15

Bueno, esta es otra historia mia, es de Vampiros, espero que les guste mucho
^_^
esta hecha con mucho cariño
:P

Noches de Luna Oscura… la tercera Vida.

Antoinette recordaba bien el día que encontró en la Catedral a aquel misterioso hombre, sentado frente a la cruz, con la devoción de tantos feligreses, pero sin rezar, en silencio, sólo observando aquella cruz de hierro en la cima de la cúpula que coronaba al Cristo sangrante. Ella bajó su velo, se sentó a su lado y comenzó a murmurar un padre nuestro.
Primero le impresionó la blancura del muchacho y luego aquella voz, tajante, fría y sin demostración.
Antoinette cerró los ojos y se aferró a la oración, la voz del hombre la sintió rozando su cuello.
-No te sirve de nada rezar- sonrió satisfecho- tus pecados ya los cometiste y nada puede salvar tu alma.
La muchacha se persignó, abrió los ojos y se quitó el velo.
-no rezo por mi, monsieur- habló melosa, con marcado tono francés- Rezo por la gente que no cree en la piedad de Dios.
Alexandros se sentó más derecho e imponente.
-Tal ves sea, Signiorinna, porque tu Dios no hace nada por la gente que no cree en él- él se paró manteniendo compostura y caminó a la salida- y así se cae en un círculo vicioso, ¿no es verdad?
-De todas formas, Monsieur,- habló como si él la estuviera desafiando- rezaré por usted- alcanzó a decir Antoinette antes de que el hombre desapareciera tras las puertas de la Catedral.

El sol recientemente se había escondido dejando a la ciudad en manos de Alexandros, envuelta en el manto frío y penumbroso de la noche.
La brisa trajo un aroma a tristeza, una melancolía dulce y apetitosa que le hizo recordar que había pasado un día sin alimentarse. Agudizó el oído y el lamento agudo de un niño lo guió hasta una callejuela junto a la catedral. En un segundo Alexandros tomó a la criatura y clavó los dientes en el delicado cuello del niño. Los chillidos de lamentos se silenciaron lentamente hasta terminar con el último latido, el corazón se detenía para siempre.
Alexandros soltó el cuerpo y se limpió la boca. Estaba satisfecho con el ardor claro de la sangre recién bebida. Se volteó en forma grácil y se encontró con los ojos horrorizados de Antoinette. Alexandros no había notado que ella lo había visto ¿Hace cuánto? ¿Habrá visto todo?... y aun estaba el cuerpo de aquel crío... y el ardor crecía por cada vena y arteria del cuerpo y no podía evitar tener deseos de ver a esa muchacha muerta.
Antoinette retrocedió un paso, había salido de la catedral persiguiendo a ese hombre intentando rescatar la fe que intentaba matar, sin saber el problema que le traería. Alexandros avanzó mostrando los colmillos ensangrentados, la muchacha se volteó y corrió calle abajo hasta llegar a su casa donde creía estar a salvo.

Las criadas le prepararon su pieza y Antoinette se encerró asustada por lo recientemente visto, se desvistió y se colocó la camisa de dormir. Sacó su cruz y se sentó frente al espejo a rezar.
-Buenas noches, Bella Donna- escuchó la voz de aquel hombre- que gusto verla nuevamente.
Rápidamente, Antoinette, se dio vuelta y, ante sus ojos horrorizados, estaba él, el monstruo que había sido capaz de matar a ese inocente niño. Quería sentirse mas valiente de lo que en ese momento era, había escuchado leyendas sobre aquellos monstruos nocturnos, pero nunca creyó en ellos realmente...
-Dije que rezaría por usted, pero realmente no sé si mis plegarias puedan salvar a un Demon (demonio)
-no soy un demonio, soy un hijo de la noche...- y sonrió con aquel toque frío que tenia, y aquellos ojos violetas que querían matarla, porque lo podía ver claramente.
-Como... como sea!!- habló en un chillido que hasta a ella le resultó molesto- ... deje que yo salve su alma!!
-¡¡Yo no tengo alma!!- Alexandros comenzó a caminar en círculos, debía matarla lo mas pronto posible, no seria conveniente que supieran que había dejado a una muchacha viva luego de que lo viera alimentarse- ... me la arrebataron hace tiempo...
-... no existe ser viviente sin alma, sea Santo o Demonio- Antoinette se aferrada a su fe, como nunca antes lo había estado
-¡Hasta cuando me atormenta con su fe!
-hasta cuando usted, monsieur, me diga qué es lo que quiere.
Alexandros sonrió, después de todo, la blanca oveja tenía inteligencia de lobo.

-Sólo quiero saber si mi secreto está a salvo con usted.
-¿Seguirá matando...
-...es la única manera que tengo de alimentarme, no signiorinna?
Antoinette bajó la vista, se sacó su rosario y lo dejó en la mesita de noche.
-Monsieur, Su secreto estará a salvo si deja de matar gente...
Alexandros se movió rápidamente, como si él fuera el que en un momento haya detenido el reloj para moverse y pareciera que haya desaparecido, tomó a Antoinette por la cintura, la acorraló a la pared y con las manos la inmovilizó apretandole las muñecas.
La muchacha apenas si había notado lo que había pasado, pero a pesar de que no tuvo tiempo para defenderse comenzó un padre nuestro, sólo el dolor agudo de colmillos entrando en la carne la hicieron reaccionar.
-... no me mates...- habló en un hilo de voz.
Los colmillos se enterraron aun más y Antoinette sentía como la sangre brotaba con más fuerza.
-¡No me mates!- una voz aguda y casi sin fuerzas sacó al vampiro de su éxtasis al beber esa sangre
-"dime una razón"- le susurró al oído, casi podía oler la desesperación y el miedo de la muchacha.
-Si me dejas viva... podrás comer todos los días.
Alexandros sonrió con risa metálica y aguda, carcajadas frías e impersonales.
-¡Chiquilla tonta!... solo los humanos podrían pensar eso!!- exclamó con algo de desprecio, levantó la mirada y vio cómo Antoinette esperaba su respuesta...
Una mirada sin miedo, completamente limpia de todo pecado.
Asustado, Alexandros la tomó de la cintura y la tiró a la cama, intentaba sacar de su cabeza el recuerdo que aquella mirada había despertado recientemente.
-Sabes que...- quedó paralizado mientras la muchacha tapaba sus heridas con la mano... aquella mirada, aquella mirada sólo la había visto en una sola persona, en una vida muy antigua y olvidada- ... tal vez pueda aceptar tu trato- contestó con la boca seca, Alexandros se acercó a ella y lamió las heridas del cuello, la sangre dejó de sangrar y la carne se cerró por completo.
Antoinette lo miró confundida, en aquellos ojos violetas podía verse reflejada, no entendía aquel extraño cambio.
-...Monsieur... ¿Que le hizo pensar?... êtes-elle un ange ?(es usted un ángel)
-no, Mi assicuro esso, signorinna-(no, le aseguro eso, señorita) habló Alexandros intentando calmarse y alejando su vista de ella, tal vez aquello le trajera algunos problemas, pero en cierta forma, valía la pena- además, lo que deje o no de hacer, no le interesa, signorinna- Alexandros se volteó a la ventana y, luego de darle un ultimo vistazo, se mimetizó con las sombras, y luego de asentir por la extraña buena obra que había hecho, se marchó, por la ventana, como viento, intentando ignorar tanta confusión.

Emprendió vuelo confundido con la noche. Surcó el cielo, pasó por mansiones, casas, iglesias. Escuchó risas y llantos y cruzó el río hasta llegar al cementerio local. Recobró su forma humana (que era solo una forma, como bien recordó) y aspiró el aire que traía el aroma húmedo de las flores, salado de lágrimas y cargado de tristezas, todo mezclado con el polvo recopilado hace años. Las estatuas le dieron la bienvenida. Alexandros se volteó y vio la blanca lápida de la que fue su amada.
-tanti anni senza vederli-(tantos años sin vernos) Alexandros sonrió triste- es tonto que no haya tenido la valentía para venir a verte.
"I, quello quel voi protegia (yo, aquel que te protegía) ... el mismo que te sacó de la seguridad de tu hogar ¿Tanto me amabas?"
El silencio rondó el cementerio como trayendo la respuesta de algún lugar lejano. El vampiro cerró los ojos y escuchó atento.
"Tomaste mi sufrimiento, mis heridas ¿Por qué tenías que volver con aquella mirada?... Porque sé que es tu mirada, tu fuerza y tus energías....
"No!, esto no es cierto... ¡Es falso!... su fe sólo me atormenta y no la conozco
mas de un solo día... ¡¡Dominique!! ¿Dónde estás para llevarte este mal sueño?...incubo con l'immagine di sogno (pesadilla con imagen de ensueño)
Alexandros salió corriendo, las estátuas le hacían reverencia cada vez que caía una de sus lágrimas... lágrimas...
-¡ rotture!... esta es su sangre, estas lágrimas rojas son de su sangre... ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué no tengo el valor de volver, coger tu cuello y robar tu néctar celestial y verte morir cubierta de dolor y desespero?... sé que es la única forma de no volver a ver esos ojos que no son tuyos... y de librarme de todos los problemas que vendrán, mas pronto que tarde, por dejarte vivir.

Antoinette salió temprano de su hogar, estaba pálida y algo cansada, por el recuerdo de aquella visión fantasmal que no la dejaba en paz. ¿Habrá sido un sueño?... y si fuera realmente así, seguía pensando tanto en él… era sólo un encuentro fortuito, pero parecía ser más importante de lo que realmente ella misma quería aceptar.
Entró a la Catedral donde hace tan solo un día atrás había encontrado a aquel demonio, se persignó con agua bendita intentando apagar la desesperación que comenzaba a crecer en ella, se colocó el velo y se dirigió a rezar ante el altar. Pasó toda la mañana en ayunas y no fue hasta cuando el padre se le acercó que se dio cuenta de todo el tiempo que había pasado escondida entre cada Padre Nuestro.
-Hija mía... está algo aflijida ¿Podría ayudarla en algo?
Antoinette se persignó y levantó el velo. Estaba llorando.
-Son sueños que me atormentan, padre ¿Qué puedo hacer?
-Los sueños son irreales, recuerda eso.
-es el demonio, padre, me lo encontré anoche y mi corazón no ha podido estar en paz desde entonces.
-¿De qué habla, hija mía?- preguntó el sacerdote extrañado, Antoinette siempre había mostrado una fe inconmensurable y piadosa, una muchacha virtuosa en toda la forma de la palabra
-De ilusiones que se han hecho realidad- contestó la muchacha aun extrañada por todo lo que había pasado el día anterior.
El padre sonrió ante aquellas palabras que había escuchado muchas veces, pero sentía cierta pena por el hecho de que conocía a la muchacha desde pequeña y la familia Toulousse-Du Lancre era una de las mecenas de la Catedral.
-¿Has escuchado voces últimamente?- preguntó en tono casual y con voz tranquila.
Antroinette lo miró con pena. El no le creía, y peor aun, la creía loca.
-No- dijo cansada- sólo han sido pesadillas.
-Sabes, Antoinette, creo que necesitas descansar...salir de esta ciudad- el padre Dominico Giorgio sonrió con esa apacibilidad de siempre- deberías ir de retiro a un convento, por ejemplo al de las Carmelitas descalzas de la Abadía de Montglante en Francia, ¿Que te parece?- la muchacha asintió pensando que no sería en realidad mala idea al fin hacer realidad su sueño de entrar a la orden de las carmelitas descalzas- Necesitas descansar, ve a tu casa y recuéstate... Estás muy pálida, también sería bueno que comieras algo, otro día podremos hablar de la Abadía de Montglande. No me gustaría que te enfermaras ahora...
-Lo único que tengo enfermo es el corazón- habló parándose y dispuesta a marcharse, no encontraría descanso ni paz en aquella Catedral. Una sirvienta se acercó y la tomó para que no cayera-... tal vez deba dejar de latir...
El padre no alcanzó a escuchar el hilo de voz que Antoinette había dejado escapar, pero Marie, que la atendía desde que nació, había sentido el escalofrío abrumador que el susurro llevaba impregnado.
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Gaby Black Potter
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Mensajepor Gaby Black Potter » 12 Dic 2006 22:21

ayyyyy elaritaaa te acordas de mi??? tengo el hoor de ser tu primera "lectora" en tu fic!!!! te deseo suertee!!!! y te felciito de nuevo porke te juro ke este fic es muy lindo :P por ocasiones casi me hiciste llorar.... en fin!! suerte!!!!
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Mensajepor Elara Dumbledore » 12 Dic 2006 22:33

Gaby!!
como lolvidarme de ti??
ni loca lo haria!!!
que bueno que te haya gustado este fic
yo le tengo mucho cariño!!!
:P
aunque si es muy largo, no??
=P
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Mensajepor Elara Dumbledore » 14 Dic 2006 01:31

La noche volvía a caer como liquido oscuro, como encubridora de esta historia que comenzaba a surgir desde lo más profundo de los recuerdos. ¿Era pena? ¿Era tristeza? ¿O era, solamente, el hálito lejano de un sentimiento humano que no existía en realidad?
Alexandros llegó a lo más alto de la ventana de la habitación de Antoinette, la ventana estaba abierta, "così la pecora sa per compiere i relativi trattamenti..."(asi que la oveja sabe cumplir con sus tratos) pensó Alexandros mientras corría las cortinas, esa noche estaba con un apetito especialmente grande.
-Ya he llegado, signiorinna- habló mientras se acercaba al espejo donde Antoinette se peinaba tranquila.
-Lo estaba esperando, monsieur- contestó con tono cansado, al parecer aun no se recuperaba del desmayo de la mañana, terminó de amarrarse el cabello- ahora si- y se paró con elegancia y languidez, parecía cada vez mas lejana, distante e irreal.
-no se ve muy bien, signiora- habló impresionado por la palidez de su víctima- ¿Ha comido algo?
Unas lágrimas se le escaparon, ¿Cómo podía ser que un hombre con la voz de ángel fuera un demonio? Desde que entró a la catedral, hasta que había salido a su búsqueda, la muchacha no dejaba de pensar en él, y el mandato de Dios decía explícitamente que no debía amar a herejes... pero por él, por él sería capaz de dar una eternidad en las llamas del infierno con tal de verlo constantemente.. y lo más terrible era que sólo lo conocía desde hace un día.
-no creo que eso sea muy importante para usted, monsieur- contestó la muchacha y se acercó ofreciendo su cuello. El apetito del vampiro fue mas fuerte y se abalanzó hasta morder la vena yugular, la muchacha ahogó un grito e intentó alejarse, pero Alexandros le tomó las manos y la abrazó dejándola totalmente inmovilizada. Lentamente el corazón comenzó a latir mas despacio, cada vez con menos fuerza.
Alexandros se alejó de ella y le lamió las heridas para que dejara de sangrar.
-Esta muy débil, verdad?
-estoy cansada, nada mas- contestó la muchacha intentando volver a respirar
El vampiro miró a su alrededor y vio la comida de Antoinette sin haber sido tocada, no había comido nada en todo el día.
-si quieres cumplir con tu parte del trato, creo que deberías comer bien- Alexandros acercó la leche a los labios de la muchacha, pero esta no era capaz de abrir la boca y tragar
-solo quiero estar tranquila un... momento- contestó
-Vamos, bebe- habló el mientras vertía la leche por entre sus labios.
Antoinette descansaba al tiempo que el vampiro se paseaba entre el pasillo que se encontraba entre el espejo y la cama, en la habitación se podían ver figuras de santos, cruces y Biblias, todo concerniente a la religión...
-A tu religión- habló en voz alta y miró a Antoinette que dormía plácidamente en su cama, cubierta por las cortinas de tul blanco- Signiorinna, que será lo que sueñas en este momento?
La muchacha se removió en la cama y abrió levemente los ojos, había soñado con tantas cosas que todo se había borrado apenas había abierto los ojos, aun sentía que el corazón casi no le latía, estaba muy cansada y bastante adolorida.
-¿Aun sigues ici?- habló mientras se acomodaba, repentinamente se dio cuenta que ya no estaba con su ropa de calle, sino con su camisa de dormir.
-no te encontrabas muy bien- Alexandros se acercó a la ventana, las luces de casi toda la ciudad estaban apagadas, la noche era totalmente oscura, nada de luz, solo penumbras que anunciaban a los vivos que ahora el mundo exterior no les pertenecía- ¿como te sientes?
Antoinette miró a su alrededor, aun estaba la comida que la sirvienta le había traído en la tarde antes de acostarse. Le dolía la cabeza no estaba muy enérgica.
-Aun me duele la cabeza... y esta camisa?... recuerdo que estaba con mi ropa...
-... yo te cambie de ropa, te estabas ahogando con tanta ropa- Alexandros se le acercó, tras el tul parecía un fantasma, tomó la bandeja de comida y luego corrió la cortina- estás muy pálida, al parecer no ha mejorado tu pulso, si quieres seguir con todo esto, debes saber cuidarte...
-No quiero comer- negó con la cabeza y miró hacia la ventana, el aire limpio del verano entraba trayendo el aroma salado del río que escurría cerca- no tengo ganas de seguir...
Alexandros se acercó a ella y le levantó el mentón
-No debieras ser así, signiorinna, debes alimentarte bien, soy bastante exigente con mi alimento...
-¿No tienes miedo?- se atrevió a preguntar la muchacha-... digo, eres un...
-Si- contestó Alexandros mientras tomaba el tenedor y el cuchillo para cortar algo de carne- un vampiro, extraño, no?... por otra parte- siguió mientras le daba de comer a Antoinette- el miedo es algo que no esta en mi naturaleza... es algo netamente humano, yo se lo que se esconde tras las sombras cuando un niño tiembla, se lo que hay tras cada uno de los sentimientos mas oscuros, se el camino que cada quien tomara cuando llegue su hora...
-pero... alguna vez fuiste humano, verdad?- habló luego de tragar su comida-Alexandros la miró con tristeza, como si aquel recuerdo doliera- pardon- se lamentó la muchacha- no debí decir eso... todo me parece extraño, Dios, Dios es alguien muy extraño, por qué crear criaturas como tú??... nunca te llegara la hora, verdad?
El vampiro descansó un momento y bajó la vista. Nunca creyó en la magnimidad de Dios...
-Tu Dios, signiorinna, es alguien cruel, si me lo preguntas...
-Es quien te creó...- Antoinette volvió a comer de la mano del vampiro- a todo esto, monsieur, comment vous s'appelèe?
-Alexandros, e voi signiorinna?
-Antoinette- contestó mirándolo a esos ojos claros y fríos, sin alma- es raro encontrar a alguien así... Monsieur.
-Por qué lo dice?
-Porque pareciera que no tiene miedo de la cólera divina... pero pareciera que al vivir eternamente tendrá su castigo...
-mi castigo, Antoinette, es haber vivido el infierno en la tierra, y recordar mi falta de determinación eternamente...
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Marie Potter
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Mensajepor Marie Potter » 14 Dic 2006 23:01

vampiros!!!!!!!!!


yo quiero leer :lol:
[center]


_AS_
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Gracias AS :*


[/center]
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Mensajepor Elara Dumbledore » 15 Dic 2006 22:33

jejeje
asi es, ahora estoy en otra parte, apenas llegue a mi hogar dulce hogar, subire mas!
:p
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Mensajepor Elara Dumbledore » 16 Dic 2006 17:26

Aca les dejo otro estracto
saludos!!
gracias Gaby y Marie por pasarse!!!
^_^

El día apareció con una luz maravillosamente tibia, Antoinette pareció haber dormido por siglos, pero realmente, era porque había dormido en paz.
Tres golpes en la puerta la despertaron de su ensueño mientras miraba por la ventana, recordaba la mirada triste de Alexandros... un nombre antiguo, al parecer
-Adelante- habló mientras descorría las cortinas y se tomaba el cabello para peinarse. La puerta se abrió y su sirvienta apareció con una bandeja llena de manjares, dulces y panecillos, parecía que venía dispuesta a hacer que la muchacha comiera aun a la fuerza
-Pardon, ma fille- habló la mujer mientras entraba con la bandeja- mais, hoy no dejaré que salga sin comer, no quiero traerla con sirvientes porque se ha desmayado...
-Marie!!- exclamó sonriendo- creo que me has leído el pensamiento... he dormido muy bien, y no sabes el apetito que tengo..
-de verdad, fille?- habló mientras dejaba la bandeja sobre el velador y se acercaba para peinarla- entonces me alegro, comerás y luego iras donde el sacerdote, quiere verte, al parecer, ya llegó la respuesta de Montglande
-¿En verdad?- preguntó mirándose al espejo- entonces podré ir de vacaciones como lo ha pedido mi padre...
-Ma fille!!,- se lamentó la sirvienta- de verdad que quieres entrar a ese monasterio?... además, Francia queda tan lejos!!!... no podré verte!!
-Marie, no te entristezcas- habló Antoinette mientras comía un dulce de leche- hoy es un día muy especial, como para pensar en esas tristezas, si me lo preguntas, creo que nada puede ser tan malo, si mi padre quiere que sea una de las monjas de Montglande, bueno, tendré que obedecerlo, nada mas.
Que dulce se podía sentir la vida, y su corazón, por mas débil que estaba, no dejaba de latir por aquel fantasma, por aquel demonio, porque era conciente que era un demonio, pero uno que seria capaz de reformar, uno que pronto se transformaría en ángel... tan solo por el candor de su sangre, y por la fe de sus plegarias... "No matarás" y no había sido ella quien lo ordenaba, sino la palabra del propio Dios...
-Pareciera que durmió bien en la noche, fille- habló Marie sacando las cosas y ordenando su ropa
-ainsi est, Marie- contestó Antoinette terminando de abrochar su corset- he despertado con el alba, y soñado con ángeles...
-aun así pareces muy pálida, pequeña, creo que no será prudente que salgas sola. Déjame acompañarte, ¿Si?
Antoinette sonrió y asintió, era lo mas justo con la mujer.

La Catedral mantenía ese aroma fuerte a incienso, no había salido el aroma luego de la ultima misa del día miércoles, el medio día era maravilloso, todo poseía un matiz totalmente diferente.
-Bienvenida, Signiora Toulousse de Lancre- saludó el cura mientras entraba Antoinette con el aspecto lívido y ausente con que había amanecido ese día- parece bastante mas repuesta, no es así, Marie?
-Claro que si, padre- contestó la mujer sonriendo- bueno, sólo la vine a acompañar, la verdad, me preocupaba la salud de la muchacha.
-No hay problema, yo la cuidaré mientras hablamos los dos, te parece, Marie?- la sirvienta asintió y luego se marchó dejándolos solos- bueno, creo que tu sirvienta te ha dicho todo, no Antoinette?
-ainsi est, pére- contestó la muchacha, siempre había soñado con ser monja, y ahora podría hacerlo sin ningún problema- ¿ha hablado usted con mi padre, Monsieur?
-claro que si, Monsieur Toulousse está de acuerdo en que partas apenas termine el verano, quiere que vuelvas la próxima primavera... y ahí decidir si entras definitivamente a la orden. Como ves, todo ha seguido un curso bastante bueno..
-ainsi est, pére...
-y dime, figlia ¿Te ha atormentado ese demonio del cual me hablaste ayer?
-No padre- contestó la muchacha sonriendo por el recuerdo de Alexandros- eran pesadillas como usted mismo dijo, nada de lo cual preocuparse...

Sin embargo, y a medida que el día avanzaba, Antoinette sentía como la preocupación volvía a ella, no era por miedo... Alexandros jamás le había causado miedo, era por la sensación de que nunca mas lo iba a ver, como si el día, cuando hacía desaparecer la noche en el eterno girar solar, trajera una sensación de abandono...
-Mademoiselle- escuchó la voz de Marie mientras quedaba en silencio la mesa mientras toda la familia comía- se encuentra bien?- preguntó la criada acercándose a ella.
-Claro, Marie... je suis bien, Merci...
-Antoinette- habló la madre mientras la miraba con ojos escrutadores, aquella mirada siempre había sido la perdición de la niña, era como si cuestionara constantemente el porque la muchacha no poseía la delicadeza y belleza de sus dos hermanas- has estado durmiendo bien?
-Claro, Mére- contestó la muchacha mientras sentía como sus hermanas la miraban al igual que la madre- debe ser el cansancio de ir a ver al padre, nada más...
-Anoche Marie me contó que te habías desmayado en frente del padre Giaccomo, ç'est la verité?
-bien...- habló, Antoinette, mientras llevaba una cucharada de humeante sopa a su boca- ainsi est, mais era porque no había comido en todo el día, Mére..- se justificó la muchacha.
-Debes entender que aun no estás en el convento como para estar en ayunas, cuando llegues allá podrás hacer todas esas cosas, por mientras estés aquí, tendrás que alimentarte bien...
-Y dormir bien- comentó, Lorene, la hermana menor- Anoche te escuché paseándote hasta muy pasada la noche...
La madre la miró con cara de interrogación y mostrando sus ojos grises centelleando.
-Me levanté a comer lo que Marie me había dejado en la mesa de mi cuarto... me desperté y decidí comer algo, para no despertar muy mal en la mañana...
-Antoinette- volvió a hablar la madre con ese tono autoritario pero que no dejaba de ser amoroso- debes entender que eso no te servirá de nada, pasas entre la iglesia y la casa, no hace mas que ir al orfanato, Mon Dieu!!, es necesario que estés constantemente atendiendo a personas que no sean de tu familia?
-Mére- volvió a hablar mientras el sol comenzaba a abandonar la dorada cabellera de sus hermanas- no te preocupes, yo se que ustedes no necesitan mas que a ustedes, sin embargo yo- habló mientras bebía de su copa y pensaba bien lo que iba a decir- moi... je necesite êtes cerca de nuestro señor...
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Mensajepor Elara Dumbledore » 17 Dic 2006 23:12

otro poco anunciando la Navidad!!
^_^
Saludos a los que se pasan
:s


La noche volvía a caer en la ciudad, y mientras los rayos del sol desaparecían en el oriente, Alexandros despertaba de su gélido sueño... deseaba salir volando y encontrarse nuevamente con la mirada de esa mujer, mas no era prudente que lo vieran salir de esa forma... estaban cerca, podía sentir el aroma a muerte mientras se acercaban, en unos cuantos minutos más, quizás segundos, llegarían para darle sus ordenes, ver si todo estaba bien y luego dejarlo en paz por toda la noche... siempre era de la misma manera.
-Buenas noches, Alexandros Viscontti- saludó una voz ronca, exquisita, casi perfumada de una mujer que sabía muy bien como conquistar a un hombre- ¿Has tenido muy buenos sueños?- preguntó mientras caminaba y se encontraba con el vampiro que descansaba bajo una higuera, en medio del cementerio..
-sabes que hace mucho que no sueño, Mariselle- contestó al tiempo que con toda agilidad se levantaba- has demorado hoy, ¿Ha sucedido algo?- preguntó con sorna.
-no te hagas el gracioso- se molestó la vampiro mientras dejaba ver su palidez bajo la antorcha que traía en la mano- sabes que todo esto es tu culpa... podría estar en Egipto... o América si quisiera, pero no...
-Deja de lamentarte- habló haciéndola callar y acercándosele, los ojos violeta de la muchacha sonrieron- ¿Han mandado algo nuevo hoy?
-Nada, solo tienes que enviar tu sangre para que sepan que estás...
-toma- sacó una cruz de metal y cristal con el centro transparente, se hirió la muñeca y el cristal central se volvió rojo- llévatelo... y que estés bien...
Mariselle sonrió, no le caía para nada bien ese hombre, encontraba hasta injusto que le hayan dejado una ciudad completa cuando había faltado a una regla... maldita Matriarca. La mujer se elevó en los aires mientras la antorcha se apagaba por completo, su vestido negro aterciopelado desapareció, y a cambio, un murciélago se marchó camino a la puesta de sol.
Alexandros se arregló, ahora tenía la noche entera para él, para poder disfrutar de esa mujer y alimentarse bien.
Lorenne se persignó al tiempo que Antoinette dejaba la capilla familiar, quería hablar con su hermana, saber que era lo que la mantenía con la idea de irse a un convento...
-Antoinette- habló la muchacha justo antes de que abriera la puerta de su habitación- quisiera hablar unas palabras contigo, soeur
-Claro, Lorenne, espera un momento- Antoinette abrió la puerta y miró si había alguien, no encontró ni rastros de Alexandros, así que le permitió pasar- ¿que quieres decirme?
-Seulement, que aun no entiendo porque tienes tanto interés con irte a un convento... ¿De verdad no te interesa vivir con nosotros?
-Ay, Lorenne!!- exclamó la mayor de las hermanas- solo quiero que entiendas que este no es mi lugar.... no me gusta salir a fiestas ni tener reuniones, además, a ustedes no les interesa mi vida...
-Mais, Antoinette- la interrumpió- por qué insistes en hacer enfadar a nuestra madre?... sabes que no le gustaría que entraras a Montglande, ella siempre soñó verte casada con el hijo del Marqués de Nápoles....
-¿Robrigo Sanmarco?- habló la muchacha intentando imaginarse como sería eso- no lo creo... el es tan...
-¡Guapo!- exclamó Lorenne- además su hermano menor, Fausto...
-¿Que tiene Fausto, Lorene?- preguntó la muchacha descubriendo a donde iría a parar aquella conversación.
-Soeur- habló Lorenne con aquellos ojos verdes relampagueando al son de las velas de la lámpara del techo, parecía una niña traviesa que intentaba contarle un secreto- Faustino quiere pedirme como esposa, pero su padre no lo dejará a menos que Robrigo se case primero... y él no se casará a menos que no sea contigo, ¡¡Antoinette!!- La hermana menor parecía muy reocupada, aun así la hermana mayor negó con la cabeza.
-Ante todo está el compromiso con mi Dios, Lorenne, y tu sabes que desde siempre que tengo la ilusión de marchar a la Abadía de Montglande en Francia... mucho antes que los Sanmarco fueran los regentes en Nápoles, y que hasta el propio Robrigo se encaprichara... además, no creo que se case nunca, le gusta su vida libertina tal como la tiene ahora, ¿o acaso crees que no se que los niños que llegan a la Santa Casa abandonados por sus madres y de ojos claros no son de él?- preguntó Antoinette haciendo que su hermana se ruborizara- no, Lorenne- negó con su cabeza- yo sé perfectamente el tipo de persona que es Robrigo Sanmarco, y personajes como él, no tienen vuelta...
-Pero, Antoin!!!- exclamó Lorenne acongojada- sólo pido que pienses como buena cristiana, y me digas si eres capaz de dejar un alma así a la deriva... ¿no serías capaz de hacer algo para salvarlo?.
Antoinette la miró directo a los ojos y notó como los ojos claros intentaban convencerla por su punto débil, su fe.
-Lorene- habló con calma- noche tras noche intento salvar las almas de los hijos descarriados del señor...
-¡A punta de rezos no solucionaras nada!- exclamó Lorene desesperada.
Repentinamente la puerta se abrió y apareció Marie con la comida para la muchacha.
-espero que duermas bien, Soeur- habló finalmente la muchacha dándose notoriamente por perdida- Bonnuit, Marie- y se marchó de la habitación enfadada, aun así, no se daría por vencido...
-Ha venido a hablar de Faustino Sanmarco, no es así- habló, Marie
-ainsi est, Marie, pero sabes que mis gustos están en otro lado...
-¿Montglande?- y la muchacha sonrió para si... nunca sabrían lo de Alexandros.


La luna apenas si se veía a medida que avanzaba la noche, en unos cuantos días más sería luna llena, aun así, los dos cachitos que se reían por sobre la oscuridad nocturna, hicieron que la sombra de Alexandros apareciera en el alfeizar de la habitación de Antoinette.
La muchacha dormía plácidamente esperándolo sentada en el sillón donde generalmente se ponía a leer... Parecía un fantasma, una aparición totalmente ajena a la realidad de la ciudad, tan tranquila y en paz que Alexandros dudo por un momento que fuese real... como el mismo se sentía al pasar acorralado por las sombras en busca de sus víctimas, y cada vez dudaba más si era necesario seguir con esa farsa.
Antoinette por su parte soñaba con las praderas floridas de Montglande, la paz de la abadía y la extraña libertad que le entregaba ese convento, alejada de la ciudad, de Robrigo Sanmarco, de su hermana Lorennne.... sólo rodeada de paz, luz y la presencia siempre secreta de Alexandros, porque en el sueño se llevaría a Alexandros de esa ciudad, y ambos vivirían en el convento, hasta que ella finalmente muriera...
Un dolor agudo la hizo despertar, un aroma dulce y triste, a muerte eterna y melancolía la hizo reaccionar.
Cuando abrió los ojos estaba con el cuerpo de Alexandros sobre el de ella, en la cama, y en el cuello el vampiro volvía a sacar la sangre que le hacía falta, había algo extraño, sin embargo, la noche no estaba muy avanzada, apenas si serían las diez de la noche, había llegado muy temprano...
-¡¡Alexandros!!- se le escapó un pequeño gritito mientras intentaba despertarse por completo, pero no pudo seguir forzando, Alexandros parecía no querer dejar de comer del cuello de Antoinette...
Pasó corto tiempo, antes de que el corazón de la muchacha no pudiera seguir manteniéndola viva, Alexandros se retiró aun confundido, por un momento había pensado seriamente en matarla sin tapujos... pero no pudo. Lamió las heridas y Antoinette lo miró con los ojos cristalinos y afiebrados, aquella noche había sacado demasiada sangre.
-¿Estás bien?- preguntó con el corazón apretado. Antoinette no contestó, sólo cerró los ojos y cayó en un profundo sueño que no duró mucho tiempo.
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Elara Dumbledore
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Mensajepor Elara Dumbledore » 23 Dic 2006 22:50

Espero que les guste lo poquito que he llevado, slaudos a todos y que tengan muy feliz navidad!!!
^_^

La noche pareciera que se reía de él, y aquello no le gustaba en lo mas mínimo a Alexandros Viscontti, la misma luna que se paseaba constantemente en la negrura del cielo nocturno, pareciera que lo mirara con esa sonrisa de luna creciente como burlándose de su torpeza, de su falta de miramiento.
No tenía ánimos para pensar en lo que había pasado, así que se dio media vuelta y cerró la ventana con el máximo de cuidado... no tenía intenciones de despertar a nadie.
-¿Aun sigues acá?_ se escuchó la voz de Antoinette en un susurro cansado, como hilo de agua que caía tristemente en aquella oscuridad.
-Así es- asintió Alexandros aun culpable, pareciera que no deseaba haberle hecho daño- ¿Estás mejor?- y el recuerdo de un pasado lejano y terrible volvió a golpearlo, no era necesario seguir con aquella farsa, o terminaría tan dañada como la otra alma.
-algo débil- contestó la muchacha- me duele la cabeza... y siento frío... ¿qué sucedió?
Alexandros se volteó y su rostro pálido pareció iluminar la oscuridad... aquella pasión había sido desbordante, tan lejana, casi como si verdaderamente la quisiera matar... ¿Que le había sucedido?... él lo sabía muy bien, como también sabía que si no era capaz de controlarlo, Antoinette terminaría muerta...
-Son los instinto, Signiorinna... algo que no soy capaz de controlar...
-me pareces que no eres capaz de controlar muchas cosas- una voz se escuchó en la oscuridad... Antoinette abrió mucho sus ojos... ¿Alguien había entrado en la habitación?
-¡Mariselle!- se sobresaltó el vampiro... no creía que lo siguiera hasta ese lugar- ¡Que demonios haces aquí!
-Te seguí, ¿Algún problema con ello?- preguntó la mujer con tono delicado y manipulador- veo que tienes a tu propia princesita escondida, ¿no es así?- habló mientras se acercaba a la cama- pensé que era mas hermosa, pero realmente no tiene muchas cualidades particulares...
-Mas de las que tienes tú, Maiselle- contestó Alexandros enojado- ándate ahora mismo, y no le contaré a la matriarca, piensa que te puede convenir...
-JAJAJAJA- se escuchó la risa estridente, por un momento, Alexandros sospechó que media casa se había despertado, pero no escuchó ruidos-¿Tú crees que si la matriarca se entera de que tienes a una humana como juguete nocturno te hará caso?- preguntó como saboreando cada una de sus palabras- esto será muy interesante, ¿no es así?
Alexandros mostró sus colmillos y se tiró contra la mujer, dos destellos violetas se vieron en medio de la oscuridad y mas rápido de lo que la propia Antoinette pudo ver, Mariselle estaba tendida en el suelo con Alexandros ahorcándola.
-Ve entonces, y explica que me vigilabas hasta estas horas, que me encontraste con ésta humana, y si quieres- sonrió para si- inventa algunas cosas que te convengan... porque no te perdonará que llegaras a un territorio que no te es propio sin permiso, ¿no es verdad?...
Mariselle se soltó aun enojada y lo miró con odio.
-No te salvarás de esta como de la anterior, Alexandros... lo juro...-un murciélago desaliñado apareció y desapareció tras las sombras de las cortinas, volando a toda velocidad a donde el sol no apareciera.
Antoinette lo observaba sentada en su cama, parecía asustada, y mucho peor, preocupada por todo lo que había oído, no era bueno al parecer, para Alexandros que la mantuviera viva... y aquella noche, casi la mató...
-¿Estás bien?- volvió a preguntar el vampiro cuando la vio sentada observándolo con los ojos llorosos.
-hoy- comenzó a hablar- ¿Intentaste matarme?- preguntó con tono agudo- lo digo porque... ¿te traeré problemas?
Alexandros le sonrió con sus ojos violeta intensos suspendidos en la negrura de la noche... pareciera que a él también le dolía lo que había sucedido. Se le acercó lentamente y con aquellos gestos elegantes que Antoinette disfrutaba ver cada vez que se quedaban conversando, se sentó a su lado y pasó un brazo por la espalda hasta que la abrazó por completo.
El aroma dulce entremezclado con la sal de las lágrimas que se habían acumulado en tantos años, hacían que la nostalgia y la melancolía se abrieran paso por los surcos de los ojos, un aroma a muerte, que traía a su vez, tranquilidad...
Alexandros se volvió a mirarla a los ojos y apegó su nariz a la de ella, mientras cerraba los ojos al sentir que volvía a ver en Antoinette aquella fuerza que hace algún tiempo le habían faltado a él para salvarla...
-Que bueno que estés bien- se escuchó la voz de Alexandros mientras le corría el cabello largo.
La piel la tenía fría y nacarada, con la cercanía podía sentir en la piel la presencia de los humos del incienso de la catedral. El corazón de la muchacha comenzó a latir fuerte al sentir que los labios del vampiro se acercaban al cuello, una mezcla de miedo y nerviosismo se le instaló en el estómago, pero en vez de sentir los colmillos entrando en la carne, los labios de Alexandros se posaron en la piel con toda delicadeza, haciendo que la columna se erizara
-Ya Dios una vez me castigó por haberle arrebatado un ángel...- volvió a mirarla y finalmente la besó en los labios con tanta pasión, que la misma Antoinette se asustó por tanta intimidad.
Aun así, cuando Alexandros se alejó, sintió que algo le faltaba en el corazón- mañana volveré a penas caiga el sol...
Y se marchó en silencio, dejando que los sueños de deshicieran en aquel beso de miel.
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Edna
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Mensajepor Edna » 23 Dic 2006 23:28

:supergrin: waaaaa! x que no avisas cuando abres?!
up!
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Mensajepor Elara Dumbledore » 24 Dic 2006 20:37

bueno... no era mi intencion no avisar
=P
espero que esta parte os guste!!!
^_^
saludines!!
y muy felices fiestas!!!

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Lorenne apareció en la habitación de su hermana muy temprano por la mañana.
El Sol apenas había aparecido por completo en el horizonte y las rosas de la terraza soltaban un aroma dulce y refrescante.
-Bonjour, Seur- la saludó mientras descorría las cortinas.
Antoinette despertó muy pálida, pero con buen humor
-¿Tan temprano me despiertas, Lorene?- preguntó mientras se sentaba en la cama esperando que la muchacha de 14 años le hablara- ¿Qué sucedió?
-Hablé con mi madre, Antoin- contestó con ese brillo de complicidad en sus ojos verdes- mañana daremos un baile por la visita del Marqués de Vienna esta semana, será una maravillosa despedida...
-¿Eso no lo habrás inventado tu, verdad?
-¿Moi?- preguntó con los ojos muy abiertos y sonriendo- por favor!!!
-Lorene...- habló la muchacha mientras se desperezaba, realmente se sentía hambrienta y muy débil.
-bueno, la cosa es que tienes que invitar a alguien para el baile... y me pareció adecuado que Robrigo San...
-¡Eso no!- repentinamente la debilidad con que había amanecido ese día se desapareció por completo- ¡Ni te atrevas a invitarlo en mi nombre, porque o si no...
-Antoin!- se escuchó la voz de su madre que entraba junto a Josephinne (la hermana mayor de Antoinette) y Marie que traía el desayuno como bien le había ordenado el padre de esta- no puedes gritar de esa manera a Lorene...
-¡Ha invitado a Robrigo en mi nombre, Meme!!- habló con la voz muy chillona.
La madre miró a su hija menor y esta bajó su vista.
-¿Es verdad eso, Lorene?- preguntó con severidad.
-bueno... es que como Antoin no tiene amigos...
-Entonces tu hermana no ha actuado de mala fe... a menos que tu tengas a alguien a quien invitar… Josephinne será la encargada de recibir a los invitados, al Marqués de Vienna y a su hijo, claro está- la muchacha de 19 años con una figura exuberante y tentadora, de ojos miel y cabello castaño oscuro sonrió con diligencia. Antoinette pensó que su hermana era muy tentadora para los hombres, aunque siempre lo había sido, no sería extraño que terminara casada con el hijo del Marqués, si había sido capaz de desdeñar la mano de casi la mitad de los hombres de la ciudad
-Tengo a alguien a quien invitar- y en la piel nacarada pálida que mantenía Antoinnette en su rostro, aparecieron dos leves motitas sonrosadas- un amigo de la Santa Casa...
-¿Es de la ciudad?- preguntó la madre con afán, sus dos hermanas la miraron incrédulas- nadie trabaja ahí, a menos que quieras invitar a uno de los muchachos que llegan...
-no- negó con nerviosismo- es de otra ciudad... creo que te interesará conocerlo- se había metido en problemas y de pasada a Alexandros también.
-¿Y comment il s'appelle?- preguntó Josephinne con aquella voz de ronroneo de gato.
-Alexandros- contestó la muchacha.
-Bien... entonces si Robrigo Sanmarco acepta la invitación, será Lorene quien reciba tanto a Faustino como a su hermano, ¿Te parece, Lorene?- la muchacha asintió, porque sabía que no tenía mas opciones, la madre había preguntado por cortesía- Hoy vendrá la modista para hacerle los vestidos, así que las quiero todas listas para recibirla entes de el almuerzo... y Antoinnette, tu padre me dijo que has estado con pesadillas, anoche te escuchó gritar, así que mandó a llamar al doctor.
La muchacha se puso pálida- si es que eso era posible- habían escuchado lo que había sucedido en la noche.
-Bien madre, en un momento estaré lista.
-Eso espero, porque el médico ya viene en camino... y creo que tu padre tiene razón, estás muy pálida hoy- la madre le dio la orden a Marie para que sirviera el desayuno y salio de la habitación con sus dos hijas a la siga.
-Su madre tiene razón, Madmoiselle- se escuchó a la anciana Marie- se está alimentando muy mal últimamente, veo que han pasado apenas unos cinco días desde que se desmayó y ha bajado notablemente de peso... no debiera trabajar tanto...
-Marie- y suspiró mientras pensaba como contarle a Alexandros lo de la fiesta.
La visita del doctor hizo saber que Antoinette estaba enfermando porque poseía una anemia muy severa, pero que se solucionaba con una muy abundante y buena alimentación y dejando de lado los excesos de trabajo. Por otra parte, las dos hermanas se hicieron cargo de los preparativos para el baile de la noche siguiente.
La madre de Antoinette estuvo preguntando constantemente si ya había mandado la invitación a su amigo Alexandros, a lo que la muchacha contestaba que al día siguiente contestaría a primera hora.
La noche demoro en llegar, no solo para Antoinette que solía leer hasta altas horas de la noche, sino para el propio Alexandros, a quien los recuerdos de la separación de otra vida comenzaba a embargarlo de tristeza, no solo por ella que murió en sus propios brazos, sino por la propia Antoinette que terminaría de igual manera tarde o temprano.
A penas la luna con esa sonrisa diáfana y cristalina hizo aparición en el cielo nocturno, Alexandros se apareció en la torre de su casa abandonada mirando cómo moría el último brillo de luz que el sol había olvidado en su eterno girar.
-¿Aun sigues viva, Mariselle?- preguntó Alexandros al notar que en las sombras se movía una silueta sin duda hermosa, pero a la vez muy peligrosa.
-Así es- contestó mientras se mostraba ante el vampiro.
-¿Le has hablado a la matriarca ya?- preguntó con tono inocente.
-Claro que si, imbécil!!- le escupió a los zapatos- y dice que no has faltado al código... maldito protegido.
Alexandros sonrió para si, sabía que pasaría eso.
-bien- sacó la misma cruz que había entregado el día anterior y todos los días desde que cayera a la oscuridad que hoy lo envolvía, pinchó su dedo y se la entregó a Mariselle- acá tienes, y espero que te haya servido de algo la lección.
-Claro- la mujer sonrió, tarde o temprano, pagaría por todo lo que había hecho en esa vida.
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Elara Dumbledore
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Mensajepor Elara Dumbledore » 28 Dic 2006 00:16

aca nuevamente un poquito mas, espero que les guste!!
^_^


Antoinette a penas la familia terminó de rezar, se fue a su recámara reclamando que estaba muy cansada y fatigada. Durante todo el día había permanecido silenciosa y seria, pensando en lo que realmente había sucedido la noche anterior. Claro estaba que cuando Alexandros la besó hubo algo que la había hecho sentir muchas cosas, haciendo que un fuego se encendiera en su pecho... había sentido las manos de aquel vampiro tan cerca de su piel, que le asustó lo que pudiera haber pasado si no se hubiese ido.
Por otra parte también deseaba volver a verlo, hablar con el y saber si realmente era bueno que terminaran con su trato, aun cuando aquello significara dejar de verlo hasta la eternidad... porque no se encontrarían en el mismo lugar luego de la muerte.
A penas la muchacha traspasó su puerta, el aire helado y el aroma a tristeza le hicieron entender que él ya se encontraba ahí, esperándola.
-Buenas noches, signiorinna- habló mientras se mostraba, sus ojos de un violeta intenso la miraron con deleite, pareciera que ya no solo iba por su alimento, tal vez por otra cosa mas.
-Bonnuit, Monsieur- saludó en una delicada reverencia.
-¿Así es como me saludarás?- preguntó mientras daba un paso hacia adelante y la muchacha retrocedía evitando mirarlo a los ojos-... pensé que te daría gusto volver a verme..
-Y mucho gusto me da...
-¿Entonces?- preguntó mientras se sacaba su chaqueta de terciopelo negro azulado con leves bordados de hilo plateado- tenía deseos de verte, Antoinette.
-Es solo que he estado pensando- habló la muchacha mientras intentaba concentrarse sin notar que ese aroma triste la envolvía por completo haciendo al corazón acelerarse- esto no es bueno para ninguno de los dos...
-¿De qué hablas?- preguntó notando las dudas de la muchacha en los ojos- ¿Me tienes miedo?
-Es solo que luego de lo de ayer...- Antoinette tomó aire y lo miró a la cara- ayer casi muero en tus brazos, Alexandros, y no creo que pueda salvar tu alma luego de lo que vi con esa mujer... esto es muy difícil...
-pero y ese beso...
-¡¡por lo mismo!!- se le escapo la desesperación por los labios- yo quiero ir a la abadía de Montglande, llegar a ser una monja como siempre lo he querido...-Alexandros comenzó a reír al notar el problema de la muchacha-¡No te rías!, al lado están mis padres y pueden escucharnos...
-Querida- se le escapó, y Antoinette notó que en aquellos brillos violetas que se suspendían en la oscuridad ya no había benevolencia- tu fe es una pasión como ninguna de las que he visto, y sin embargo una dosis de pasión te asusta, ¿no es así?
-¿Que dices?- se escandalizó- la fe no es una pasión carnal como ... como…
-como la de ayer- contestó y se acercó aun mas- ¿Eso te asusta? volver a sentir lo que nunca en tu vida habías sentido... ser un humano es muy complicado, mas aun cuando sabes que hay cosas que te están prohibidas, pero deseas con toda tu alma...
-Yo no deseo...
-Claro que si- contesto desafiándola a que se le acercara- estás tan asustada por lo que sentiste cuando llegue a probar tus labios... porque eso es amor, amor y pasión- se corrigió al momento que acercaba una mano para tomarle la que mantenía en la muralla- cuando sientes que no eres capaz de mantenerte en pie, cuando una duda se mete en lo que realmente quieres, ahí sabes lo que puede llegar a suceder si das un solo paso en falso... ¿Tiemblas?- preguntó mientras se acercaba para hablarle al oído en un susurro delicado- te aseguro que no quiero matarte, si lo quisiera, ya estarías muerta y enterrada.
-No me asustas, Alexandros- se atrevió a decir la muchacha.
-Y eso lo tengo claro desde el día que te encontré en la catedral...
La respiración de ambos comenzó a juntarse al tiempo que insistían en evitar un beso que desafiaba el orgullo de ambos... pero era imposible mantenerse lejos si habían pasado todo un día esperando que llegara el momento de volver a verse.
Ambos en silencio se encontraron enfrentados a los recuerdos de que tenían más de un simple obstáculo que era la noche.
-¿Estás temblando?- volvió a preguntar Alexandros al tiempo que sentía como el cuerpo de la muchacha tiritaba entre sus brazos al sentir que la mano del vampiro se posaba en su cintura-... y se que no tiemblas por miedo...
-Es por un deber- contestó notando que ella era quien estaba perdiendo la batalla- porque no debieras estar tú acá.
-¿Y recién piensas en eso?- preguntó sabiendo que se arriesgaba demasiado, estaba a punto de poner a prueba lo que la muchacha había creído en tantos años- Antoinette, debías haberlo pensado el día en que te ofreciste como alimento- casi podía ver cómo el corazón bombeaba fuertemente la sangre que lo alimentaba hacía ya cinco días, parecían años y años tras de conocerse, pero no, solo eran cinco días- no eres capaz de sentir esa pasión que me mantiene apegado a tu cuerpo, verdad?
-¡Como eres capaz de decir esas cosas!!- gritó la muchacha al tiempo que la respiración de Alexandros entraba por su escote, dibujando bajo de su piel.
Repentinamente dos golpes se escucharon en la puerta y la voz aterciopelada de Josephinne rasgó el silencio nocturno haciendo que el momento de intimidad que amenazaba con desbordarse más allá de la pasión necesaria que necesitaban para vivir saliera para amarrarlos eternamente.
-¿Antoinne?- se escuchó aquella voz melodiosa, traspasando la oscuridad, la mirada de Antoinnette se fijó en los violetas ojos de Alexandros-¿Te encuentras bien?
-Si- habló con la voz temblando- espérame, ya abro.
Alexandros la soltó odiando a la mujer que había aparecido tras la puerta, se fue a lo mas oscuro de la habitación tras las cortinas de terciopelo pesado. Antoinnette se adelantó aun nerviosa y sintiendo como el vampiro la vigilaba, sabía que luego tendría que responder a la pregunta que le habían hecho. Finalmente abrió la puerta.
-¿Estás bien?- volvió a preguntar mientras miraba a todas partes de la habitación, todo estaba en notable penumbra- me pareció sentirte un poco nerviosa...- volvió a hablar con aquel tono exquisito y frío que la caracterizaba, Antoinnette miró hacia donde se había escondido Alexandros y notó que dos brillos violetas se deleitaban mirando la silueta de cintura estrecha y busto abultado de Josephinne.
-Estoy muy bien, gracias,- contestó la muchacha sintiéndose muy turbada, pensaba que nunca le había importado esas bellezas que eran sus hermanas y que comparadas con ella, eran simplemente irreales, pero viendo y adivinando cómo Alexandros debía deleitarse con semejante presa- es solo que estaba paseándome... no podía dormir bien…
-Muy bien- los ojos de Josephinne volvieron a mirar el entorno como buscando algo para delatar a su hermana, sin embargo no notó nada.... lamentablemente para ella, Antoinnette llegaba a ser demasiado casta para esconder algo- bien, entonces te dejaré rezar... no creo poder ayudarte- con tono altanero se volteó y tomó la manija de la puerta.
-¡Una cosa!- se volteó sin previo aviso, pero aun así no encontró nada de otro mundo- ¿Te envió la respuesta ese amigo tuyo que te acompañará al baile que daremos?
-Mañana a primera hora lo sabré sin duda alguna- contestó asustada, había jurado que Alexandros se había cambiado de lugar, porque en el rincón oscuro pegado a la cortina ya no estaba- hasta mañana, Josephinne.
-Bonnuit- contestó la muchacha y con una sonrisa fría se marchó.
Nuevamente la habitación quedó en silencio, Antoinnette rápidamente cerró la puerta con llave y se volteó, Alexandros parecía no estar en la oscuridad que se adentraba con la sonrisa de luna que flotaba en las alturas.
El silencio se hizo espeso, a lo lejos, se sentían como los carruajes pasaban tirados de caballos que resoplaban ante la niebla que aparecía desde el río.
-muy bella tu hermana, no Antoinnette?- preguntó desde sus espaldas, le gustaba ver como el cuerpo de la muchacha se estremecía solo al escuchar su voz- pero no tiene esa pasión que me llama la atención...- finalmente la volteó, le besó los labios, y antes de que pudiera escapar la tomo por la espalda y le mordió el cuello, Antoinnette respiraba con dificultad, pero no por la mordedura, sino por todo lo que había despertado en su interior cuando el vampiro le rozaba la piel por debajo de la ropa. Fuego, pasión, casi parecía herejía que la muchacha pudiera sentir aquel ser que traía la maldición de tantos años de vida... ¿Y porqué tenía que dejarlo partir?... por un momento, por tan solo un momento al tiempo que los colores se hacían mucho mas que el negro nocturno, podía sentirse unida a algo mas divino que su propia fe, sus deseos de vivir no se hicieron letales al sentir que dentro de un solo cuerpo pudieran convivir dos personas, una creación perfecta, que al ser prohibida por profana, parecía ser más delicada y dulce. Era su cuerpo de carne, carne y sentimiento que se entremezclaba con sus lágrimas y la sangre, con los labios de Alexandros que bebían desde su pecho más que su alimento, sino también el deseo mortal de que el tiempo se detuviera tomado de las manos de aquella mujer que lo hacía olvidar su pecado.
La noche había terminado, la sangre dejaba de escurrir por su cuello, la muchacha no estaba muerta, él mismo lo sabía, sin embargo con la palidez del alba lo parecía, un cuerpo delicado, frágil y ante todo y aun cuando el mismo lo había tomado para él, parecía divino.
Antoinnette abrió los ojos deseando que aquello no fuera un sueño, había sentido como si el mundo giraba solo por el motor de los labios de Alexandros sobre su piel, sus manos por entre su carne.
-Aun sigues aquí?- habló Antoinnette sobre su pecho desnudo- pronto saldrá el sol.
-lo sé- confesó mientras le acariciaba el cabello- aun me quedan unos minutos... y no te preocupes, hoy en la noche vendré... supongo que soy yo ese amigo de quien hablaba tu hermana, ¿no?
-ainsi est- aseguró y volvió a dormir, flotando entre los sueños de miel y menta que traía Alexandros pegados a su piel.
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Mensajepor Elara Dumbledore » 30 Dic 2006 19:17

lamentablemente me voyh de viaje, asi que la historia queda en stand by hasta una semana mas!!!
^_^
espero que se encuentren bien y nos veremos el proximo año!!!!
^_^
saludos!!!
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Mensajepor Lena_Lacroix » 21 Ene 2007 05:22

holaaa, me gusto tu historia =)
sigue pronto!! :angel:
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Mensajepor Elara Dumbledore » 07 Feb 2007 15:38

hola lena!!
bueno acabo de volver de vacaciones asi que ahora subo más de la historia
espero que sigas aca leyendo
^_^
saludos!!!!

Elara Dumbledore
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