Mortífagos Caídos

[i:] Lee fan ficcions de todo tipo entre otros los de amor para las mentes más sensibles o slash. [/i:]
the queen
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Mortífagos Caídos

Mensajepor the queen » 21 Ene 2012 21:16

[center]Mortífagos Caídos

Ellas eran luz, ellos eran oscuridad y sin embargo

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"El amor será la perdición de todos..."
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Sipnosis:

La orden ha ganado la guerra y Kingsley es el Ministro de Magia. Los mortífagos son convertidos en esclavos y tratados peor que a los elfos domésticos.

Hermione, Luna y Ginny no están de acuerdo con el trato que reciben los mortífagos por lo que deciden rescatar a los pocos que pueden. Y los llevan a la casa que tienen (viven juntas), afortunadamente la casa es grande, ya que son varios los mortífagos que han rescatado.

Los "prisioneros" al principio deben estar algo reticentes y quizás algo asustados porque han recibido muy malos tratos de sus anteriores dueños, pero ellas se encargaran de cuidarles y poco a poco comienzan a enomarse tanto ellas de ellos como ellos de ellas.

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Cap I: Crueldad

Mensajepor the queen » 21 Ene 2012 21:23

Sus mascaras habían caído mucho tiempo atrás, ni siquiera sabían cuántos años transcurrieron luego de aquél día, ése día en que su señor perdió, mejor dicho fue destruido y por un chico de diecisiete años, el tal Harry Potter, ése chamaco que le arrebató su fuente poder a él y a sus demás ex compañeros mortifagos; ¿Quién era él? En realidad poco importaba, lo único importante era la historia que tenía por contar, y quizás comenzaría a relatar desde que todo aquello sucedió, todo fue culpa de tres muchachas, ellas eran las culpables de que ahora varios mortifagos se hubiesen vuelto locos, y no precisamente de locura, sino de amor.

Ahora que lo analizaba, sí ellas no se hubiesen rebelado contra sus amigos y conocidos, la historia de los mortifagos fuese otra muy diferente. Tres nombres importantes, conocidos y realmente famosos.

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Y allí se encontraba, tan alto y musculoso como siempre, con su reconocido bigote aún adherido a su piel, con sus ojos destellantes de rabia y odio, y con aquellas ganas de matar a su "dueño".

- ¿Qué te sucede Macnair? -preguntó un hombre gordo y de aspecto aristocrático, sin duda alguna un mago de muy alto rango en aquél entonces.

- Nada.-contestó el otro hombre, sosteniendo una bandeja en sus manos.

- ¿Nada qué, desgraciado?-cuestionó de nuevo el hombre gordo, justo antes de tomar su varita y lanzarle un cruciatus al hombre que era su esclavo.

Walden Macnair cayó al suelo junto con la bandeja que sostenían sus manos, se retorcía de dolor y por una vez más sentía aquél terrible y negro hechizo en su cuerpo, las miles de cuchillas invisibles se adentraban en su piel una y otra vez; pero aunque muriera en el intento no lanzaría ni un simple quejido de dolor, no le daría el gusto a su dueño.

- S- eñ-señ-señor-logró decir.

El hombro gordo término el hechizo al instante.

- Así me gusta idiota-comentó, mientras sorbía un poco de té, el cuál había sido traído por Macnair.

De nuevo en ése lugar, antes de convertirse en "eso", disfrutaba tanto el luchar, herir e incluso matar a alguna persona; pero ahora, todo esa situación le aburría y algunas veces le enojaba, no soportaba ser mandado por nadie, nunca lo acepto, quizás sólo por Voldemort; pero su señor era diferente, con tan sólo verlo era suficiente para tenerle respeto o miedo, su presencia era necesaria para obedecerlo, no era necesario nada más.

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-¿¡Qué te ocurre idiota!?-un hombre con gafas y portador de un bastón le grito.

-Nada señor.-respondió él sin vacilar, no quería un castigo, el último que había recibido había sido suficiente, sobre todo porque era insoportable el dormir en las noches.

-¡Entonces por qué no peleas! ¡Quiero diversión y lo que haces es dar vueltas y vueltas! ¡Ni siquiera sabes pelear, imbécil!- y sin decir nada más le soltó un puñetazo, Antonin Dolohov observaba a su dueño con una expresión de odio, y era aquello lo más fuerte que sentía por aquél hombre que se jactaba de ser su propietario.

-Como usted ordene, señor.-contestó luego de escupir la sangre que le había provocado aquél golpe.

Se dirigía al lugar en donde una vez tendría "un duelo" con algún otro esclavo, esperaba que ésta vez no fuese a muerte, porque verdaderamente no tenía ganas de matar a alguien esa noche.

Se giró a ver a su contrincante de ésa noche y no pudo evitar sorprenderse un poco.

-Buenas noches, Antonin.-susurró aquél a quién debía herir gravemente, y tan sólo para divertir a su amo.

-Buenas noches, Walden.- sonrió con suficiencia, aquella sería una buena pelea o al menos eso esperaba, por lo que recordaba Macnair era bueno en el combate con varita; pero… ¿Qué haría sin ella?-Es bueno verte de nuevo.

-Lo mismo digo.

Y allí en el medio de personas de alta alcurnia, clase a la cual ellos pertenecían antes, ambos ex mortifagos comenzaron un combate cuerpo a cuerpo, al puro estilo muggle y sintiéndose ambos totalmente humillados por tener que cumplir las órdenes de los idiotas de sus propietarios. Quizás en aquél momento era cuando más odiaban al ministro de magia, sino fuera por él, ellos muy seguramente no estarían en esa terrible y humillante situación.

-¡Ja! ¡Ya lo vez, Gruen! -exclamó el dueño del hombre apellidado Dolohov, al señor gordo propietario de Macnair.-Mi hombre es excelente en la lucha, no sé porque aceptaste esta inútil pelea, debes admitir que a pesar de sus músculos ese ex mortifago que posees, no ha dado la talla.-dijo con superioridad.

-¡Algún día te ganaré, Triums!-exclamó el hombre gordo.-Y ahora tú idiota.- añadió dirigiéndose a Macnair.- Levántate, arreglare cuentas contigo tan sólo al llegar a casa.

Walden sólo asintió, sabía perfectamente lo que vendría, mentalmente se preparaba para no dormir aquella noche y sobre todo para aguantar el dolor que muy seguramente le causaría su amo.

Antonin observó con pena a su ex -compañero conocía muy bien esa mirada de furia en el amo del mismo, era la misma que colocaba su amo, cuando uno de sus esclavos perdía alguna pelea y a dichos esclavos no volvía a verlos en muchas semanas.

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- ¡Sabes perfectamente que odio perder, maldito!- Enojado, ése era el estado de su dueño, Walden sabía muy bien lo que le sucedería, su espalda lo reclamaría luego; pero nada podía hacer, aquél era su miserable destino.


Silencio, lo mejor en aquellos momentos era quedarse en silencio.


- ¡Lo odio! Y mucho más perder enfrente de ese idiota.-vociferaba el hombre gordo.


Caminaban por un pasillo oscuro, iluminado sólo por un débil rayo de luna que se colaba por un agujero en el techo.


Gruen sujetaba a Macnair por una cadena que éste poseía en sus manos, impidiendo totalmente el movimiento de las mismas. Y arrastrándolo se adentro junto a él en una habitación aún más oscura que el pasillo.


- Ahora aprenderás, maldito engendro.-y tomando un látigo el cual se encontraba en una mesilla cercana, comenzó a azotar al mortífago con todas sus fuerzas, insultándole luego de cada azote.

Macnair sólo gemía, su espalda ardía; pero no le daría el gusto a su amo.
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