Conectad@

[i:] Lee fan ficcions de todo tipo entre otros los de amor para las mentes más sensibles o slash. [/i:]
Girita
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Mensajepor Girita » 22 Oct 2009 20:07

ooooooooooooook lo sabiaaaa lo abia dichooooo ooo mi diooooos!!!!
Ámame como nunca amaste a alguien, llévame asta el fin del mundo pero porfavor no me dejes aquí ahogándome en mi soledad…[/b][center][font=Georgia][/font][spoiler]
AnnKora
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Mensajepor AnnKora » 09 Dic 2009 14:51

Hola! Hacia meses que no pasaba por el Foro!!!
Aixxxxx
En fin. Lo siento! Ahora pongo el Fic al día.
Besos
Imagen


Pasate por mis fics:

Trece Minutos... (Harry & Ginny http://hpwbespanol.foros.ws/post.php?p=1305970#1305970

Conect@ (Hermione tiene un amor un tanto Extaño. ¿Conoces a VERSUS?)
http://hpwbespanol.foros.ws/viewtopic.php?p=376529#376529

El Ricón de Versus http://hpwbespanol.foros.ws/viewtopic.php?p=546580#546580

Inconsciente (Para amantes de Draco & Hermione)
http://hpwbespanol.foros.ws/viewtopic.php?p=418282#418282

Be my Babyhttp://hpwbespanol.foros.ws/post.php?p=1307337#1307337


Fic Terminado!!!
Sentimientos de un Corazón Oscuro (Lily no tendría que haber muerto ¿quieres saber por que?)
http://hpwbespanol.foros.ws/viewtopic.php?t=968&postdays=0&postorder=asc&&start=0
AnnKora
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Mensajepor AnnKora » 09 Dic 2009 15:04

oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo

Recomendación: Para este capitulo os recomiendo la canción de “Ojos de Esperanza??? de Eros Ramazzoti. Es la canción que ha inspirado este final.

oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo oOo

Primer Final: Ojos de Esperanza


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Llevarla hasta el refugio le tomó muy poco tiempo, presto por saber por donde iban, presto por llegar lo antes posible por ella.

A pesar de que el tiempo había dejado de tener sentido para ellos dos.

Apretujada contra el cuerpo de él, sollozaba y temblaba ligeramente, murmurando palabras inconexas. Sabía que ella estaba vaciando su alma de todos los acontecimientos que la había zarandeado como a una marioneta. Al igual él, al sentir que sus ojos oscuros seguían derramando lágrimas a pesar de que quería evitarlo. Pero no podía... Y ya no eran de tristeza o alegría. Solo eran la más clara expresión de sus sentimientos contradictorios dentro de sí.

Al entrar en la pequeña cabaña, se apresuró en recostarla en la cama y encender el fuego. Habían bajado mucho las temperaturas y la cabaña estaba helada. Además, no se podía decir que ella fuera muy abrigada, precisamente. Por lo que, moviéndose con rapidez, saco varias mantas del viejo armario y cubrió con ellas el cuerpo ovillado de Hermione. En el trayecto, se había quedado dormida, agotada física y anímicamente, por todo lo que había pasado.

Conjuró varios hechizos, para la protección de la cabaña y térmicos. Sonrió mientras observaba el pequeño cuerpo sepultado por manta. No cabía duda de que se volvía muy protector con respecto a ella. Una faceta suya que por tiempo había estado olvidado y que su pequeña leona no solo había despertado, sino que lo había potenciado.

Como muchas otras cosas en él...

Mientras ella dormía, aprovechó para mandarle un patronus a Dumbledore. Seguramente el viejo chismoso ya estaría enterado pero, bueno, ya se sabe. Albus Dumbledore le era como un padre para él, su mentor. Y prefería decirle las cosas él mismo. Al fin y al cabo, el viejo director se había ganado su absoluta confianza.

Preparó algo de comida, para cuando ella despertara y también se preparó un té caliente, que le ayudaría a esclarecer su mente para pensar en lo que tenía que venir.

Con la taza entre las manos, se sentó en un viejo sillón orejero frente al fuego y mientras tomaba el té viendo como crepitaba lentamente el fuego, comenzó a pensar en cual iba a ser su futuro.

Siempre había dirigido sus proyectos en uno, todo lo que había planeado y previsto en su vida, giraba a su criterio, hacia su persona. Pero la mujer que ahora dormía tranquila en aquella misma habitación, lo había trastornado sacudiendo sus cimientos de tal forma que ahora todas sus decisiones giraban en dos. Sus planes, sus deseos, sus anhelos...

Ahora tenía mucho en lo que pensar, por que tenía mucho que perder...

Miró al fuego y suspiró cansado. La noche sería muy larga.

El té dio a su fin y tuvo que reavivar el fuego. Lo hizo de forma manual, no sabía por que pero ese gesto siempre le había gustado hacerlo sin magia. Le traía a la mente de los pocos recuerdos felices que tenía de su madre.

Se levantó para dejar la taza sobre la pica (*) y se dirigió hacia la pequeña cama, para reunirse con su pequeña. Se desvistió rápido y, con cuidado de no despertarla, retiró suavemente la ropa de cama, para tenderse delicadamente al lado de la mujer que amaba. El súbito cambio en la respiración de ella, lo hizo quedarse quieto como una estatua hasta asegurarse que ella seguía durmiendo, por lo que se acomodó lo mejor que pudo en el pequeño hueco.

Inconscientemente, Hermione reacciono a la “invasión???, girándose hacia él y abrazándolo de forma que se amoldó a él por completo. Apoyó su cabeza en el flagelado pecho, pasando uno de sus brazos por la angosta cintura de él.

Severus no pudo evitar curvar sus labios y corresponder a ese gesto. La miro detenidamente a la luz del fuego, que arrancaba destellos dorados a los rizos esparcidos caóticamente sobre la almohada. Era toda una visión para él, en la que no le importaría permanecer toda la vida. Desde su ángulo de visión, grabó en su mente la curvatura perfecta y llena de sus labios rojizos. El abanico espeso de pestañas, que protegían aquellas orbes doradas. Su pequeña nariz... algo respingona y graciosa, coronada por varias pecas difuminadas. Su piel, tersa y suave como la del melocotón. Su olor, único y puro...

La detalló a centímetro, sabiendo que podría ser la ultima vez que tuviera tanto tiempo para hacerlo.

Suspiró pesadamente y cerró los ojos. Más que nunca deseaba no ser él mismo. Por mas vueltas que quisiera darle al asuntos. Por mucho que ellos dos se amaran... Tenía una misión que cumplir. Tiempos aciagos se cernían sobre el mundo mágico y él jugaba un papel de peso.

Si por él fuera... si pudiera, lo mandaría todo al más oscuro de los abismos. Lo dejaría todo y escaparía con ella, llevándosela lejos de todos los peligros que ahora amenazaban al mundo mágico, partiendo desde cero en algún lugar remoto...

No siendo Severus Snape ni Hermione Granger.

Pero llegado el momento ¿Traicionaría la confianza que Dumbledore había puesto en él, a pesar de todo? Sabía que su papel era crucial en aquella guerra. ¿Sería lo suficiente egoísta como para dejarlo todo y escapar con su pequeña? Supo que la respuesta era Sí y se dio asco de si mismo. Como un vil cobarde y egoísta... después de todo lo que Dumbledore había hecho por él, de las veces que había salidos en su defensa y de todo lo que le había confiado. Albus era el padre que nunca tuvo, su modelo a seguir.

Miro a Hermione, acurrucada contra su pecho... ¿Qué pensaría ella? ¿Podría volverla a mirar a la cara si ahora la tomaba y huía con ella? Definitivamente No. Conocía suficiente a la leona como para saber cual era su pensar y cual sería su forma de proceder. Hermione preferiría morir a dejar a sus compañeros, a Potter y compañía, solos en la batalla. Los celos le amargaron por momentos, aún sabiendo que no eran justificados. Además, sabía que Hermione no iría contra sus principios y si algo era, y sobradamente, era valiente y justa. No daría la espalda, no huiría como una cobarde aunque su vida dependiera de ello.

Y en el caso de que él la pudiera persuadir, la conocía lo suficiente como para prever que la culpa de esa decisión pesaría demasiado para ella. Para ambos, por que sería algo que siempre los marcaría.

Pero es que no quería perderla. Y mucho menos, quería que ella sufriera. Ya suficiente daño le había causado aquella locura. Y sabía, al igual que dos y dos son cuatro, que Hermione se implicaría en aquella maldita guerra. No se apartaría por mucho que él se lo pidiera.

En ello, era tan parecida a Lily...

- Lily-pensó y sus profundos ojos se volvieron a abrir. En el techo, una telaraña se desdibujaba a la escasa luz de la lumbre. Lily había sido su mejor amiga, su confidente y su primer amor. Había llegado a confiar y a amar a Lily de una forma que no creyó posible. Pero también de forma oscura y posesiva. Ella era de él. No iba a dejar que nadie le arrebatara la felicidad que sentía estando con ella... ¡Merlín! Se llevó la mano al pecho y acarició una de sus cicatrices, llevándose en la caricia varios mechones de Hermione. Aun recordaba como se había presentado delante del Lord Oscuro y se la había demandado como “premio???. Con un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos resbalando silenciosamente por sus mejillas, podía recordar las palabras de ese mismo Lord después de matarla y la reunión que había tenido con Albus Dumbledore. Aquellos ojos azules, traspasándole el alma, lo atormentaban casi tanto como cuando veía a través de los ojos de Harry Potter, a su desaparecida amiga.

Respiró hondo e intento serenarse. Solo Merlín sabía el dolor que soportaba en el alma. Aquella pesada carga... Lily había muerto cuando no lo merecía. Tan pura y buena, como valiente y decidida. Y él no lo había podido impedir, quedando atrapado en su propia trampa de sed de gloria.

Siguió acariciando los rizos de Hermione hasta llegar a su nuca. Ella se parecía a Lily en muchos matices. Como a la hora de no juzgar a los demás sin conocerlos. En la valentía. En la presteza en ayudar a los demás. Aunque Hermione tenía algo que marcaba... su Curiosidad. Una curiosidad nata que la había llevado a mas de una situación comprometida (aun recordaba el episodio con Lupin, el sauce boxeador y la luna llena).

-Hermione...- susurró involuntariamente.

Amaba a Hermione desde lo más profundo y con el tiempo había llegado a comprender que su amor por ella era más puro. Quizás por lo que le había tocado vivir... por lo que había perdido en el camino de la vida. Y No estaba dispuesto a que la historia se repitiera.

Daba igual si él perdía la vida... ella tenía que vivir. Tenía que salir victoriosa de aquella guerra. Tenía que estudiar y alcanzar sus metas... casarse... tener hijos y envejecer, feliz y satisfecha rodeada de nietos.

Y, era consciente de que en aquella ecuación perfecta, no había lugar para él.

No, él no.

El amanecer lo sorprendió con las ideas claras y ordenadas. Ahora vendría lo difícil... decírselo a ella. Y lo imposible, que ella aceptara. Sabía que no sería fácil, que la dañaría, pero el dolor por la decisión que el tomaba era sin duda un granito de arena en comparación de todo lo que podría suceder si no operaban así.

Además, ella no lo sabría todo, solo lo justo y necesario hasta llegar el día... y ese día, ella comprendería. Estaba seguro. Confiaba que para entonces, lo hubiera perdonado por su decisión.

Con la mayor ternura del mundo, comenzó a besar la frente de Hermione con la clara intención de despertarla. No había tiempo que perder...


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-¡No puedo crees que lo digas en serio, Severus!- gritó histérica, mientras gruesas lágrimas corrían por su rostro. Aquello no podía estar sucediendo. ¿Acaso estaba destinada aquella relación a vivir sufriendo? ¿No habría para ellos ni un segundo de paz? El amor no debía ser castigado...

- Hermione, por favor... tranquilízate pequeña- se intentó acercar a ella para estrecharla entre sus brazos.

- ¡NO ME LLAMES PEQUEÑA!- rábica, y siendo inaudito en ella, Hermione le lanzó la almohada. Aun suerte que no estaba en el lado opuesto de la estancia, donde aun permanecía intacto una jarra de agua vacía. Aquello sin duda le hubiera hecho mas daño.- No puedo creerlo... ¡Estáis Locos!! LOS DOS! - se mesó los rizos, recogiéndoselos hacia atrás. Tan solo hacía una hora que dormía feliz abrazada a él y ahora... ahora aquel maldito infeliz al que amaba le decía que tenían que hablar y le revelaba a todo aquello a bocajarro. Y entre lo que iba a hacer... ¡Matar a Dumbledore! Y lo más fuerte era... ¡Que la idea la había sugerido el viejo director!!!. Y, como no, Severus se iba a involucrar en ello, se lo había jurado. Sabía que él le debía mucho al director de Hogwarts. También sabía que Dumbledore era un genio y siempre tenía razón, por muy extraña que fuera la circunstancia, pero aquello... aquello directamente era una Locura.

Ella podía pasar por que Severus fuera un doble espía. Y podía entender que tuviera la marca tenebrosa tatuada y que a veces tuviera que “ser mortífago??? (con todas sus consecuencias). Podía soportar que ellos tuvieran que fingir y llevaran su relación en secreto (con todo el dolor de su corazón, a pesar de que por otra parte, era excitante).

Todo aquello ya lo había pensado en el trayecto desde la Salla Agnotis hasta el lago donde lo había hallado después de su revelación.

Pero todo lo que le acababa de explicar. No, no podría soportarlo...

Severus aprovecho este lapsus de tiempo para acercarse a ella y abrazarla con fuerza. Ella se removió con fiereza entre sus brazos, no queriendo dar su brazo a torcer, hasta que desistió sollozando y dejándose abrazar. Ya no le quedaban fuerzas. ¿Dónde estaban todas sus ilusiones? Todas sus esperanzas... rotas.

- Hermione, no hay otra forma...- susurró quedadamente mientras la mecía intentando calmarla. Él mismo lo daría todo por otra solución. Pero no la había. Demasiado en juego...

- Tiene... tiene que haberla, Severus- meneo varias veces la cabeza. Parecía no querer entender, hasta cierto punto, demente- Yo... no quiero- dijo mientras enterraba su cara en el pecho surcado de cicatrices – No quiero perderte...- su mano izquierda acaricio suavemente varias de las cicatrices de aquel castigado pecho. ¡Cuánto había tenido que sufrir Severus! ¡Cuánto había tenido que pagar...! No era justo. Él ya había saldado su deuda. Sabía que la guerra estaba cercana, que se tendrían que hacer muchos sacrificios pero él no... de ella podían tomar lo que quisieran, pero no a él.

- Yo tampoco quiero perderte... pequeña- murmuró rozando con sus labios, la frente de ella. Cerró los ojos permitiéndose disfrutar las caricias que ella le prodigaba. Sentía que los dedos de Hermione le curaban hasta las más profundas heridas. Esa era la magia más pura de todas... la del amor. El verdadero amor, que una vez salvó la vida de Harry Potter y ahora sanaba sus heridas. Un amor que él creía que jamás experimentaría- Pero no hay otra salida...- la estrechó fuertemente y enterró su nariz en el hueco del cuello de ella. Adoraba como olía. Identificaría aquel olor allá a donde fuera, con los ojos cerrados y aturdido. Era Su Olor... salvaje, natural y puro.

- No es justo, Severus...- su voz se volvió a romper, mientras se apretaba más a él si cabe y sus lágrimas quedaban presas en la piel de él – ¿Por que tiene que ser todo así? Acaso... ¿acaso es tan malo que nos amemos como para que se nos castigue? ¿No vamos a tener ni un minuto de paz?- A pesar de que Hermione sabía que nadie los castigaba, no se le puede hacer razonar a un corazón que sufre, porque este... solo siente. Y no razona.


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Los celestes ojos repasaban minuciosamente las estrellas. Sumido en sus pensamientos, las arrugas se acentuaron en el cansado rostro del viejo director de Hogwarts. Sus manos acariciaban lentamente su barba, intentando sosegar su alma.

Cuanto le pesaban las cadenas del pasado. Cuanto le pesaban las cadenas del presente. Y las del futuro... En aquellos momentos eran en los que deseaba tener poder para cambiar y borrar el dolor que los acechaba. Más que poder... tener tiempo... y sabiduría para obrar de la mejor forma sin daños colaterales. Pero aquello era pedir que el sol y la luna se fundieran en uno.

Llevó sus orbes hasta el fénix que dormitaba tranquilo en su palo. Sin duda, este le era un valioso amigo que tendría un papel importante a pesar de que también sufriría con su decisión.

No le sobresalto escuchar aquellos tres toques en la puerta. Ya los esperaba.

- Quizás no todo esté perdido...- susurró para si mismo, dando autorización para entrar en la habitación. No se sorprendió ver a Severus entrar por el dintel de su despacho, acompañado. Aunque ahogo una pequeña sonrisa al ver que venía tomado de la mano por una tímida y muy sonrojada, Hermione Granger.

- Albus, tenemos que hablar- la voz solemne de Severus chispó los ojos del viejo director.

-Sin duda, aún hay esperanza...- pensó por unos instantes Dumbledore mientras les hacía un gesto con la mano – Tomad asiento, por favor. ¿Un caramelo de limón?- tanto Hermione como Severus, negaron con la cabeza.

Los tres se sentaron alrededor del majestuoso escritorio, en absoluto silencio. De la nada aparecieron unas teteras humeantes, tres tazas y una bandeja surtida de bollería.

-¿Gustan de una taza de té, café o chocolate?- les ofreció, mientras les pasaba las tazas.

- Te, por favor Albus- susurró Severus. Su rostro era inescrutable. Dumbledore solo lo había visto tan determinado hacía casi 17 años, cuando declaro que lo ayudaría como doble espía. Una de las teteras se desplazó, dejando caer en la taza el humeante té ambarino.

- Yo... yo...- la voz de Hermione esta ligeramente rota. Por las lágrimas, como bien supuso el director. El anciano pudo apreciar un gesto desconocido en el profesor, cuando Severus alzó una mano y acarició suavemente la mejilla de ella, infundiéndole valor. Ambos se miraron a los ojos y el Albus comprendió que para ellos, ahora mismo, no había nada más. Se sintió espectador de algo tan intimo que se entristeció. Desearía poder aliviar la carga de ambos, pero una vez más, el destino era macabro e injusto, cebándose con quienes menos lo merecían.

Después de unos instantes, Hermione pareció serenarse- Yo tomaría un poco de café, profesor- su voz aun estaba velada. Una segunda tetera, vertió el contenido en la taza de Hermione.

Ninguno de los tres tocó la bandeja de bollería, quizás por que ningún podría hacer pasar bocado. Los tres sentían que los sentimientos anudaban las gargantas.

- Creo que ya sabes por que estamos aquí, Albus- la voz de Severus rasgo la sala. En su entonación había la firme convicción de lo que estaban haciendo. Pero también había dolor y tristeza, que intentaba enmascarar con su bien conocida frialdad. Un gesto que, tanto el director como la castaña, sabían que era innato, más tan solo era una máscara.

- Sí. No hay tiempo que perder Severus- se levantó con ligereza y fue hacia la librería de su derecha. Tomó dos tomos que hicieron mover la estantería hacia la derecha, dejando a la vista una pequeña puerta de madera antigua – Vamos-

Tanto Hermione como Severus dejaron sus tazas sobre la mesa, se pusieron en pie y se dispusieron a seguir al anciano director por aquel angosto pasadizo, sin saber bien a donde iban.

La estantería se selló a la vez que las tazas desaparecían. Ya no había vuelta atrás.


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Se sentó lentamente en la cama mientras observaba como él, completamente desnudo, avivaba el fuego manualmente. A pesar de que Severus no era Versus, le atraía en sobre manera. La túnica tapaba aquel cuerpo espigado y flexible, pálido, musculado en cierto grado y ágil. Lo que le dolía era verlo surcado por varias cicatrices (la mayoría hechas por culpa del Lord) pero aun así, deseaba su cuerpo. Le gustaba su cabello negro, como una cortina gruesa, de tacto curiosamente suave. Su nariz ganchuda, llena de personalidad destacaba sobre un rosto afilado pero bien proporcionado. Sus labios, que aunque eran finos, eran dulces y siempre se movían con maestría sobre los de ella. Sus ojos, oscuros como la noche, cargados de secretos y misterios... de un exotismo que le era sumamente erótico. Su voz... profunda y calmada. Y su olor varonil y envolvente. Severus Snape no era guapo, era misterioso y atractivo. En momentos, sus ojos tenían un cariz salvaje...

Había aprendido a leer más allá de sus palabras hirientes y sus comentarios sarcásticos. A su riguroso negro en la vestimenta... al hacer creer que su pelo era grasiento... Todo era una máscara. Un camuflaje perfecto para un doble espía, odiado en sumo grado por la mayoría. Pero le era perfecto, ya que en más de una ocasión, esa máscara le había salvado la vida. Y no tan solo a él...

Hermione miró su dedo anular. Brillante, como la promesa que habían hecho hacía apenas unas horas, ese anillo la unía para siempre a él.

Sonrió. Poco importaba lo que viniera a partir de ahora. Estaba perdidamente enamorada de Severus Snape. Lo amaba y ahora era su esposa. Así de simple. Así de llano. A pesar de no poder compartirlo con nadie más, ahora era Hermione Snape.

Para siempre.


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La noche se había cernido y nadie sospechaba que es lo que iba a ocurrir en aquella estancia... ¿nadie? Eso no era del todo cierto.

- No, no lo hagas!- le suplicó en aquella habitación vieja que había tenido mejores años. En el suelo, rogaba mientras observaba como él apuntaba con su varita.

- No servirán de nada las palabras...- sus ojos, aun con lucha interna, mostraban determinación. Era su vida o la suya. No quería dar más cuentas, ya había sufrido bastante. -... no tiene salida - Cerró un momento sus ojos y con un movimiento seco, acabó.

Una puerta se cerró tras de él, mientras la luz iluminaba la estancia. El amanecer tiño de rojo el cielo precediendo lo que acontecería el día. Aquel era el principio del final.

No habría más amanecer.


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El tiempo, todo lo cura. Pero hay heridas que sangran por y para siempre al no querer ser cerradas por aquellos que las sufren. Como una penitencia que les recuerda las cosas del pasado

Sentada en la ladera observo como nace el sol. Hoy es el primer día, el inicio de un nuevo ciclo y solo puedo ver lo que me rodea con añoranza. Mojo mi pluma en tinta verde y escribo:

Once años hace ya y todavía duele esta herida que sangra...

La guerra, ahora tal lejana como el olvido, solo me trae recuerdos de sufrimiento y destrucción. Por que da igual si se gana o si se pierde... en la guerra Siempre se Pierde. Alguien dijo una vez que en una guerra se perderá más de lo que se ganará y es cierto... tan cierto como las palabras de Gandhi: No hay un camino para la paz. La paz es el camino.

Por que en la guerra es siempre sinónimo de muerte. No importa quien gane.

Que mi amigo y hermano, Harry Potter había derrotado definitivamente a Lord Voldemort era motivo de regocijo. Pero la victoria estaba empañada por las muertes de todas las personas que habían perecido, sin importar del bando al que había pertenecido.

Alumnos, profesores, familiares, aurores, mortifagos... Era estremecedor...

Durante varios meses, previos a la Batalla Final, el caos y el horror habían reinado al tomar Voldemort posesión del Ministerio y del mismísimo colegio (tras la muerte de Dumbledore). Dumbledore... muerto a manos del profesor Severus Snape, quien asumió el cargo como director. Recuerdo el entierro, el dolor que sacudió a la comunidad mágica y el vació que nos dejo a todos. Albus Dumbledore era un genio y nunca debería haber muerto.

La carga que Harry llevó encima... en la que Ron y yo lo ayudamos todo lo que pudimos y como nos implicamos en la búsqueda de los horrocruxes. La noche que fuimos llevados a la mansión de los Malfoy... recuerdo los ojos de Draco, intentándome decir algo, la desesperación del momento en un vago intento de salvarnos, diciendo que no nos conocía...

Recuerdo a Bellatrix, su cruel risa y el dolor que me provocó...

Recuerdo la ultima batalla, la decisiva... cuando Harry y yo entramos en el despacho del director bajo la capa de invisibilidad. Cuando presenciamos la muerte del director y antiguo profesor de DCAO y Pociones, Severus Snape. Recuerdo su cara, agonizante, entregándole a Harry sus recuerdos. Recuerdo sus ojos mirarme... unos profundos ojos negros que escondía misterios y secretos. Como el secreto que yo guardaba, más aun no sabía.

Y aquella olor... no sabía por que, pero la muerte de mi profesor me impacto en sobre manera.

Recuerdo que en la salida de la estancia hubo algo que me llamó la atención... Una rosa negra.

Y ahí, precisamente después de tanto dolor y sufrimiento, mi herida se abrió por completo y comencé a entender... Llevaba días soñando con alguien sin rostro. Palabras, sonidos, olores... y aun sin saber por que, Severus Snape cuadraba en aquella ecuación.

No dije nada, por que no sabía sobre que decir.

Dos días después de que la guerra acabara, llegó una visita de lo más inesperado... Fakwes, el fénix de Dumbledore que había desaparecido tras el entierro, llegó al Castillo de Hogwarts trayendo una carta para mí. Recibí la carta a solas y esperé a que fuera de noche para abrirla. Dentro se hallaba una citación para el día siguiente para Gringotts, el banco mágico de Londres. La cuestión era tildada de Herencia y de máxima discreción. Aquella noche soñé con llantos que no se calmaban.

Quizás fue el instinto, una pequeña vocecita, pero no le enseñe la carta a nadie y fui a la citación completamente sola. Después de discurrir por una interminable red de pasadizos, llegamos hasta la cámara 140297, donde el duende abrió con un largo y extraño conjuro. Me hizo entrar con una luz y me indicó que me tomara el tiempo que quisiera. Me sorprendió ver una gran biblioteca, además de varias cajas embaladas y dinero. Mucho dinero. No entendía nada. ¿Todo aquello me pertenecía? ¿Por qué? ¿Por quien? Aquella no era mi cuenta en Gringotts y que yo supiera, nadie de los que habían muerto me tendría en cuenta para heredar.

Mis ojos se desviaron al centro de la estancia. Allí majestuoso reposaba un escritorio de madera antiguo labrado. Cuanto más lo miraba, más llamaba mi atención. Aquel escritorio me resultaba familiar...lo había visto en mis sueños. Me acerqué hacia él. Se que debería haber tenido miedo, pero me sentía extrañamente tranquila. ¿Qué estaba sucediendo? Llegue a él y lo detalle lentamente. Encima de él había varios objetos que revise lentamente. Un cuadro negro. Una pluma de fénix una... caja. Mis ojos se aguaron al contemplar una caja. Era de madera antigua, labrada y con incrustaciones en nácar. Y por muy irrazonable que sonara, ya la había visto antes y sabía que era mía. Con manos temblorosas la tomé y me senté en una de las caja cercanas. Al abrirla, la cámara se llenó de una suave melodía a piano, que sacudió mi corazón. Estaba segura... ¡aquella era mi canción!

Cerré los ojos apretando la caja hacia mi pecho. Un nombre me rondaba... Versus.

Abrí los ojos y, lentamente, tome los objetos que aquella caja guardaba. Por cada objeto que sacaba, un retazo venía a mi mente... una voz profunda y arrulladora...

Una rosa negra...

“En el paraíso de tus ojos, me pierdo porque estoy perdido, en la paz de tus labios,
me encuentro porque estoy contigo, en el universo de tu alma, vivo con mil sentidos,
en ti, vivo amándote"

Me duele estar tan lejos de ti, estando tan cerca. Pero es por tu bien, para que no corras peligro alguno. Pronto volveremos a vernos. Siempre tuyo, Versus

Dos libros. Uno de Artes Oscuras y uno de Runas Antiguas...

“Mi objetivo son tus sentimientos, uno a uno, de mi a ti, riendo tristezas, llorando sonrisas,
mi objetivo eres tú, y sólo tú, para amarte "

Atesora en tu corazón toda enseñanza y acuérdate de mí cuando navegues por sus páginas. Siempre tuyo, Versus.

Un medallón de runas antiguas, de plata vieja con una Caroita en el centro, colgaban de una larga cadena de plata vieja...

"Ahora puedo oírte, puedo sentir tu silencio, puedo recorrer tus besos y soñar tus labios,
puedo hasta escuchar tu melodía, aún cuando estés lejos y seas todo nostalgia".

Lleva muy cerca del corazón lo que te he entregado. Por siempre estaremos unidos. No tengas miedo, yo siempre estaré a tu lado... Siempre Tuyo, Versus.

Una caja de bombones de chocolate negro y naranja amarga...

"Sabes a silencio y a sueños, con melodías de ternura y tacto de deseo, sabes a mi mundo,
a todo lo que anhelo, sabes a amor, a mi amor"

Ansío más que nunca, volver a probar tus labios. Tan prohibidos... tan anhelados. Siempre tuyo, Versus

Una fina pluma de nácar blanco y filo de plata...

“Cuando tu beso es una caricia cuando es un despertar contigo, si una sonrisa es un motivo
y un silencio tu añoranza, cuando tú amor me manda y yo obedezco con pasión, entonces sigo amándote. Tiéntame, acaríciame, lléname cada instante de ti, haz que cada noche sea un sueño y cada despertar una sonrisa, lléname de ti y llévame a tu amor???

Me gusta cuando escribes con tanta paciencia y elegancia tu nombre. Más tu nombre siempre suena mejor en mis labios. Como el mío, en los tuyos. Siempre tuyo, Versus.

Una esfera labrada de cristal morado con vetas...

“Mil razones para pensarte, cien para admirarte y una sola para no olvidarte:
Quererte.???

Eres la luz que me guía. La única razón para seguir viviendo y respirando. Lo único por lo que abrir los ojos cada día y enfrentarse a la vida. Siempre tuyo, Versus.

Suspiré. Seis objetos. Seis regalos. Los recordaba, no sabía como, pero ahora los recordaba. Y el séptimo había sido aquella caja...

“Bailas hermosa, bailas sin parar. La música te rodea y bailas, cierras los ojos sintiendo y bailas. Bailas sin parar. Te beso, te abrazo, y bailas. Nos juramos amor, me juraste amor
y no paraste de bailar. ¿De qué color es un sentimiento? La respuesta esta en el silencio
en contemplarte y mirarte, en saber que existes, en poder pensarte, en anochecer soñándote
un sentimiento es amor. Pero sin color, sólo el color que tiene el sentirte???

Espero verte esta tarde en las gradas. Se que no estarás conmigo, pero te sentiré a mi lado. Se que no me escucharas, pero susurraré en tu oído. Siempre tuyo, Versus.

- Versus... Versus... Versus... Versus...- repetí en voz alta, mientras mis lágrimas corrían libres por mis mejillas. Como flashes vertiginosos, miles de imágenes vinieron a mi mente. Muchas piezas sueltas... momentos vividos se presentaban ante mis ojos. ¡Yo había vivido aquello! Pero... ¿cuál era el nexo? ¿Quién era Versus? Cerré los ojos.

Hola, ¿estas sola?

Abrí los ojos de golpe. Aquella frase... mi ordenador en la sala de menesteres... un mail... allí había empezado todo. Pero esa frase también me la había susurrado... Flores... un rosal negro... un camino arqueado en lilas... una puerta trasera... unos ojos negros.

-Pequeña...-

Aquel aroma...

Un destello capto mi atención, dejando a un lado la bruma de mis pensamientos. Frente a mi, una pequeña botella de cristal flotaba. De su tapón colgaba un fino hilo de plata y de este, un pequeño pergamino enrollado. Estire mi mano derecha para cogerlo. Tras soltarlo, desenrolle el pequeño pergamino y me dispuse a leerlo.

Hola, ¿estas sola?

Escrita en una fina caligrafía con tinta verde, rezaba la frase única en el pergamino. Nada más.

-¿Qué significa esto?- susurré para mí misma, mientras mordisqueaba mi labio inferior. Por más que hice, nada más me reveló el pequeño pergamino. Centré mi atención en la botellita. Parecía un recipiente de algo líquido pero de consistencia rara...

- Son recuerdos...- reconocí rápido. Alguien me había dejado sus recuerdos para que los encontrara. ¿Qué debía hacer? No me extrañó ver que sobre el escritorio, aparecía un pequeño pensadero. Recordaba el que Harry había heredado de Sirius, pero este se veía más viejo y usado. – Alguien se está tomando muchas molestias.-Sabía lo que tenía que hacer pero... ¿Qué descubriría? ¿Sería una trampa...? a lo mejor descubrirían algo que no quería descubrir. ¿Y si era malo?

Me deje llevar por mi curiosidad, destapando decididamente el tapón del frasquito y, acercándome al borde del pensadero, volqué la sustancia grisácea-plateada. Tomé aire y me dispuse a saber.

Y que fuera lo que tenía que ser...

No se cuanto estuve allí pero, cuando salí del pensadero mi pasado y mi presente se había unificado en uno. De mis ojos no paraban de caer lágrimas... Ahora entendía.

-Severus...-

Desperté en San Mugo. No se como había llegado pero alguien me había traído. Junto a mí, dormitando en una posición bastante incomoda estaba Luna. Me sorprendió ver que no había nadie más. Lo más lógico es que hubiera estado uno de mis padres... ¿Y si Luna era quien me había traído?

- Veo que ya has despertado, Hermione...- la suave voz de Luna me sobresaltó.

- Si, aunque no se bien que hago aquí...- mi voz era bastante rasposa. Probablemente por el mar de lágrimas que había dejado caer al salir del pensadero. Al comprender la verdad.

- Te seguí- sus ojos celestes me miraban con una tranquilidad absoluta, que me transmitió paz – Sabía que esto pasaría-

- ¿Sabías lo de la cámara?
- tantee cuidadosamente.

-Si. Como también se “quien??? te dejo esa cámara...- se levanto con suavidad y se acercó a mi cama. Tomo asiento a mi lado y, con un gesto suave, apartó de mi cara varios rizos. – Se quien es Versus...-

- ¿Lo sabes?-
mi voz titubeó. El nudo que se me estaba haciendo en la garganta no supe ubicarlo en tristeza o rabia.

- Si. Creo que soy la única, a parte de ti, que recuerda tu “pasado??? con Severus Snape. Es lógico que heredaras tú... al fin y al cabo, eres su esposa, Hermione- tomó mi mano y la apretó ligeramente.

-Luna...- no supe que decir. ¿Por qué ella sabía?

- Creo que el profesor Snape decidió que, además de los recuerdos que ya viste, tuvieras apoyo para lo que vendría. Hermione, él decidió borrarte parcialmente la memoria... y no solo lo hizo contigo. Modificó también la de Harry, Ron, Ginny, Susan y Neville... creo que modificó incluso la de Malfoy. Lo hizo para protegerte. No solo a ti...- una de sus manos acariciaron con ternura mi mejilla.

Intenté asimilar lo que me estaba diciendo, pero dentro de mí estallaban diferentes sentimientos. Tristeza... amor... odio... ternura... ¡Me sentía tan confusa! ¿Por qué había hecho aquello? Yo sabía que Severus siempre era muy meticuloso, pero ¿por que me había borrado la memoria? ¿Por que solo Luna había mantenido sus recuerdos intactos?

- Espera... ¿Has dicho no solo a mí?-




Levanté la mi diario y allí vi la respuesta que once años atrás me había hecho. Ahora, a mis 28 años, entendía su sacrificio al completo. Por extraño que parezca, Severus sabía que parte de él había quedado en mí y crecía secretamente en mi interior. No solo había dejado arreglado para que descubriera la verdad una vez finalizara la guerra... Lo había dejado todo arreglado para que los dos viviéramos felices y bien. De ahí que Luna estuviera al corriente... ella fue el apoyo que necesité para dar la noticia y hacer frente a los reproches de Harry y Ron (sobre todo este segundo) y también mis sorprendidos padres. Fue el apoyo en mi desesperación por haberlo perdido. Por no haberme podido despedir tal y como me hubiera gustado. Por las horas de rabia y enfado por haberme mantenido al margen. Por las lágrimas de soledad... Aunque durante el embarazo las cosas se suavizaron, al llegar al mundo mi bebe, todo reproche fue olvidado... y todos mis pensamientos negros, olvidados. Nuestro bebe.

Con los ojos con rastros de sueño, se acercaba a mí tranquilo, con aire elegante. Su cuerpo delgado y espigado, más alto de lo que debería para su edad. Sus cortos rizos, negros y espesos. Mi pequeño...
Nuestro hijo.

Se paró a mi lado, y me miró con un gesto marcado de desaprobación. En ocasiones me sobresaltaba ver tantos gestos de Severus calcados en él.

- Madre ¿qué haces aquí a fuera? Todavía es muy temprano y no vas abrigada. No quiero que caigas enferma- su voz, aun juvenil, ya daba retazos de profundidad y serenidad que en adulto tendría. Como la de su padre.

- Buenos días hijo. No te preocupes, el hechizo térmico esta funcionando sobre mi ropa. No tengo frio. Además, el amanecer es precioso- Sus labios se curvaron en una sonrisa sincera, mientras meneaba la cabeza en señal de negación- no tienes remedio.- Hoy es el gran día- ese día mi pequeño marchaba a Hogwarts. A pesar de no aparentarlo, estaba nervioso. Lo podía leer en aquellos profundos ojos negros llenos de vida y curiosidad – Vamos prepararé el desayuno. Luna no tardará en llegar y aun quedan cosas que meter en tu baúl- me levanté y emprendimos juntos la vuelta a casa.

- Ya he empaquetado lo que quedaba en el baúl, madre- comentó casualmente. Me percaté de que también se había duchado y arreglado. Si, sin duda estaba nervioso por su primer día.

- Vaya, si que has madrugado. Bueno, mejor así. Podremos desayunar con tranquilidad-

Ya en la cocina, preparé el desayuno. Mientras el café subía, puse a tostar pan. Mi hijo, silencioso como siempre, comenzó a poner la mesa. Lo observé unos instantes... cuanto más mayor se hacía, más se parecía a su padre. De mí solo había heredado mis rizos, la nariz y parte de mi carácter. Su boca, a pesar de que era algo más gruesa, tenía la misma forma que la de Severus. Su forma de hablar, su forma de caminar, de gesticular... incluso ese humor cínico e irónico. Pero era cariñoso y tierno, detalles que su padre solo tenía conmigo. Curioso, como yo. Hábil en pociones y en DCAO. Sería un buen estudiante. Severus hubiera estado muy orgulloso de él.

-¿En que casa crees que quedaré, madre?- ya había puesto la mesa y me esperaba apoyado en el dintel de la puerta. Gesto que había aprendido de su tío Harry.

- La verdad, no lo se- dije al tiempo que servía las tostadas de pan sobre la mesa e iba en busca de la cafetera. El café ya había subido.

- Me gustaría estar en Slytherin, si no te importa- sonreí.

-Claro que no. Tu padre estaría orgulloso que acabaras en su casa- noté como se me hacía un nudo en la garganta. Aunque nunca se lo había dicho, me enorgullecería doblemente si mi pequeño acabara en la casa de su padre. Se que es extraño y que quizás la gente piensa que me gustaría que fuera a la casa donde yo fui pero... estaba deseando que la túnica de mi pequeño luciera la insignia de las serpientes. A pesar de que entonces, no cabría duda de quien era hijo. Pero eso ya no importaba. Gracias a Harry, se había podido limpiar el nombre de Severus cuando testifico como que era un doble espía mostrando, no solo los recuerdos que Severus le legó el día de su muerte, si no también los recuerdos del Director Albus Dumbledore.

- Gracias madre. Tu... ¿estás orgullosa de mí?- preguntó y con timidez tomó una tostada y le untó meticulosamente mermelada de naranjas amargas.

- Cada día de mi vida. Eres lo más importante para mí y desde que naciste, me he sentido orgullosa de ti- no pude evitar que una lágrima rodara por mi mejilla. Sí, ser madre con 17 años había sido un cambio grande, pero no me arrepentía de nada. Gracias a él, mi vida no se había hundido en la desesperanza e incertidumbre.

Sentí los brazos de mi hijo, rodearme. El silencio reinó entre nosotros hasta que el timbre de la puerta sonó.

- Yo abro, madre- dijo, mientras imprimía un beso en mi frente y sonreía.

- Gracias- susurré con la voz emocionada. Tan parecido a él.

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- Bueno, creo que es la hora... Gracias por venir a despedirme- la voz de mi hijo se turbó ligeramente. Harry y Ginny también habían venido a despedirlo, con sus hijos James, Albus y la pequeña Lily. También Luna con sus gemelos y Ron, con su mujer Amanda.

Vi como abrazaba a todos, con cariño, en especial a Luna que era su madrina. Por ultimo, llegó mi turno. Me abrazó suavemente, reposando su mejilla en mi corazón. Si seguía creciendo a ese ritmo, en breve me pasaría. Sentí mi pecho hincharse por la satisfacción del niño que tenia ante mis ojos. Se separó de mí unos centímetros y, clavando sus ojos en los míos, susurró:

- Nos veremos en navidades, madre. Te escribiré todos los días y esperare tu respuesta con ansia- con ello, se alzó en puntas y besó mi frente.

- Te por seguro que así será, Versus. Te quiero- le devolví el beso en la frente y con ello lo dejé subir el tren.

Mientras veía los vagones alejarse me paré a pensar en el regalo que me había dado Severus en vida. No solo su amor, que es y será eterno... Versus S. Granger era la razón por la cual vivir. Por que cuando me asomo en los ojos de mi hijo, veo a Severus sonriendo y dándome la fuerza para seguir.

Por que la esperanza nunca se pierde. Por que los recuerdos son parte de mi vida, hasta que nos volvamos a ver.

Y entonces, será para siempre.

F I N



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(*)- Pica. Friegaplatos.


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OJOS DE ESPERANZA - Eros Ramazzotti

Tú, que conmigo estas viviendo, estos últimos momentos, no te quiero ver llorar.
No, que esa lágrima no salga. Que se quede, que no caiga, no lo quiero ver rodar.
Con el miedo que tú tienes como hacer que te consueles, que lo veas como yo...
Porque cuando diga adiós, tú verás una sonrisa y mi luz se quedará
en mis ojos escondida para otro que en su vida nunca vio la claridad
Lo quiero así

Sí, y podrán mirar de nuevo, ese sol que allá en el cielo entre nubes brillará.

Sí, sí, y verán infinidad de paisajes y lugares, que yo no veré jamás

Grande, grande, grande es la mirada de esperanza que te estoy, contando aquí...

Sí porque puede ser que un día, increíble fantasía
todo esto, esto mis ojos lo verán por vez primera
y si alguna vez tropiezan con los tuyos, se sorprendan
de reconocerte a ti

" Esta canción está dedicada a todos los que han tenido tanto amor y fuerza para donar alguno de sus órganos y hacer que otros humanos vivan o vivan mejor"
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AnnKora
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Ubicación: Donde el sol se pone

Mensajepor AnnKora » 15 Dic 2009 15:02

Bueno, este es el primer final. El segundo tambien lo tengo y el tercero esta a medias.
El cuarto... aixxx
Besos
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