Pequeñas Obseciones [Sirius/Bella]

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Caliope Benmouhoub
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Pequeñas Obseciones [Sirius/Bella]

Mensajepor Caliope Benmouhoub » 22 Jul 2008 23:49

He decidido publicar este OneShot, sobre mi pareja favorita. Sirius / Bella, me parece tan improbable, tan perverso y tan sensual que me encanta. Esta historia tambiñen va seer un OneShot, no me siento con mucha confianza para empezar algo más extenso. Lo publicaré en tres capítulos, el primero esta narrado por Bella y el segundo por Sirius, espero que os guste y que me dejéis algún Review, que animan mucho!

Bella.

Titulo: Pequeñas Obsesiones

Sipnosis:

Todo el mundo tiene sus pequeñas obsesiones, esa pequeña cosa sutil que les fascina en el sexo opuesto, Une especie de fetichismo. Algo casi perverso que despierta una deliciosa sensación de deseo muy particular. Para Narcisa eran los hombros, para Samanta era el pecho, para Sara el trasero y para Lara era el cabello, por no se que razón oscura.Sin embargo para mí, eran las manos

Disclaimer: Ninguno de estos personajes me pertenece, TT.

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Todo el mundo tiene sus pequeñas obsesiones, esa pequeña cosa sutil que les fascina en el sexo opuesto, Une especie de fetichismo. Algo casi perverso que despierta una deliciosa sensación de deseo muy particular. Para Narcisa eran los hombros, para Samanta era el pecho, para Sara el trasero y para Lara era el cabello, por no se que razón oscura.

Sin embargo para mí, eran las manos. Unas manos grandes, fuertes, viriles pero sin embargo suaves de largos dedos estilizados, que dejaran ver en su dorso al cerrarse en un puño, sus venas bailar.

Unas manos para tocarme, acariciarme, desnudarme, hacerme gemir, unas manos para protegerme, unas manos para recorrer mi cuerpo.

Unas manos para cerrarse en un puño y golpear, unas manos para bañarme con música, para recorrer una guitarra, un piano solitario.

Pero las que me obsesionaban eran las suyas. Grandes, mucho más grandes que las mías. Fuertes, de largos dedos elegantes, suaves al tacto. Perfectas.

Me encantaba verlas agarrarse con fuerza a su escoba, enredarse en su cabello negro, jugar con su pluma, rascar su cuello. Me enloquecía verle chupar suavemente uno de sus dedos cuando comía chocolate.

Me acuerdo de la primera vez que las vi. Paseaba sola por el pasillo, acariciando las paredes frías que me protegían de la oscuridad que envolvía el castillo.

Y allí estaba él, mi perpetuo enemigo, recostado contra una pared al lado de una gran ventana abierta.

Me acerqué con paso felino, disfrutando de saberlo a mi merced. Solté mi largo cabello tan negro como el suyo y dejé que una de mis pequeñas manos de piel nívea de enredara en su cabello.

Se giró con fuerza sorprendido, su mirada gris me penetro severamente, retándome y tan solo pude ofrecerle la más perversa de mis sonrisas, disfrutando de su estado momentáneamente fuera de combate.

Aproveche la ocasión, me puse de puntillas y bese la comisura de sus labios, antes de decir en un susurro sensual:

-¿Qué haces a estas horas de la noche merodeando por el castillo?

-Déjame.- respondió fríamente, mientras daba una calada al cigarrillo que tan solo ahora podía vislumbrar.

Y las vi. Sus largos dedos elegantes y estilizados mantenían firmemente el cigarrillo. La luz de la luna me permitió observar sus venas marcarse en su otra mano cerrada en un puño que descansaba a su costado. Eran perfectas.

Le quite suavemente el cigarrillo de las manos y lo acerqué a mi boca con extremada lentitud y lo bese, saboreando los restos de saliva apenas perceptibles de mi primo. Inhale y deje que el humo se escapara sensualmente de mis labios entre abiertos, e impactara en su rostro tenso y frío.

Le devolví el cigarrillo, deleitándome con el rocé de nuestras manos, la suya era suave pero al mismo tiempo ruda.

Sabía que estaba sorprendido y confuso, pero ninguna de esas emociones se podía leer en su rostro. Era un verdadero Black, aun que se empeñara en luchar contra su sangre, su familia, su futuro, su destino, él mismo.

Lo odiaba, lo odiaba tanto que con tan solo verle reír se me revolvían las entrañas. Era un vil traidor y sin embargo seguía destacando más que yo. Todo el mundo conocía el nombre de Siruis Black, sin embargo el mío descansaba en su sombra, yo que era mucho mejor que él en todos los aspectos, me tenía que conformar con un pobre segundo lugar.

Volví a cogerle el cigarrillo de la mano, profundizando el contacto de nuestras manos al chocar, debió de darse cuenta porque pude observar como se dibujaba una pequeña sonrisa maliciosa en sus finos y sensuales labios color anís.

Inhale con más fuerza, queriendo marearme con el tabaco que me quemaba los pulmones. Tiré la colilla por la ventana, antes de volver a lanzarle el humo a la cara. Me respondió con una sonrisa desdeñosa.

Me disponía a irme cuando sentí su mano cerrarse alrededor de mi brazo, obligándome a girarme y atrayéndome con fuerza hacia él.

Su mirada de hierro me penetraba con fuerza, bañándose en mis grandes ojos negros, intentando encontrar en ellos algo que el mismo desconocía, intentando poder leer en mi, descubrir algún oscuro secreto con el cual poder derrotarme, manejarme, sin darse cuanta que sus manos que me retenían iban a convertirse en sus peores enemigas.

Me soltó sin explicaciones y se alejo con paso lento y firme, sin volver la vista atrás, aún sintiendo mi mirada intensa atravesando su espalda ancha y musculosa.

Sonreí para mis adentros, sintiendo el calor y la forma de sus dedos aún bombeando alrededor de mi brazo, mientras me dirigía a mi sala común.

Me levantaba sudada por las noches, entre mis sabanas de seda, sintiendo sus manos invisibles recorrer mi cuerpo, haciéndome cosas que me hacían temblar de placer y deseo.

Era un placer perverso y prohibido, sentir su mirada recorrer mi cuerpo, verlo jugar con sus manos para excitarme, porque sabía que de alguna manera había descubierto mi obsesión, y disfrutaba torturándome con ella.

Nuestros juegos de miradas en los que ambos luchábamos por vencer al otro, por revolverle las entrañas de un malsano deseo, se volvieron cada vez más frecuentes y peligrosas.

No podía dormir aquella noche. Nunca había sido una persona que refrenase sus necesidades, sus deseos, sus caprichos y no poder saciar el más persistente de todos me llenaba de una cólera fría.

Deambule por los pasillos, sin preocuparme a donde me llevaban mis piernas. Me encantaba sentir el viento frío rajar con su soplo mis piernas desnudas bajo mi largo camisón blanco. Desde que Rodolphus había abandonado Hogwarts, había dejado de lado la ropa interior provocativa, determinada a utilizar lo practico.

Saqué del bolsillo de mi larga capa negra desabrochada, un paquete de cigarrillos que encendí con la punta de mi varita. Me recosté sobre la ventana, disfrutando del aire de invierno revolviendo mis largos cabellos.

Me había fumado medio paquete cuando sentí una mano envolver mi cintura y acariciar con movimientos circulares mi vientres. Me estremecí de placer bajo aquel contacto.

-No sabía que eras tan adicta al tabaco.- me susurro al oído la voz ronca de mi primo.

-No sabes absolutamente nada de mí, Sirius.- le respondí dando otra calada a mi vicio.

Sentí su mano abrirse en mi bajo vientre, atrayéndome con más fuerza hacía él. Nunca pensé que aquel simple rocé podría ser tan sensual y placentero. Cerré los ojos en un suspiro disfrutando del calor de su mano en mi cuerpo.

Su otra mano estaba acariciando mi brazo tendido por la ventana. Con un gesto suave y despreocupado me quito el cigarrillo de entre los dedos, llevándoselo a la boca. Pude sentir el humo salir de su boca revolver mi cabello.

Me giro con brusquedad antes de que pudiera darme cuenta y arrojó al vació la colilla que habíamos compartido.

No dejó de mirarme en ningún momento, mientras levantaba con extremada lentitud mi camisón. Podía sentir sus dedos rozar mi piel, me mordí el labio inferior con fuerza impidiéndome gemir.

Sonrió con superioridad ante mi gesto, pegándose con más fuerza a mi cuerpo, acariciando con la punta de sus dedos mis curvas desnudas.

Era un gesto sensual y extremadamente erótico, nunca pensé que algo tan simple como una inocente caricia pudiese despertar tantas sensaciones. Podía sentirlo temblar encima mío, los latidos de su corazón golpeaban mi propio pecho, su respiración nublaba mis sentidos.

Rodeé su cintura con mi pierna, acortando aún más la distancia que nos separaba y deje caer mi cabeza hacía atrás al sentir sus dedos arañar mi muslo desnudo y dirigirse peligrosamente hacía mi intimidad.

-Estoy arto de estos jueguecitos.- me susurro al oído, lamiendo hambriento mi lóbulo.- Deja de provocarme.

Lo miré con superioridad, antes de rozar imperceptiblemente su labio superior y zafarme de su abrazo.

-Buenas noches, Black.- murmuré agitada, antes de dirigirme con paso firme y rápido hacía la sala común de Slytherin.

Me dejé caer suavemente en mi cama dejando que mi cuerpo se amoldara a perfectamente a mi colchón.

Sentí mi respiración agitarse al recordar sus manos recorrerme. Y me arqueé bajo su cuerpo invisible, mientras mis manos desabrochaban lentamente mi camisón.

Desnuda, me dirigí hasta el espejo que se encontraba al lado derecho de mi habitación. Me observé con detenimiento, pudiendo aun sentir sus manos quemar mi piel. Suspiré sintiendo el deseo reprimido quemar mis entrañas.

Deslicé mi mano aventurera, por mi pecho perfectamente redondo, ni demasiado grande ni demasiado pequeño, mientras mi otra mano hundía sus unías en mi cuello, acariciándolo suavemente.

Siguió su camino ascendente, rozando mi vientre plano, hasta llegar a mi muslo que araño, antes de adentrarse en mi intimidad. Deje caer mi cabeza hacía atrás e imagine que mi pequeña mano frágil y grácil, se convertía en la mano grande, fuerte y elegante de mi querido primo.

Volví a mirarme en el espejo, clavando mi mirada en el reflejo de mis ojos, leyendo la lujuria y el deseo reprimido en ellos. Sonreí de medio lado. Esa tan sola imagen de mi misma, dándome placer pensando en las manos de mi primo recorriéndome, era necesaria para excitarme de sobre manera.

Entre en el gran comedor con paso firme y decidido, podía sentir varias miradas penetrarme, intentando desnudarme.

Me senté al lado de Severus. Sin duda era la única persona de la cual podía decir que me caía bien. Se parecía tanto a mí, que me daba escalofríos. Teníamos el mismo gusto por la soledad y las Artes Oscuras. Disfrutábamos perversamente del miedo pintando en las caras de los demás al pronunciarse el nombre del Señor Oscuro, nuestro futuro Lord.

-Buenos días, Bellatrix.- me saludó con voz fría y distante.

-¿Cómo estás, Severus?- pregunte en el mismo tono cortante.

-Pues desayunando, como puedes ver.- respondió fríamente, robándome una sonrisa desdeñosa.

Dejé, sin darme cuenta que mi mirada viajara hasta la mesa de Gryffindor, donde encontré sus ojos de acero clavados en mí. Se me revolvieron las entrañas de puro deseo y decidí provocarle.

Me llevé con infinita lentitud una de las manzanas que descansaban sobre la mesa, a mi boca, la chupe lascivamente antes de morderla, sin dejar de mirarle en ningún momento.

Pude ver con satisfacción como cerraba sus manos en dos puños, a cada lado de su plato y respiraba con dificultad, intentando controlarse.

La campana resonó y todos los alumnos se dirigieron a sus respectivas clases. Una masa inmensa de alumnos se había reunido delante de las puertas del Gran Comedor. Me deslice entre la gente intentando encontrar la salida entre tanto gentío, cuando lo vi allí rodeado de varias niñas, suspirando a su alrededor y haciendo el mayor esfuerzo para rozarle. Me dirigí firmemente hacía él y sin previo aviso me dejé caer encima de él, fingiendo que me habían empujado.

-Haz el favor de mirar por donde vas.- sisé volviendo a recuperar el equilibrio pero sin apartarme de su cuerpo.

-Que yo sepa tu caíste encima mío.- respondió el intentando apartarse, pero mi cuerpo se lo impidió, pegándose con más fuerza contra su pecho.

-Sal de mi camino.- murmuró con voz ronca por el deseo naciente.

-Apártame.- respondí altiva, mirando al frente mientras seguía caminando lentamente.

Agradecí la multitud inmensa que nos rodeaba, porque si no todo el mundo se habría dado cuenta, que mi amado primo venía de pasar una de sus perfectas manos bajo mi falda, acariciando suavemente mi muslo, tan imperceptiblemente que me era imposible saber si estaba soñando con el tacto o si me acariciaba de verdad.

Y aquella sensación de deseo salvaje me baño por completo haciéndome temblar, era tan placentero sentirlo cerca de mí, que me quemaba el pecho y mis piernas amenazaban con dejarme caer. Mis entrañas rugían torturadas por sus caricias, rugían porque querían sentirlo con más intensidad, con más fuerza. Nunca había sentido algo tan fuerte, una agonía tan dulce. Ni siquiera Rodolphus podía hacerme temblar con tan solo mirarme.

Dejé que sus dedos acariciaran mi intimidad encima de mi ropa interior antes de volver a zafarme de su abrazo y salir del gentío.

Me senté en la fila de la izquierda que era la más oscura y crucé mis piernas, esperando la llegada de los demás alumnos, mientras el profesor Binns, se ponía cómodo. Con lentitud el aula se lleno por completo.

-Deberías parar.- me dijo en un susurro Severus, quien se había sentado a mi lado.

-¿Qué?- pregunté sin entender a lo que se refería.

-Deja de intentar llevártelo a la cama.- me respondió suspirando.

No intente negar, sabía que no serviría.

-Es un traidor.- continuó el pelinegro.

-Lo sé.- me limito a responder.

-¿Sabes lo que te harán si se enteran, no?- pregunto con frialdad Severus.

-Lo sé.- dije con una sonrisa maliciosa adornando mis perfectos labios, finos y suaves.- Eso es lo más excitante.

-Eso acabara contigo.- me respondió el con superioridad.

-Jugar con él es deliciosamente placentero, saberlo mío es como una droga, deber ser la sangre.- le solté mientras una fría risa falsamente melodiosa invadía mi garganta.- Y esto acabara cuando dejemos Hogwarts, es solo una perversa diversión.

-Tu lo as dicho, vuestra sangre os tiene demasiado unidos, peligrosamente unidos.- sus grandes ojos negros se habían clavado en mí con una insistencia sorprendente.- El deseo malsano que sientes hacía tu primo no se apagara nunca, ahora que ha despertado, y pones en peligro tu camino hacía el Lord Oscuro.

-Nunca.- mi voz debió convencerlo porque se mirada se suavizo y se dejo caer sobre el respaldo de su silla.

Como podía haber creído durante tan solo un momento que yo abandonaría mi destino por algo tan sutil como el deseo, que una vez saciado desaparecería.

Había nacido para servir la causa y así lo haría, no quería oír hablar de amor y de traición, cumpliría mi obligación con orgullo. Haría pagar a los muggles todo el daño que habían hecho a nuestro pueblo, los mataría uno a uno si era necesario y nada ni nadie me detendría, ni siquiera aquel devastador deseo que me quemaba las entrañas.

Salí aburrida del aula cuando sonó el timbre y me dirigí hacía los jardines. Me quité los zapatos con lentitud, antes de dejar mis pies bañarse en el frío lago.

Esa sensación me hacía sentir tan bien. Me dejé caer hacía atrás hundiendo mi cabello en la hierba húmeda, mientras balanceaba suavemente mis piernas y dejaba vagar mis pensamientos, que queriendo o no siempre volvían a sus manos.

Deje que mis parpados se cerraran para poder disfrutar con más intensidad del agua fría, acorralándome, haciéndome tiritar dividida entre el dolor y el placer.

-No deberías merodear sola por allí, podrían ocurrirte cosas muy feas.- me dijo una voz al oído arrastrando las palabras.

-Déjame tranquila, Malfoy.- dije en un suspiro levantándome sin prestarle atención.

No me dio tiempo a ponerme los zapatos que Lucius ya me tenía cogida por la cintura y bien pegada a él. Sonreí con malicia, era tan fáciles de controlar, con tan solo una sonrisa y un movimiento de caderas, podías tener a todos los hombres a tus rodillas jurándote amor eterno.

Dejé que mi dedo índice recorriese su pecho bien formado, bajo la tela de su camisa y le sonreí con sensualidad.

Me besó con suavidad, enrollando su lengua alrededor de lamía, sometiéndose a ella, para que no le negara el placer que me pedía a gritos su entrepierna.

Lo aparte con fuerza, asqueada por compartir la boca de aquel hombre con mi hermana.

-Aléjate, Malfoy. No te conviene que Narcisa se enterré de esto.- le susurré suavemente al oído.

Intenté alejarme pero me retuvo, amenazándome con su mirada fría. No pude evitar que una sonora carcajada de burla se escapara de mis labios. ¿De verdad creía que me intimidaba, que me daba miedo?

En un abrir y cerrar de ojos, tuvo mi varita clavada en lo más profundo de su pecho.

-Aléjate.- susurré sin atisbo de broma. Sabía que mi rostro se había vuelto sombrío y perverso, podía leer la confusión y el miedo en lo más profundo de los ojos azules de Malfoy.

Se alejo sin una palabra más y guarde mi varita con tranquilidad. Como me aburrían esa clase de altercados sin sentido y sin acción. Que perdida de tiempo.

Me dirigí hacía el castillo, con los pies descalzos, disfrutando de la húmeda hierba acariciar la palma de mis pies.

El suelo se volvió frío y duro, me dolía sentirlo rajarme pero al mismo tiempo me permitía seguir lucida en la oscuridad que envolvía el castillo. Hacía tiempo que no conseguía distinguir con claridad el paso del tiempo, que todo a mí alrededor se hacía confuso e irreal.

Quería irme. Poder huir lejos. Dejar de caminar por los mismos lugares cada día, ver la misma gente, tener los mismos encuentros.


Dejar de ocupar su sombra, estar siempre detrás de él, tenía que superarlo. Quería que mi nombre hiciera historia, que descansara en la gloria, en lo más alto. Quería ser alguien. Que la gente me recordara por mi grandeza. Por mi poder. Por lo que yo sería.

Estaba harta de ser siempre la sombra invisible detrás del gran Sirius Black. Estaba decidida a vencerlo. Y sabía que lo lograría, porque yo era una Black. Una verdadera.

Y nadie me vencería nunca. Ni siquiera tú. Mi dulce primo.
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[center][hide=Garabatos]

[hide=Adicción] Hermione ha perdido a la persona que más amaba, Harry la ha apartado del mundo mágico para protegerla. Sus demonios se apoderan de ella, cae en el mundo de la droga y el alcohol, sin darse cuenta que su mayor enemigo se esta convirtiendo en su peor adición.Terminada [Hr/Dr][/center]

[center][hide=Hermione]"El amor y la crueldad no son cosas opuestas: siempre se encuentran juntos en los caracteres más firmes y mejores.” Hermione/Draco[/center]

[center][hide=Me puedes]Me puedes, te juro que me puedes. Has reducido un siglo de autocontrol a cenizas. Viñeta. Twilight. Edward/Bella[/center]

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[center][hide=Pequeñas Obsesiones]Todo el mundo tiene sus pequeñas obsesiones, esa pequeña cosa sutil que les fascina en el sexo opuesto, Une especie de fetichismo. Algo casi perverso que despierta una deliciosa sensación de deseo muy particular. Para Narcisa eran los hombros, para Samanta era el pecho, para Sara el trasero y para Lara era el cabello, por no se que razón oscura.Sin embargo para mí, eran las manos.OneShot. Sirius/Bella[/center]

[center][hide=Confesiones de una mente perturbada]Fanfiction en Grupo. ¡Apuntense![/center][/hide][/hide][/hide][/hide][/hide][/hide][/hide]

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Mensajepor Maeva Black Okus » 28 Feb 2009 21:18

Hasta ahora nose como se me perdio esta Cali,....

la vas a seguir no?
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Kayra Black
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Mensajepor Kayra Black » 28 Jun 2009 05:40

:eek2: lo encontre hasta el fondo!!


Sucia, Bella, sucia !!

xD

Muy bueno
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Por una ansiedad que no deja dormir.
Yazco con los ojos abiertos observando a la luna viajar por el cielo.
Con un llanto indómito corriendo por mis mejillas,
muriendo en mi garganta.
Presa de pensamientos atormentados doy vueltas en mi cama
mientras me pregunto:
¿He olvidado cómo se ama?
By: Nix
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oOFleurOo
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Mensajepor oOFleurOo » 17 Sep 2009 07:32

O.o Me encantó!

¿Continuarás?
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Gracias AI 2010 ^^

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SeeeH -SACLIM- sI Lee eL cOrrEo a mEnuDoo..!! xD

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