El Club

[i:] Lee Fan Ficción [b:] NO[/b:] de amor. Fics que traten de humor o que en ocasiones no sean de HP, o quizá de miedo, o de aventuras inesperadas...[/i:]
Caliope Benmouhoub
Slytherin
Slytherin
Mensajes: 154
Registrado: 20 Abr 2008 20:53
Ubicación: Detrás de ti. ¡BU!

El Club

Mensajepor Caliope Benmouhoub » 24 Jul 2008 20:19

Bueno este Fic es una respuesta a un desafió PPC, que narra la historia de Irma Pince, la bibliotecaria de Hogwarts y de Poppy Pompfrey la enfermera del colegio, cuando eran estudiantes. No soy muy dada a las comedias, por lo que me ha costado mucho escribir este Fic e igual por eso mismo me he dejado llevar y he escrito tanto. La verdad es que normalmente no escribo más de 10 páginas de Word, pero es que no podía parar xD. Bueno espero que os guste y que al menos os haga sonreír.

Bella.


El Club.

La biblioteca se abría entre columnas oscuras que escondían estanterías llenas de libros antiguos, pesados de varios colores, tejidos y olores. Las columnas que escondían los tesoros de la sabiduría eran interminables, se abrían en varios pasillos en los cuales era muy fácil perderse. Al salir de aquel peculiar laberinto se podía encontrar al lado de varios ventanales que dejaban ver el interior de Hogwarts mesas de madera con cuatro sillas separadas por cortinas azul marino, donde se leía “Biblioteca de Hogwarts???, las letras estaban bordadas con un color dorado.

El techo de la biblioteca era ovalado y de un color blanco níveo lo que daba un poco de color a la oscura estancia. La luz que se escapaba de las velas que flotaban cerca del suelo de madera, era tenue.

Como cada domingo por la mañana la biblioteca estaba normalmente desierta. Casi se podía oír el suspirar de los libros y el ondular suave de las cortinas azules. Ni siquiera los fantasmas del colegio se dignaban a pasear sus almas por aquel lugar.

La Sra. Penserose, descansaba su corpulenta figura sobre el escritorio que le era reservado a la bibliotecaria. Sus pequeñas manos regordetas jugaban con el portafolios vació de toda línea de escritura mientras sus pequeños ojos saltones color azul eléctrico viajaban cada poco tiempo hacía la puerta de entrada esperando incansablemente la llegada de alguien o algo que rompiera su insoportable rutina. Saco de su bolso de piel de serpiente su espejo ornado de falsas piedras preciosas. Observo su reflejo aburrida, mientras que con su maquillaje de “Juventud de Bruja??? se retocaba. Unto sus mejillas flácidas de colorete rosa para después repasar con pinta labio marrón sus pequeños labios hinchados.

Era increíble la facilidad con que había pasado de amar su trabajo hasta despreciarlo por completo. No soportaba el chirriar de la entrada principal al abrirse, no aguantaba tener que pasearse sola por los largos pasillos como única compañía los libros que le gritaban que tenía que ordenarlos. Le enfurecía el hecho de no tener un ayudante (preferentemente de sexo masculino) con quien pasar el tiempo, le producía mareos los alumnos que venían a exigirle que impusiera orden cuando los graciosillos venían a animar aquel antro.

Simplemente estaba perdiendo la pasión que le habían inspirado los libros en un principio. Cuando decidió presentarse a bibliotecaria de Hogwarts, imaginó que se convertiría en la nueva estrella de los intelectuales y la matriarca de los “graciosillos??? que empujaría a perderse en los libros.

Pero nada de eso había ocurrido. No soportaba los intelectuales, con sus manías que todo debía de estar bien hecho o no se hacia, no aguantaba sus aburridas discusiones detrás de las cortinas azules ya que nunca conseguía ponerse al corriente de ningún chismorreo a su costa. Eran tan pero tan aburridos.

Sin embargo los camberos le encantaban con sus risas despreocupadas, el despeinar sensual de sus cabellos, sus ojos maliciosos y sus sonrisas traviesas. Sabia que les sacaba al menos unos 5 anitos pero simplemente le era imposible no suspirar tras su paso, eran realmente guapos. Lo único que le preocupaba y les recriminaba de vez en cuando era el desastre que dejaban atrás sus bien conseguidas bromas, ya que era ella sola quien tenía que limpiar después. Y tener que arruinar su manicura la enfurecía más que nada, ya que algunas manchas solo se quitaban a fuerza de frotar.

Irma entro empujado con fuerza la puerta de entrada para hacer notar su presencia. El ruido de sus zapatos resonaba en toda la estancia dejando bien claro a la Sra. Penserose, que su pesadilla personificada venía de penetrar en su santuario.

Irma se dirigió con paso decidido al escritorio donde la bibliotecaria la esperaba para regalarle una mueca de desprecio y asco, mueca que Irma se apresuro a devolverle con naturalidad.

La recién llegada dejo que sus dedos largos acariciaran con peligrosa dulzura el escritorio.

“- ¿Cómo esta Sra. Penserose?- Pregunto con fingida dulzura, dejando que su voz severa y fría hiciera temblar toda la masa que representaba la Sra. Penserose.

- Hasta que me hicieras el honor de tu presencia, estaba bastante bien.- La voz chillona e infantil de la Sra. Penserose hizo que el sarcasmo que pretendía darle a sus palabras fuera imperceptible.

-Bueno me alegra haberle fastidiado el día.- Los labios finos y severos de Irma se estiraron suavemente hasta dibujarse en una perversa sonrisa que le daba a su cara de buitre un aire diabólico.

-Haga el favor de desaparecer de mi vista, Sra. Pince. – Ordeno la bibliotecaria bajando la mirada, no le apetecía nada empezar una guerra de miradas asesinas con esos grandes ojos marrón, de pestañas largas y oscuras, ya que sabía de antemano que perdería.

Utilizo todo el auto-control del que era capaz para no maldecir aquella incompetente que había convertido su refugio sagrado en un vulgar lugar de encuentros para los alumnos de Hogwarts que no sabían donde ir a perder el tiempo.

Camino decidida por el pasillo que separaba el corredor de las mesas al de altas columnas donde varios pasillos estaban ornados con estanterías donde infinitos libros descansaban.

Ahora que no tenía la amenaza de los ojos maliciosos de la muchacha, la Sra. Penserose se atrevió a clavar su mirada en la figura alta, sombría y esquelética de la muchacha, en un vano intento de romperla con la fuerza de su mirada azul.

Irma se perdió en uno de los pasillos que se abría detrás de las columnas en un intento de alejarse de la mirada de la Sra. Penserose para poder llevar a cabo su plan. Ninguna bibliotecaria se la había resistido antes así que esta vez tampoco tenía porque salir mal.

Y es que todas esas incompetentes impertinentes que pasaban la mayor parte de su tiempo intentando atraer la amistad de los alumnos, que se despreocupaban por los libros, que se pasaban el día retocando su espantoso maquillaje y que no hacían caso de sus proposiciones para aumentar el numero de libros o el orden por el que tenían que estar guardados o el castigo que había que infligir a los que los dañaban, le sacaba totalmente y completamente de quicio.

Aun que había que decir que era bastante justa, solía dejar un margen de un mes a las principiantes en la materia para que se adaptasen a su arduo ritmo. Desde que fue capaz de echar a la primera inútil en su cuarto curso, no había parado, estaba decidida a encontrar la bibliotecaria perfecta. No podía dejar en manos de unas estúpidas sus preciados libros.

Saco su varita con latente emoción y desenrosco el papel usado que la enrollaba, para leer el mensaje escrito en letra cursiva: “Estamos listos. Te doy 5 minutos.??? Con unos pequeños toques de su varita al papel, escribió una respuesta: “Esto va ser muy pero que muy divertido.???

La verdad era que nunca le había gustado romper las reglas, es más castigaba severamente a quien pillase en pleno crimen aunque fueran de su propia casa, porque se tomaba muy en serio su rol como perfecta de Ravenclaw, pero las bibliotecarias, simplemente hacía salir a la luz su lado más oscuro que solía estar siempre bien protegido debajo de una bonita sonrisa severa y distante.

Apunto el techo con movimientos rápidos y gráciles mientras sus labios murmuraban poseídos, algo ininteligible. Pronto el blanco níveo del techo desapareció dejando paso a un negro tormentoso que tenía la forma de un huracán, del cual gotas de color gris caían.

No se fiaba de ella. Sabía que estaba tramando algo. Lo sentía. No soportaba su mirada altiva, sus palabras envenenadas, sus “bromas??? (si así podía llamarlas) malévolas y sobre todo odiaba que tuviera razón en absolutamente todo.

Se estremeció con nerviosismo en su asiento, se debatía por levantarse y seguirla sigilosamente y estaba a punto de hacerlo cuando sintió algo frío caerle en su pierna izquierda.

Grito de horror al ver como su pierna se transformaba en una escama. Intentó levantarse y salir corriendo pero de repente empezó a caer un diluvio de aquellas gotas frías, que pronto la convirtieron completamente en una sirena.

Su grito fue desgarrador al darse cuenta de su nueva condición, les tenía una fobia inmensa y perversa a las sirenas.

-Bueno Sra. No quisiera estropearle más la jornada, me voy, espero que así pueda disfrutar.- Pagada de si misma y de lo que había conseguido, Irma dejo la biblioteca con paso firme y decidido.

Poppy estaba apoyada contra la pared dejando caer hacía atrás con extrema suavidad su figura extremadamente delgada pero aún así esbelta mientras sus grandes ojos verdes seguían de un lado a otro el joven que limpiaba el suelo a conciencia delante de ella.

-De verdad no entiendo porque te empeñas en que no te ayude, Argui.- Dijo con voz suave y angelical, mientras con una de sus pequeñas y finas manos se recogía en una coleta su bonito y lacio cabello rubio platino casi blanco.

-No necesito tu ayuda y por última vez, NO ME LLAMES ARGUI, Mccgregor- Grito el muchacho de figura desgarbada y aspecto frágil que tenía sin embargo una voz potente, con un cierto siseo no muy pronunciado.

-¡Aiii! Eres un rabioso de verdad, yo que intentaba ser amable.- Se quejo con aire abatido la rubia.

El muchacho de largo cabello oscuro y grasiento le dirigió una profunda mirada asesina con sus pequeños ojos marrones, lo que convenció a la rubia para que guardara silencio.

-Estará por llegar.- dijo el joven con voz monótona dejando caer a sus pies la escoba con la que había estando barriendo, para recostarse contra la pared, enfrente de la rubia.

-Bueno ya la conoces, estará disfrutando como una maniaca, delante de su “obra???.- respondió la rubia inspeccionando sus unías.

-Esta gorda insufrible se lo tiene bien merecido, que falta de buen gusto y de decoro.- siseo el moreno haciendo hervir sus ojos alimentados por un odio frío.

-Bueno no todo el mundo goza de…- La altiva muchacha no pudo terminar su frase, ya que en ese momento la figura alta y temeraria de Irma hizo su aparición, caminaba con seguridad y determinación, con los dedos de sus manos enredadas a su espalda.

-Muchachos.- saludo con voz suave y triunfadora.

-¡OH, vamonos!- se quejo el joven con pocas ganas de aguantar su alardeo habitual.

Poppy cogió a sus dos amigos por el brazo para abalanzarse con fuerza hacía la pared que se abría ante ellos.

Odiaba esa sensación, no la soportaba, era tan sofocante sentir la pared tragarte por completo, los ladrillos amoldarse a la forma de tu cuerpo, tirando, estirando, jugando con tu cuerpo como si fuera gelatina. Menos mal que solo duraba unos segundos, porque no habría sido capaz de soportarlo mucho más. Una vez sintió que ese desagradable escalofrío abandonado su cuerpo, se dejo caer pesadamente al suelo, antes de levantarse con el orgullo pintado en sus ojos.

-Sobrevivieron.- rió alguien desde el fondo de la estancia que estaba a oscuras.

-Maldita sea, Filip, déjate de juegos estúpidos y enciende la maldita luz.- podía oír la voz de Irma no muy lejos de él, se sintió seguro pero amargamente fastidiado.

-Siempre te estas quejando de todo lo que hago.- se quejo la voz, dejando que la luz tenue de las velas volviera a iluminar la habitación.

La estancia tenía una forma ovalada, con un suelo de madera que crujía con facilidad. Las paredes gozaban de un papel gris con estampados de flores sin color, en el centro de la habitación descansaba una gran mesa de roble con ocho sillas, tres de ellas desocupadas no por mucho tiempo, ya que los recién llegados se apresuraron a ocupar sus respectivos lugares.

-Hemos cumplido.- Los ojos de Irma centellaban de felicidad y peligroso orgullo, sus labios finos se dibujaron una sonrisa de malsana diversión.

-¿Quién ha sido el elegido?- pregunto el mismo muchacho, que los había recibido, con ansiedad.

-La Sra. Penserose.- anuncio Poppy saboreando la decepción de los demás.

-¡NO ES JUSTO!- grito Filip echando las manos al cielo con gesto teatral.- Era una buena mujer, además habéis echo trampa.- les acuso señalándoles con su dedo índice.

-Uno, es perfectamente justo, esa mujer es una aberración de esta era moderna llena de perversidad para el buen gusto y el decoro exigido, dos: no especificasteis cuando hablamos de hacerle una mala pasada a alguien que formase parte del sector educativo de Hogwarts, elegimos la Sra. Penserose que para tu información pequeño rubio oxidado, SI forma parte del sector educativo, tres: no me señales con tu dedo.- Los dedos largos y esqueléticos de Argus Flitch estaban entrelazados sobre la mesa, mientras sus ojos se encargaban de atravesar a cada una de las personas presentes.

-Me cago en todo, ahora seguramente se ira, esa mujer era la hostia, hacíamos todo lo que queríamos con ella…- se lamento Margueritte una apuesta castaña de pelo enmarañado y grandes ojos azules, proveniente de Huffelpuh.

-Por favor, Marga, no seas ridícula, esa mujer era un desperdicio.- hablo Poppy con voz tranquila, mezclando la baraja aburrida.

-Bueno dejémoslo aquí, antes de que acabemos sacándonos los ojos.- propuso Evan fijando sus ojos caramelo en las manos de Poppy pendiente de cada uno de sus movimientos.

Llevaban cuatro partidas de Póquer, Susan iba en cabeza, la esbelta morena de ojos negros les venía de meter una “paliza monumental??? a todos.

-¡Dios como sigamos así, perderé mis pantalones!- se quejo Edward dejando caer su cabeza en sus manos de piel nívea.

-Así que me enseñarías lo que es bueno, eh Ed, bueno de momento creo que vengo de poner en su sitio tu estúpido orgullo de machito.- se burlo Susan con ganas.

-¡Con lo que me debes a mí!- repuso Edward con aire dramático.

-Ha que no sabéis la nueva.- dijo Poppy con aire misterios haciendo callar a la Gryffindor y al Ravenclaw.- ¿Sabéis quién es Rima Sukvov?- pregunto dejando que su interrogante flotara en el aire, mientras repartía las carta.- ¡Pues adivinad lo que le paso!- prosiguió al ver que todos sabían quien era Sukvov.- ¡Intentaron violarla dos Slytherin de último curso, la ultima noche, al parecer volvía de su encuentro con su novio Stwart Van Drouet, menos mal que apareció Argus.- hablaba en susurros y había adoptado una expresión de satisfactoria indignación.

-Esa muchachita con aire de santa se merecía perfectamente, lo que esos dos energúmenos creados por este asqueroso sistema, pretendían hacerle, como se atreve a ir de victima y diosa de la virginidad cuando todos sabemos que es una atoranta, que la VIOLEN eso se merecía.- Argus soltaba cada una de las palabras de su discurso impregnando cada una de ellas con profundo odio y desprecio, viendo con placer la sorpresa pintada en la cara de sus compañeros.

-¡Por Dios! Argus tienes un serio problema con tu sexualidad, tienes que superar este complejo y abrirte a las puertas del placer y el desenfreno que te puede provocar esta actividad.- Irma había adoptado la voz de alguien compareciente y abierto para intentar hacer entrar en razón a su amigo.

-Por favor, Pince, no seas patética, el sexo es una perdida de tiempo y a menos que sea exclusivo para la procreación me parece algo animal e innecesario.- Era bastante divertido ver aquellos dos personajes sombríos adoptar tonos suaves y hipnotizantes, para intentar hacerse caer mutuamente a su respectivo bando.

-¡Pero Argus!, ¿Cómo no puede gustarte el sexo?, es algo natural que todos tenemos que disfrutar, tienes que probarlo antes que opinar.- Los ojos verdes de Poppy miraban desorbitados a Argus con su característico brillo inocente.

-Os estáis convirtiendo en verdaderas maquinas de esta sociedad despreciable. Tendríamos que volver al buen tiempo de la Edad media, donde el rey mandaba y todos tenían que obedecer y no ir divulgando esas ideas estúpidas y peligrosas para el buen gusto y el decoro. ¡Tendría que daros vergüenza! Y os merecéis unos buenos azotes por animales depravados. Por que como dice un gran sabio: La letra entra con sangre. Os tendrían que azotar a todos hasta haceros olvidar totalmente estas ideas para que sangréis estas blasfemias.- Argus había golpeado fuertemente la mesa con su puño y se había dejado llevar con tanto énfasis por su discurso que ya no controlaba los movimientos de sus labios.

-Cállate, Argus y juguemos de una maldita vez.- La voz de Irma sonó fría y severa dejando a entender que esta conversación no estaba acabada.

-Al fin alguien dice algo inteligente.- rió Edward, lamiéndose los labios mientras observaba fijamenete sus cartas para después posar sus ojos grises en la nuca de Susan.

-Bien queda una partida, el que pierda…- rió Filip entre dientes dirigiéndole una mirada cómplice a Evan.

No podía ser verdad, simplemente no podía ser. ELLA, no podía perder, no al Póquer, no contra ellos. Creía que se moriría de la humillación de un momento a otro. Filip y Evan se reían a carcajada limpia. Margueritte la miraba compasiva y para ella aquello era mucho peor que cualquier otra burla. Mientras tanto Edward se conformaba con dirigirle una mirada altiva y suavemente burlona en cambio Susan se mostraba indiferente aunque en el fondo divertida y orgullosa de haber quedado primera. Y para coronar el todo allí estaban Argus y Irma, el primero completamente fuera de lugar atravesándola con su mirada fría y malévolamente burlona y la segunda…Bueno con Irma siempre sobraban las palabras, estaba molesta y levemente humillada ya que para ella el fracaso de su amiga era el suyo propio, aunque bueno al menos estaba segura de que la ayudaría a salir de esta lo más ilesa posible.

-Bien planifiquemos el castigo para… La perdedora.- se burlo Evan riendo diabólicamente.

-Evan déjate de gilipolleces, yo propongo que vaya siempre desnuda al comedor, durante una semana.- soltó Filip.

-Podrías pensar en otra cosa que no sea verle las tetas a una chica.- dijo Margueritte exasperada.

-Yo propongo un reto, algo supuestamente imposible para ella, inalcanzable.- Propuso Susan con malicia.

- Yo soy imposible de conseguir e inalcanzable para mortales como vosotros y sobre todo ella.- respondió Edward haciéndole gracia de la más sensual de sus sonrisas.

-¿Tú? ¡Por favor, Edward! No seas ridículo.- se mofo Filip.

-Bueno es verdad que los Ravenclaw son chicos bastante difíciles de conseguir…-admitió Margueritte.

-¡YA LO TENGO!- gritó Evan eufórico.- Que nos traiga los calzoncillos de algún Ravenclaw.

-Y no de cualquier Ravenclaw, por supuesto. Tiene que ser el más sexy de todos…- continuó Susan haciendo gala de su sonrisa más diabólica.

-Bueno Poppy, con que me hagas unos cuantos trabajitos estoy dispuesto a darte mis calzoncillos y lo que tengo dentro.- dijo Edward adoptando un tono hipnotizante mientras sonreía de medio lado resaltando su increíble atractivo.

-Nathan Pomfrey.- anunció Susan ignorando completamente el apuesto Ravenclaw.

-¡Pero es imposible, él, él no, por favor él no!- Gritó Poppy, no podía ser él, no se creía que esto le estaba ocurriendo a ella. Tener que robar los calzoncillos del segundo mujeriego ninfomano de Ravenclaw y seguramente de todo Hogwarts (era humanamente imposible robarle el primer puesto a Edward Labelle) era inalcanzable y no es que fuera demasiado tímida o asustadiza, era mucho peor…

El simple hecho de tenerlo cerca le hacía perder todas sus facultades, véase el habla, el parpadear y ver y poder oír cualquier cosa que no fuera él, el magnifico, el esplendido, el perfecto Nathan Pompfrey. Y había sido así desde el primer momento en que sus ojos se posaron en él, alto, fuerte, de largos cabellos rubio oscuro, piel morena y grandes ojos caramelo. Le gustaba absolutamente todo de él, hasta la pequeña cicatriz que partía su ceja izquierda, hasta sus maravillosos labios finos y sedosos que se quebraban en una sensual y traviesa sonrisa torcida.

Nunca había tenido agallas de acercarse a él y no sabía como iban a crecerle ahora. El hecho de que fuera lógicamente inalcanzable para ella era uno de los muchos problemas, ya que era incapaz de alinear tres frases sin perder el habla y empezar a balbucear en un idioma desconocido.

El echo de que cambiara de “novia??? como de pantalones no le preocupada ni lo más mínimo, ya que estaba plenamente consciente que él tenía sus necesidades y no estaba celosa ya que no podía imaginar ni de lejos estar a su altura y compartir cama con él y tampoco pretendía ocupar el lugar de esas divinidades de la belleza que paseaban por sus brazos. Tan solo le gustaba observarle, regodearse con su perfección. Simplemente. No quería más. Pero allí estaba entre la espada y la pared.

-¿Qué me dices?-pregunto Filip ansioso.

-Que si, por supuesto.- respondió Irma en su lugar cuando estaba a punto de protestar.

-¡AZOTES, ESO ES LO QUE MERECE??S, AZOTES¡- seguía maldiciendo Argus, mirándola burlonamente ya que estaba muy consciente de su debilidad por el muchacho, como todos los presentes.

-Pero…Pero…- no sabía por donde empezar.

Todo era demasiado complicado para ella, no sabía como salir de esa, además Irma parecía decidida a salvar su honor y hacerla salir altivamente de aquella incomoda situación.

-¿Por qué me hacéis esto?- preguntó desesperada

-Porque maldita sea, tienes que empezar a dejar de observarle a hurtadillas y evolucionar, no entiendo como en todos estos años no te has acercado a él.- Le respondió Irma enfadada por su debilidad.

-Bueno haber, es bastante difícil tener que enfrentarse así a un chico como él…-Intervino Margueritte intentando defender a la rubia.

-Pero como siga así, perderá “su turno??? y puedo decirte que Nat no es un chico que suele esperar.- contraatacó Edward clavando sus grandes y potentes ojos verdes en la rubia.

No entendía como sus amigos se atrevían ha hacerle una cosa así. Bueno no se podía decir que fueran los mejores amigos del mundo pero eran amigos, siempre lo habían sido aunque de cara a la pared que les protegía de su pequeño refugio, solían ignorarse y pasar el tiempo cada uno por su lado, aunque no se trataban con indiferencia, todos eran conscientes de que formaban el “pequeño grupo de Hogwarts??? aunque tan solo se reunían dos veces por semana, una para jugar al Póquer y otra para perder el tiempo alrededor de una chicha, invento Muggle que gracias a Evan habían aprendido a disfrutar de sobre manera.

Tan solo de vez en cuando se reunían para ir juntos a Hosmeade pero solían evitarlo, ya que a causa de que no pertenecían todos a la misma casa, creaban innumerables rumores.

Las fundadoras de la “comunidad??? habían sido Irma y ella, bueno en realidad había sido Irma, ella había creado aquella segunda entrada a la sala de los Menestres. Luego a causa de un desafío a las cartas, habían seguido Margueritte Newton, la dulce y tímida Huffelpuh y Filip Swan quien debajo de su capa de chico divertido y alocado se escondía un frío y calculador Slytherin. Evan Deen alocado y rebelde de una inteligencia digna del mejor de los Ravenclaw, que sin embargo estaba en Griffindor no había tardado en entrar al club, influenciado por su mejor amigo, Filip. Era raro por no decir casi imposible ver un Griffindor y un Slytherin tan unidos, pero así era, quizás el hecho de que fueran primos lejanos y que su familia no tenía una fijación con las casas y la limpieza de sangre, les favorecía. Edward el mujeriego y ninfomano de Hogwarts por excelencia de una belleza a partir corazones, también había sido empujado por los dos amigos a entrar al club y Nathan los habría seguido seguramente si -- no hubiera prohibido expresamente su entrada a la comunidad hasta les tenía prohibido hablarle de ella y de su maldita fijación. Y por ultimo estaba Susan Beliz la más hermosa de todas ellas, altiva, orgullosa, fría y al mismo tiempo ardiente, divertida pero maléfica, rara en todos los sentidos. Su entrada al club había sido un tanto especial. Edward llevaba meses rogando la entrada de algunas de sus bellezas al club, para poder divertirse mejor, pero Irma no quería saber nada, no estaba dispuesta a ensuciar “Su santuario con estúpidas princesitas como esas??? solía responder. Susan había sido la excepción a la regla y el hecho de que no fuera ni estúpida ni princesita debía de haber contado mucho y también que Edward les había estado torturando meses para tenerla allí sentada. Y por último estaba Argus, el squib frío, distante, perverso y cerrado de mente que había sabido conquistar con su humor cínico y su carácter diabólico a la insensible Irma, que no había tardado mucho a abrirle la puerta a su segundo santuario, pocos meses después de su llegada a Hogwarts. Los dos personajes sombríos pero totalmente opuestos habían compaginado peligrosamente bien.

Y ahora se atrevían a traicionarla de tal manera.

-No pongas esa cara, Poppy. Tampoco es para tanto.- dijo Evan intentando levantarle el animo.

-Pero si soy incapaz de acercarme a él. No puedo ni decir ni más de dos palabras coherentes en su presencia, ¿Porqué queréis humillarme así?- pregunto Poppy soltando su coleta.

-Claro que no queremos humillarte, solo hacerte abrir los ojos, que ya es hora.- le respondió Irma fríamente.

-Siento interrumpir este dilema de importancia mundial.- empezó Argus levantándose.- Bueno en realidad no lo siento. Pero es hora de irse, faltan diez minutos para que Casan pase por este pasillo.

El viejo conserje Charle Casan, era un hombre bajito, de piel terse y translucida, si uno se fijaba bien se podían vislumbrar sus venas bajo sus brazos siempre aferrados a una escoba. Sus pequeños y penetrantes ojos verdes tenían la facultad de poder ver casi perfectamente hasta en la oscuridad, era una tarea casi imposible escapar a su vigilancia, a menos de tener a su joven y único ayudante en décadas, Argus Flitch.

Evan, Filip y Margueritte fueron los primeros en salir seguidos por Irma, Edward y Poppy.

Se reunieron todos delante de la pared, para ver como Irma sellaba mágicamente la pared.

-¿Dos semanas?- murmuro Margueritte.

-¡NO!-grito Susan en voz baja.- Una

Poppy Iba a gritar indignada cuando vio que Susan y Evan le daban la espalda cogidos de la mano para dirigirse a su sala común. Filip se deslizo solo asta las mazmorras, mientras Argus se alejaba sigilosamente seguido por Margueritte.

-Vamos Poppy, anímate. Yo te ayudare.- le susurro Edward tranquilizándola mientras la agarraba del hombro siguiendo a Irma que ya se había adelantado.

Saber que contaba con el mejor amigo de su amor platónico logro tranquilizarla.

Se despidieron con rápidos besos en la mejilla y subieron cada uno a sus respectivos dormitorios.

-Mañana comeremos con él y le hablaras.- dijo Irma fríamente deslizándose entre las sabanas. Poppy no se atrevió responder, sabía que Irma estaba muy preocupada por ella y que haría lo imposible por hacerla feliz, pero su frialdad rompía en pedazos su coraje.

Durmió placidamente toda la noche, o lo que quedaba de ella, no soñó, la verdad es que en aquellas situaciones en las que su sangre hervía en nerviosismo y amargura no conseguía ni vislumbrar una luz en sus pesados sueños.

Los gritos de sus compañeras de cuarto la despertaron y dedujo que llegaba tarde a su primera clase de la semana. Odiaba los lunes más que nada, más que la mermelada de naranja, más que las arpías de Slytherin, más que el profesor de DCAO y mucho más que el color de las cortinas de su cuarto.

Se levanto perezosamente y se unió a la cola que las chicas habían formado delante de la puerta del baño.

-¡PINCE, SAL INMEDIATAMENETE DE ALL??!- gritó una muchacha bajita y regordeta de cortos cabellos rubios, mientras aporreaba la puerta.

-No sirve de nada, Marta.- la advirtió Poppy aburrida, sabía perfectamente como era su amiga, ahora debía de estar disfrutando excesivamente del ataque de ira de sus compañeras que disfrutaba torturando.

-¡SAL ANTES DE QUE SAQUE POR LOS PELOS, MALDITA ZORRA!- Andy era tan dada a reacciones exageradas…

-Bien dejadme pasar.- dijo Poppy autoritaria mientras iba haciéndose camino asta la puerta del baño, que bajo su mano se abrió sin problemas y antes de que las demás pudieran darse cuenta que la rubia venía de ingresar bajo sus narices en el lavabo, dejando la puerta otra vez cerrada en sus narices.

-Tendrías que dejar de hacer eso, algún día se vengaran.- dijo la rubia peinándose.

-Simplemente no puedo.- respondió Irma dejando salir de sus labios una risa fría que la sacudía entera.

Bajaron al gran comedor, bueno más bien Irma bajaba y ella se dejaba arrastrar, sin embargo intento escabullirse cuando llegaron al gran comedor, pero Irma la retuvo y la obligó a seguirla.

-Buenos días.- dijo Edward con las más encantadora de las sonrisas, al ver a las dos chicas sentarse enfrente suyo.

-Hola.- respondió sonrojándose hasta que su piel blanca se confundiera con los tomates.

Nathan que se sentaba al lado de su amigo, se veía más hermoso que nunca, su pelo ondulado le llegaba asta el cuello y se movía ligeramente con el viento. Poppy sintió su corazón bombear al vislumbrar una parcela de su perfecto pecho, ya que llevaba los tres primeros botones desabrochados. El rubio les dirigió un saludo con la cabeza mientras volvía a enfrascarse en una conversación con una imponente pelirroja.

-¿Cómo te llamas?- pregunto Irma indiferente, fijando los dos puñales que tenía como ojos en la pelirroja.

-Amanda.- respondió esta ofendida de que una chica del aspecto de Irma, no balbuceara y bajara los ojos en su presencia.

-Amanda, al parecer te escandaliza lo que le ocurrió a nuestra queridísima bibliotecaria.- continuó Irma dejando que su cara ovalada de facciones largas y rectas que daban a su rostro un aspecto que hacía vagamente recordar al de un buitre, tomara un semblante frío e impenetrable, haciendo que pareciera más mala que nunca.- Pues déjame decirte, querida, que esa Sra. Penserose, era totalmente inútil para Hogwarts, su incompetencia eran la vergüenza del colegio. Sí, más aún que las estúpidas chicas de tu estirpe que pasan el día enseñando el ombligo.

Amanda se quedo mirando fijamente a Irma durante unos segundos con la boca abierta y los ojos dilatados por la sorpresa, antes de levantarse del regazo del rubio y salir corriendo hacía la mesa de Gryffindor.

-Vienes de joderme el plan de la semana.- dijo Nathan volviendo a fijar su atención en su plato mientras dejaba que una sonrisa de medio lado iluminara su rostro.

-No creo que le hubieras encontrado algún placer en compartir cama, con esa incapaz.- respondió Irma restándole importancia al asunto.

-Creí que estabas a favor del sexo.- dijo Edward recordándole su discusión con Argus la noche anterior.

-Claro que estoy de acuerdo y debo decir que el sexo me encanta de sobre manera, pero siempre y cuando que el chico que me acompaña este a mi altura y que después del acto podamos mantener una conversación.- le respondió Irma levantándose.

-Bueno pero no todas las chicas bonitas son inteligentes.- soltó Edward, levantándose el también.

-Es por eso que digo que tú y yo somos tan diferentes aún cuando estamos de acuerdo.- rió Irma- porque todo lo que hago yo, lo hago con clase sin embargo tú te conformas con lo primero que se te pasa por delante, véase esa muchacha de lo más vulgar.

Y allí estaban, versados en un debate que parecía de lo más animado y allí la habían dejado, con ÉL. Intento poner en sus ojos el máximo veneno posible cuando Irma se giro disimuladamente para lanzarle una mirada llena de entendimiento.

-Esa chica siempre me ha dado escalofríos.- dijo Nathan levantándose mientras le sonreía

Poppy no tardo en seguirlo y reunió todas sus neuronas para lanzar alguna respuesta inteligente y con coherencia.

-No te dejes llevar por las apariencias, es aún más retorcida de lo que parece.

La risa suave y musical de Nathan la lleno por completo, haciéndola perderse completamente en esa melodía.

-¿Y no te da miedo pasar tanto tiempo con ella?- preguntó con aire despreocupado.

¿Cómo podía saber que pasaba la mayoría de su tiempo con Irma? ¿Acaso se había dado cuenta de que existía? Poppy nunca había sido una persona dada a menospreciarse, pero Nathan había sido la única persona (después de Irma) que había puesto en un altar mayor al suyo y le parecía imposible que una divinidad como él se percatara en ella.

-No, normalmente no me cuesta mucho manejarla.- respondió la rubia sonriendo maliciosamente.

-Bueno pero al menos tienes alguien que te ayude con la aritmancia.- dijo Nathan correspondiendo a su sonrisa lo que la hizo hiperventilar.

-Eh…Si, quiero decir no, esto…Mmm… No, ya me las apaño bastante bien yo sola, Irma es muy buena pero yo no me quejo.- quería poder decirle que tenía el mismo impecable nivel que Irma por no decir que en algunas ocasiones conseguía ser mejor, pero no quería parecer demasiado pagada de sí misma y creída.

-¿En serio?- pregunto Nathan con maliciosa sorpresa

-Bueno quizás parezca un poco tonta, pero te aseguro que no lo soy…Al menos no tanto.- bromeo mientras se paraba junto a Nathan que se había apoyado en la pared para dejar una cierta distancia entre ellos y los demás alumnos que esperaban al profesor de DCAO.

-¿Entonces podrías ayudarme?- preguntó desplegando todo su encanto masculino lo que provoco un ligero sofoco en la rubia que intentaba por todos los medios volver a respirar.

-No, quiero de…Si, por supuesto.- consiguió balbucear

-Bien será mejor que nos pongamos pronto al trabajo, porque debo admitir que voy muy atrasado.- le respondió dirigiéndose otra vez hacía sus compañeros ya que el profesor se acercaba a paso rápido.- ¿Qué te parece esta tarde a las seis, en la clase desocupada de pociones del tercer piso?

-Bien.- logro murmurar adentrándose en el aula dirigiéndose al asiento vacío al lado de Irma.

-Te prohíbo expresamente que juegues con ella.- dijo Edward fríamente, cuando su amigo le puso al corriente de sus planes para esa tarde.

-No voy a jugar con ella.- le tranquilizo el rubio sin dejar de mirar al profesor que se agitaba frenéticamente frente a ellos.- Pero es que te juro que esa rubia me pone de mala manera.

-Te he dicho que es MI amiga, amiga a la cual no quiero perder, por culpa de tu amiguito que no sabe controlarse.- respondió Edward lanzándole una mirada asesina que hacía temblar a cualquiera.

-Siempre me ha gustado y puedo decirte que hace tiempo que ha despertado a mi amiguito y ahora que tengo la ocasión…-Nathan no prestaba ninguna atención a su amigo, sus ojos se dedicaban a devorar ferozmente las curvas de su nueva victima que movía los labios rápidamente.

-Solo te la quieres tirar porque te lo tengo prohibido.- lanzó Eedward dándole un codazo.

-Reconozco que esa es una de las muchas razones.- respondió Nathan evasivo.- Digamos que me pasa lo mismo que a ti te pasa con Susan, te gusta endemoniadamente, pero no por ello puedes pasarte de las demás.

-Como se nota que pasas demasiado tiempo conmigo, estas empezando a robarme mis argumentos.- dijo Edward azorrado.- Con Susan es diferente

-Y un cuerno.- rió Nathan.- Solo la quieres porque no la puedes tener.

-Vete un rato a la mierda.- respondió Edward dando la conversación por acabada.

Como siempre el profesor Korm se estaba paseando por su fila y bañando con su saliva a todos los alumnos. Podía oír el silbido que emitía su voz cerca de su oído. Por eso lo le gustaba, además de ser un profesor mediocre se paseaba el día duchando a sus alumnos.

-No dejes que te meta mano.- dijo Irma una vez el profesor se hubo alejado

-No pensaba dejarlo.- respondió Poppy ofendida, ni se le había pasado por la cabeza tal cosa, más bien se imaginaba a ella misma intentando abusar de él en alguno de sus descuidos y podía verle perfectamente rechazándola dándole cualquier excusa barata.

-Sé tu misma. No te dejes impresionar. No rías si lo que dice no hace gracia. No lo halagues si no se lo merece. Y si se lo merece no te pases. Flirtea, pero que no se noté. Si ves que estas hiperventilando no hables. Y por último recházale si se lanza aunque tu tus bragas estén totalmente mojadas. Te deseara aun más.- Era peligrosamente impresionante lo mucho que la conocía Irma. Estaba hablando en frases cortas y claras, porque sabía perfectamente que cuando estaría en el fuego de l’acción oiría su voz darle órdenes y no podría evitar cumplir con ellas.

No había ido a cambiarse, no se había vuelto a poner perfume y no se había retocado el maquillaje, nunca le daba importancia ha aquellas sutilezas, pero cuando le vio entrar en la sala tal un dios Griego, se arrepintió. Era dolorosamente guapo. Sintió su pulso acelerarse, pero consiguió controlarse aunque a duras penas.

-Hola.- saludó tímidamente sentada detrás de un pupitre.

-¿Cómo estás?- preguntó, acercando una silla para sentarse en frente a ella, de manera a que sus rodillas la rozaran, aprisionándola en un abrazo.

-Bien.- respondió aclarándose la garganta al sentir como sus piernas rozaban las suyas propias.- ¿Y tú?

-Perfectamente. ¿Empezamos?

-Claro.- dijo sonriendo mientras sacaba algunos cuadernos de su mochila.- He traído el libro de aritmancia y uno que es mío.

Abrió el libro escolar a la página de ejercicios que tenían que presentar para el miércoles.

-¿Ya los as empezado?- preguntó cogiendo un lápiz, sin atreverse a mirarle a la cara.

-No.- mintió Nathan. La verdad era que ya había echo todos los ejercicios del libro y que llevaba dos años de adelanto a todos los alumnos.

-Bien, pues empezaremos con ellos, ¿Tienes tú libro aquí?

Lo tenía pero no quería que ella se diera cuenta de que la había engañado, sería muy malo para su libido tener que renunciar al polvazo que esos ojitos dulces y tímidos les prometían. Lo cierto es que sentía una atracción enfermiza hacía la rubia. Con tan solo sentirla cerca, podía sentir como todo su cuerpo temblaba en deseo y lujuria y de no haber tenido la amenaza de Edward sellada sobre él cada vez que la miraba, se hubiera acercado mucho antes. Pero ya no podía aguantar, le daba igual que Edward lo matara después, lo único que sabía es que tenía que hacerla suya o el deseo acabaría con él. Y no quería volver a sorprenderse a él mismo soñando que era ella en sus brazos cuando estaba ocupado con otra.

-No, lo siento.- volvió a mentir intentando adoptar una mirada inocente.

-Bueno eso complica las cosa…Trabajaremos sin.- respondió Poppy con una sonrisa amable.

Había tenido que soportar una hora y media de explicaciones sobre la aritmancia que ya se sabía de memoria, pero sin duda había merecido la pena. En más de una ocasión pensó que su pantalón explotaría, al sentir sus manos rozarse, sus mejillas sonrojarse, sus ojos tímidos en su nuca, al ver sus labios rosados curvarse en una sonrisa dulce. Tuvo que contenerse para no lanzar la mesa bien lejos y lanzarse encima de ella como un lobo hambriento.

-Bien creo que por hoy bastara.- dijo el rubio bostezando.

-Tienes facilidades, la verdad tan solo tienes que esforzarte un poco más.- le respondió ella levantándose.

La siguió rápidamente, mientras salía del aula.

-¿Te parecerá demasiado abusivo, si te pido otra clase para mañana?- preguntó una vez estuvo su altura.

-No, por supuesto.- respondió ella sonrojándose. Era tan exasperador sentir sus mejillas ardiendo y no hacer nada para evitarlo y lo peor era saber que él se daba cuenta.

Se inclino para…La verdad es que no se acordaba porque se había inclinado, pero sus labios se habían topado con los de ella y simplemente dejo que sus instintos reprimidos tomaran el control.

La abalanzó contra la pared bruscamente, mientras sus pantalones iban creciendo a medida que sentía sus dientes morderle el labio inferior y su lengua lamerle. Delineo la línea de su espalda hasta llegar hasta su trasero que agarro firmemente y levantó para hacerle sentir su excitación. Los dedos suaves y delicados de ella se aferraban ferozmente a su cabellera y podría haberle dolido si no estuviera sintiendo tanto placer. Podría haberla hecho suya allí misma y sin duda lo habría echo, si el maldito ruido de unos pasos vehementes no la habrían sacado de su pasión, porque de pronto Poppy pareció recobrar el control de sí misma y salió corriendo, dejándole allí parado, con un GRAN problema.

Corría lo más rápido que le permitían sus piernas. No podía creerse lo que había echo, lo que había estado a punto de hacer, porque sin duda habría sido capaz de llegar asta el final si aquel ruido no la hubiera despertado de su ensimismamiento, para hacerle oír la voz fría y retadora de Irma . “Y por último recházale si se lanza aunque tu tus bragas estén totalmente mojadas???. Y se odiaba por haber caído, ahora él la tomaría por una cualquiera, por una estúpida que se deja engatusar por el primero semental que se cruzase en su camino. No podía volver a ocurrir, no quería que la tratara como a todas aquellas fulanas con las que se acostaba por la noche y que tiraba por la mañana.

-No iras.- dijo Irma tranquilamente mientras seguía leyendo, bien cómoda bajo las sabanas de su cama.

-Pero ya le he dicho que si.- respondió Poppy lamentándose

-¿Y?- preguntó la castaña enarcando una de sus finas cejas.- No dejes que juegue contigo.

La rubia se revolvió en su cama disgustada, odiaba que Irma siempre tuviera razón.

Estaban sentadas en el césped húmedo de los jardines de Hogwarts, disfrutando de la llovizna que caía suavemente, pero que no llegaba a mojarlas ya que Irma las había protegido con una burbuja de aire que las mantenía secas y a salvo.

-¿As visto cómo te ha estado mirando?-pregunto Irma maliciosa

-Claro que lo he visto y no me miraba.- respondió Poppy incomoda

-¡Oh, vamos, no te hagas la tonta! Te enrollaste con él, aún no me lo creo, te estas convirtiendo en toda una mujer.-dijo la castaña.

-No fue nada y YA soy toda una mujer.- no soportaba que la sometiera a esa clase de interrogatorios sutiles, porque siempre acababa revelando más de la cuenta.

-Ya lo sé, pero Kevin no me gustaba, así que…-respondió Irma mientras envolvía sus rodillas con sus brazos para darse un poco de calor.- ¿Y dime cómo tiene el culo, esta tan musculoso como me lo imaginó? Siempre tuve curiosidad por saberlo, se le marca tan bien bajo los pantalones.

-¡IRMA!- exclamó la rubia sonrojándose de sobre manera.- NO le toque el culo, tan solo fueron unos besos.

-No te hagas la estrecha conmigo.- la riño Irma con una larga sonrisa, lo que hacía que su amiga la temiera aún más.- ¿Y su pelo es tan suave como parece? Porque supongo que el pelo si se lo habrás tocado.

-Lo tiene perfecto, la verdad es que ÉL es perfecto.- suspiro Poppy soñadora.

-Dios la verdad es que me cuesta creer que no te dejaste llevar y fuiste más lejos.- dijo Irma sorprendida

-Bueno tu maldita voz no dejaba de taladrarme los oídos y tampoco quiero que juegue conmigo.- respondió Poppy saliendo de sus ensoñaciones.

-Inteligente.- concedió Irma.- Pero por dios tener un Ravenclaw de la más alta estirpe y no hacer nada para sacarle todo el jugo…- continuó con una sonrisa de lo más perversa.

-¡Por Dios, Irma!- gritó Poppy- No es un objeto.

-Bueno esta por debatir.- respondió Irma despreocupada.- Lo que si está claro es que un Ravenclaw así no se puede dejar pasar, ya conoces la buena reputación que tienen nuestros compañeros de casa, en la cama.- dijo antes de explotar en una carcajada limpia.

-Pero yo no solo lo quiero porque es bueno en la cama.- replicó Poppy con aire ofendido.

Irma recupero sin esfuerzo su tono serio y clavo sus penetrantes ojos en los de Poppy, haciendo que está también la siguiera en una nueva oleada de risa descontrolada.

-Si continuas así acabaras peor que yo.- dijo Irma mientras se levantaba y caminaba hacía el castillo, sin romper el hechizo que las protegía de la lluvia.

-¿Peor que tú? Nadie en la faz de la tierra es capaz de competir con tanta perversión junta.- respondió Poppy siguiéndola.

-Mira allí va Joseph.- anunció de repente la rubia cuando ya estaban a medio camino del castillo.

-Otro engendro.- siseó Irma.- No se puede ser tan rematadamente imbécil, debe de entrenarse.

-Yo creo que se cayó de la cuna cuando era bebé, el accidente debió de dejarle lesiones.- respondió Poppy riendo burlonamente mientras entraba tras su amiga en el castillo.-

Irma le había obligado a pasar la tarde con ella, por miedo a que en un acto de repentina debilidad se fuera corriendo a acabar lo que había empezado el día anterior con Nathan, y la verdad es que Irma llegaba a ser muy contradictoria no paraba de recordarle que había estado a punto de cumplir su mayor fantasía pero sin embargo no la dejaba ir a acabarla por completo.

-Ei.- grito una voz masculina a sus espaldas, cuando llegaron a la sala común, mientras una mano fuerte y grande la agarraba del hombro, girándola.- ¿Dónde estabas? Te he estado esperando.

-Eeeh…Lo…Yo…esto….no, lo siento.- balbuceo rápidamente intentando zafarse de su mano que le producía un calor sofocante en todo el cuerpo. Como quería que mintiera aceptablemente cuando tenía esos dos ojos clavándose en ella, inmovilizándola.

-Es que, Thomas nos retuvo.- respondió Irma en su lugar antes de adoptar un aire falsamente soñador.- Es tan interesante…

Los ojos de Nathan relampaguearon de furia y odio mientras su cuerpo empezaba a convulsionarse salvajemente, parecía a punto de explotar. Estaba a punto de lanzar una blasfemia cuando Irma cogió a su amiga del brazo dirigiéndola hacia los dormitorios de las chicas.

-¿Por qué le has mentido?- pregunto Poppy indignada.

-Para que no crea que te tiene ganada. ¿Además has visto su reacción? Esta loco por ti.- respondió Irma distraída.- Solo tienes que conseguir quitarle los calzoncillos.

-Te odio.- dijo Poppy sin fuerzas mientras se dejaba caer en su cama.

-Lo sé.

Durmió mal y se despertó de mal humor. Se dirigió a su primera clase con el estomago vacío ya que había decidido evitar lo más posible a Nathan y eso significaba NO VERLO EN ABSOLUTO. Y lo consiguió durante dos días, en los cuales logro escapar a sus intentos de abordarla.

Las horas de clase se le hacían interminables. No veía el momento de irse corriendo a esconderse bajo su cama, donde nadie la molestaría y Nathan no la perseguiría con su mirada asesina clavada en su cuello.

Cruzo decidida una de los pasillos del lado Oeste del pasillo dispuesta a llegar lo más pronto posible a la sala común e irse a dormir sin tener que ver a nadie, cuando alguien la empujo con fuerza contra la pared de ladrillos más cercana, rompiéndole la espalda. Una mano fuerte ahogo su grito de dolor.

-¿Maldita sea se puede saber porque coño me evitas?-preguntó su secuestrador en voz baja.

No le hizo falta abrir los ojos, para saber a quien pertenecía esa voz ronca y masculina.

-He estado muy liada últimamente.- respondió, cuando sus labios fueron liberados.

-Y una mierda.- replico él, dejando que su aliento rozara la oreja de la rubia.

-Es verdad.- consiguió articular ella, intentando controlarse para no abalanzarse sobre él.

-No te creo.- se limito a decir, mientras sus labios recorrían la línea de su mandíbula.

Sus labios ardientes recorriéndola era mucha más de lo que podía soportar, o al menos eso creía antes de sentir su lengua trazar un camino húmedo en su cuello, tuvo que contenerse a duras penas para no gemir exageradamente.

Se le nublo la vista y sus sentidos empezaban a fallarle, no podía impedir la intrusión de aquel cuerpo ajeno pero tan dolorosamente necesitado.

Dejo que su mano se introdujera bajo su falda. Dejo que la besara con pasión, agresividad y necesidad. No protesto cuando le abrió la camisa escolar con un solo tirón. Simplemente no podía reaccionar racionalmente ante aquellas sensaciones, solo podía dejarse llevar y así lo estaba haciendo.

Se sorprendió a si misma al verse entrenarle en una aula vacía, pero ya no controlaba, había dejado paso libre a sus instintos. Le rodeo la cintura con sus largas y finas piernas blancas, mientras desabrochaba bruscamente su camisa y dejaba que sus manos acariciaran su pecho suave y bronceado.

Y estaba a punto de hacer salvajemente el amor en una esquina de una aula perdida del castillo, cuando Margueritte, bendita sea, entro bruscamente en la clase acompañada por otro Ravenclaw.

Aparto bruscamente Nathan de su lado cubriéndose con los restos que quedaban de su camisa y salio corriendo dejándolos a todos plantados y con la sorpresa y la vergüenza pintadas en la cara.

Las gotas de agua fría no parecían ser suficientes para calmar su evidente excitación, pero al menos conseguían calmarle, creía que explotaría de un momento a otro, la sola idea de poder haberla poseído, le hacía perder totalmente la cabeza y le impedía pensar con claridad.

Salio de la ducha con rapidez y sin secarse se puso los primeros calzoncillos que encontró para deslizarse en sus sabanas frías que conseguían aplacar su deseo. No tardo mucho en conciliar el sueño, sin embargo al despertar le pareció que no había dormido absolutamente nada.

La llegada de los viernes solía siempre venir acompañada con una oleada de satisfacción y paz que no le abandonaba en todo el día, sin embargo aquella vez, ninguna de esas sensaciones se habían presentado.

La jornada había pasado con extrema rapidez y aburrimiento, se disponía a dar un paseo por los jardines cuando la vio allí apoyada contra la pared y el estúpido de Filip, a su lado, hablándole, haciéndola reír. Se acerco sigilosamente sin hacerse notar para oír de lo que hablaban.

-Margueritte me lo contó todo.- dijo el joven Slytherin.- Con que tonteando con Pomprey en aulas oscuras y desiertas, menos mal que os pillaron porque si no, nos hubieras traído sus calzoncillos más pronto de lo esperado y abría perdido una importante suma de dinero.

-Vete a la mierda Filip.- respondió ella ignorándole.

¿Con que había apostado sus calzoncillos? ¿Con que había hecho todo eso por una apuesta? La rabia que lo recorrió fue tal que creyó que en cualquier momento su cerebro explotaría, al igual que sus puños que estaban cerrados fuertemente. Salió de su escondite sin pensar y empujo a Filip con toda la fuerza que era capaz un bateador, lo que ya era bastante y suficiente para mandar al moreno bien lejos de su rubia, la cual se cargo sobre el hombro ignorando sus gritos y golpes.

La llevo sin muchos problemas hacía la aula de descanso que estaba totalmente llena. La deposito en un rincón alejado, arrinconándola.

-¿De que coño estaba ablando Swan?-preguntó controlando a duras penas su rabia.

-De nada.- respondió ella en un hilo de voz, intimidada por el rubio.

-No me mientas, no lo soporto.- susurro él.

-¿CÓMO HAS PODIDO PERDER MI ANILLO?- grito Susan colérica, quien se encontraba a pocos metros de ellos.

-Se me cayó, lo siento, fue sin querer.- intento disculpase Edward mientras buscaba entre las flores de lavanda.

-No la encontraras.- se lamentó la morena, dejándose caer en el sillón más cercano.- Seguro que el primer idiota que pasa se la encuentra antes que nosotros.

-¿Nathan, puedes venir ayudarnos?-preguntó el moreno, haciendo reír a su amiga.

El rubio le hizo un gesto obsceno de la mano antes de darle la espalda y volver a encarar a Poppy.

-¿Y bien?- preguntó en voz baja conteniendo su ira.

-No sé que decirte…- intentó explicarse la rubia cuando Irma irrumpió en la sala.

-No me parece nada bien que intentes violar a mi amiga en cada rincón del castillo.- dijo la castaña una vez estuvo a su altura.

Nathan la fulmino, antes de irse con pasos firmes y decididos hacía la salida del aula empujando a todos los que se encontraba en su camino.

-Yo creo que esta bastante enfadado.- dijo Irma dejándose caer en el sillón más cercano.

-¿Lo has adivinado tu sola?- preguntó Poppy sarcástica.

-Creo que tendrías que ir detrás de él e intentar calmarle, te recuerdo que te quedan dos días.- le recomendó Susan.

-Esta bien.- respondió la rubia exasperada mientras salía a duras penas de la aula llena de alumnos.

Recorrió los pasillos con paso lento y aburrido, dejando que sus dedos rozaran las paredes frías. No sabía a donde ir, por lo que decidió dejarse llevar, sin importarle a donde acabaría.

El viento era frío pero suave, apenas si le removía sus largos cabellos. Le encantaba sentirlo enredarse en los pliegues de su ropa, intentando tocarla, suspirando en su oído, intentando decirle algo.

Se quito los zapatos para poder sentir mejor la hierba húmeda en sus pequeños pies desnudos. Rodeo el lago con tranquilidad, ya no sabía porque estaba allí, pero le encantaba caminar bajo aquel tiempo.

Las pocas personas que había fuera, se fueron corriendo al sentir las gotas de lluvia caer. Estaba a punto de dejarse caer contra el tronco de un árbol alejado, para poder disfrutar del agua acariciando su piel, cuando sintió una respiración tranquila a sus espaldas.

-Te he estado siguiendo.- dijo el propietario de aquella respiración, cogiéndola de la mano y llevándosela a algún lugar alejado, donde una vieja cabaña de madera descansaba ante ellos.

El suelo de la cabaña, también era de madera, pero tenía un tono más oscuro que el de las paredes. Tan solo había una pequeña ventana en una de las cuatro paredes que les protegían y estaba tapada por una cortina sucia de color lila. Una mesa redonda y pequeña decoraba el centro de la estancia, y detrás otro trozo de cortina vieja y roja le impedía ver más allá.

-¿Quería mis calzoncillos, no?-pregunto duramente la voz a sus espaldas.

Poppy se giro para hacerle frente, y sus ojos llameando en un deseo devastador la dejaron de piedra.

-Pues ven a buscarlos.- continuó el rubio sonriendo maliciosamente.

-No es lo que piensas.- intento explicarse la rubia, mientras cerraba los ojos para poder ignorar el calor que la inundaba.- Yo no quería, era una apuesta, no podía decir que no. Siempre me has gustado sabes…

-Lo sé.- respondió él besando la línea de su mandíbula antes de morder posesivamente su labio inferior.

Dos horas más tarde había descubierto que detrás de las cortinas rojas se escondía una gran cama de matrimonio, de sabanas blancas, frías por llevar tanto tiempo sin deshacer.

-Este no entiende de razones.- dijo Nathan boca abajo, completamente desnudo y los ojos clavados en los ojos verdes de la rubia que lo acompañaba.

-Nadie se me resiste.- rió ella acercándose suavemente.

Nathan pasó su gran mano por el contorno de uno de sus pechos desnudos, mientras mordía dulcemente su cuello de piel nívea.

-Cálmate, Steve.- murmuro

-¿Quién es Steve? - Preguntó Poppy divertida.

Nathan cogió la pequeña mano de su rubia y la llevo suavemente hasta su entrepierna, para decirle con voz ronca.

-Creo que ya le conoces.

-¿Le has puesto nombre?- se extraño ella riendo, mientras le acariciaba.

-No podía dejar que un total desconocido tomara las decisiones más importantes de mi vida.- gruño haciendo reír fuertemente a Poppy.

-Eres mi perdición.- dijo Nathan una vez su rubia se hubo calmado.- Se que no puedo más, sin embargo este no entiende de razones.- se quejo

-Bueno pues dale lo que quiere.- respondió ella sensualmente mientras reanudaba sus caricias en su virilidad.

Apenas había dormido, cuando sintió los rayos de sol, colarse por las cortinas que los protegían. Estiro la mano, para poder acariciar su torso musculoso y suave, pero su mano choco con el aire frío. Abrió los ojos con pereza para encontrarse sola en la cama. Se levanto horrorizada cubriéndose con una de las sabanas y salió de la cama y de entre las cortinas que le protegían.

-Nathan- Llamó al ver la estancia completamente vacía.

-Dime.- respondió él entrando en la cabaña, solamente cubierto por una toalla y totalmente mojado.

-¿Dónde estabas?- preguntó Poppy extrañada.

-La ducha esta fuera.- dio el como toda respuesta.

Se sentó en una de las sillas de la mesa redonda, intentando o perder por el camino su sabana que la cubría de la mirada penetrante de Nathan.

-Irma tenía razón.- dijo de pronto.- Los Ravenclaw son muy buenos en la cama y tenéis una anatomía de lo más envidiable.

-Se equivoco.- respondió Nathan fríamente sentándose a su lado.- Yo soy el único Ravenclaw que puede llevarte al séptimo cielo y que tiene una anatomía envidiable.

Poppy se dejo caer en su asiento mientras reía tranquilamente.

-¿Y Edward?- preguntó maliciosamente

-Esta detrás de mí.- respondió el rubio herido en su orgullo.

Dejo que su mano se enredara en su largo cabello rubio mientras los dedos de su otra mano acariciaban la línea de su cuello.

-¿Por qué no vienes a clase de cuidado de las criaturas mágicas- pregunto la rubia sin cesar sus movimientos, siempre le había intrigado el hecho de que fuera el unico alumno que tuviera permiso para saltarse una clase y ahora que tenía la oportunidad de aclarar tal misterio no quería desperdiciarla.

Nathan suspiro fuertemente, cerrando los ojos para disfrutar de sus caricias, antes de decir en un susurro:

-Porque me dan repeluz las criaturas mágicas.

-¿Cómo?- preguntó Poppy con los ojos dilatados por la sorpresa.

-Me has oído perfectamente.- le recrimino

-No me lo creo.- consiguió articular la rubia.

-Pues créetelo, porque es verdad.- dijo Nathan.- No soporto verlos y aún menos tocarlos. Mis padres han prohibido la entrada de cualquier clase de criatura mágica en nuestros terrenos, es bastante vergonzoso…

-¿Aceptarías que te presentara a un centauro?- pregunto Poppy besándole la comisura de los labios.

-¿Cómo quieres que te diga que no, si me lo pides así?-respondió el rubio sentándola en su regazo.-Pero en cambio, quiero llevarte a un concierto de mi grupo favorito.- dijo mientras colaba una de sus grandes manos debajo de la sabana que cubría el cuerpo desnudo de Poppy.

-Tengo que hacer una cosa antes.- respondió ella, mordiendo su lóbulo, antes de levantarse y dirigirse hacía la cama detrás de las cortinas rojas, de donde saco su varita enrollada en un papel viejo, en el cual dio unos pequeños golpes con la punta de su varita, unas letras cursiva aparecieron en el papel : “Reunión dentro de 10 minutos???

Irma tenía las piernas sensualmente abiertas y su mirada lasciva miraba con insistencia el joven apoyado contra la pared enfrente de ella. No era el chico más guapo del colegio, la verdad es que no era muy apuesto y lo cierto era que ella tampoco, pero sabía que podía conseguir cualquier hombre que se propusiera, porque sencillamente perdían la cabeza con sus movimientos gatunos, su mirada penetrante y su cuerpo insinuante, pero era a él a quien había elegido, porque era diferente, difícil y le provocaba un deseo placentero en sus entrañas.

Se levantó suavemente de su asiento y se dirigió con aire salvaje hacia el joven que no le quitaba los ojos de encima.

-Te deseo, Argus.- suspiro contra el oído del joven conserje.

-Azotes, eso es lo que mereces, que te cuelguen y que te enseñen a no ir provocando a los hombres.- respondió él intentando parecer firme y calmado, pero el temblor de su barbilla le delataba.

Irma sonrió satisfecha, pasando despreocupadamente su mano grácil por su entrepierna que se endureció ante el tacto.

-Hubieras sido un buen Ravenclaw, Argus.- dijo ella con una sonrisa maliciosa, estaba a punto de besarla cuando sintió su varita quemar su costado. La saco de su bolsillo y leyó la nota que había aparecido en el papel que la envolvía.

-Tenemos que irnos.- anunció con aspereza.

-Nos manda a llamas a estas horas de la mañana y ADEM??S llega tarde.- se quejo Filip, poniendo sus pies sobre la mesa de madera.

-Son las doce Filip.- dijo Margueritte, haciendo caer de un empujón sus pies de la mesa para sentarse en su regazo.

-Por eso mismo.- respondió Evan medio adormilado al lado de Irma.

-Sois casos desesperados.- suspiro Susan

-¡Hola!- dijo Poppy que venía de entrar en la sala de los Menestres.

-¡Al fin, nos dignas con tu presencia!- grito Edward las manos al cielo.

-¡GANE, GANE, GANE, GANE Y GANE!- grito la rubia eufórica.- ¡Sufriréis mi venganza!- continuó riendo con una risa diabólica.- ¡Os torturaré y os convertiréis en mis esclavos para el resto de la eternidad!

Se la quedaron mirando boca abierta, ojos desorbitados, y con mueca de sorpresa.

-¿Tú crees que esta poseída?-pregunto Margueritte por lo en un susurro.

-¿Qué coño te has tomado, Poppy?-preguntó Susan en voz alta.

-¡Danos un poco! Yo también quiero probar.- soltó Edward emocionado.

En toda respuesta Poppy saco de sus bolsillos unos calzoncillos azules, que mostró con infinito orgullo.

-¡Oh, dios!- Maldijo Filip, dejando caer pesadamente su cabeza en la espalda de Margueritte.

-¡Los has conseguido!-exclamó Irma con las mejillas sonrojadas, los ojos brillantes de emoción y una gran sonrisa de inmenso orgullo.

-Esperen, esperen.- grito Evan.- Tiempo muerto ¿Cómo podemos saber que es suyo?-

Edward se acerco a Poppy y le saco los calzoncillos de las manos y se lo acerco al rostro como si llevara encima una bomba que explotaría en cualquier momento. Olisqueo la tela con mueca de asco y soltó como si estuviera a punto de hacer una gran revelación a la humanidad.

-Es suyo. Nadie apesta así.

-¡Edward!- le riño la Poppy, pellizcándole.

-Es broma.- rió este.- Bueno en realidad no es broma.- continuó volviendo adoptar su mueca de asco.- He visto sus iniciales. Poppy Mccgregor, te condenó culpable de haber tenido sexo desenfrenado con mi amigo.

10 años después.

[i]Hola Susan,

¿Cómo estás? Me ha alegrado mucho recibir tu carta, hace bastante tiempo que no nos vemos, dirás que exagero y que dos meses no se pueden considerar mucho tiempo, pero te aseguro que si, me tarda de volver a presenciar alguna de tus legendarias peleas con Edward.

¿Cómo esta él, no se porta demasiado mal? ¿Al final has accedido ha darle el hijo que lleva dos años pidiéndote o te sigues negando? Estoy segura de que acabara convenciéndote. Por favor no intentes envenenarme por lo que vengo de decir, la verdad es que en el fondo estoy segura de que serias una estupenda madre.

Margueritte sigue saliendo con Evan pero aún no es nada formal, estoy segura que no se acabaran casando, Evan no soportaría la idea, pero acabaran sus ideas juntos eso si, no allí quien los separe. Se me hace tan raro que nuestro rebelde sin causa, por fin haya encontrado estabilidad, aunque cuando se encuentra con Filip (lo que ocurre muy a menudo) vuelve a convertirse en un crió, la semana pasada quemaron la entrada del Ministerio, siguen buscando los culpables…

Filip en cambio, sigue picando de flor en flor, tendrías que ver las extravagantes novias que nos a traído estos dos últimos meses, de verdad que no tiene remedio, aunque no haya podido convencerle que deje de fumar (como a todos ustedes, si, Susan, sé que a mis espaldas sigues dándole al vicio…) tengo la esperanza de que pueda convencerle que se calme y que pose cabeza.

Irma sigue siendo una estirada adicta al sexo desenfrenado. Sospecho de que tiene algo con Argus, aunque no lo quiere admitir, pero tengo buenas pruebas que la inculpan, ya me entiendes…Unas cuantas bragas suyas en los bolsillos de Argus, lo típico. No me quiero imaginar a Argus azotándola, con lo que le gustaba amenazarnos con colgarnos de cabeza y castigarnos por nues
[center]Imagen[/center]

[center][hide=Death Eaters Unite]Imagen[/hide][/center]

[center][hide=Remus Lupin]Imagen[/hide][/center]

[center][hide=The Lestrange]Imagen[/hide][/center]

[center][hide=Garabatos]

[hide=Adicción] Hermione ha perdido a la persona que más amaba, Harry la ha apartado del mundo mágico para protegerla. Sus demonios se apoderan de ella, cae en el mundo de la droga y el alcohol, sin darse cuenta que su mayor enemigo se esta convirtiendo en su peor adición.Terminada [Hr/Dr][/center]

[center][hide=Hermione]"El amor y la crueldad no son cosas opuestas: siempre se encuentran juntos en los caracteres más firmes y mejores.” Hermione/Draco[/center]

[center][hide=Me puedes]Me puedes, te juro que me puedes. Has reducido un siglo de autocontrol a cenizas. Viñeta. Twilight. Edward/Bella[/center]

[center][hide=Final del Juego]La caza de una Black. Su historia. Su final. Su venganza. Su muerte. Las metas de Andromeda se resumen en una sola : Vengar la muerte de su familia. Y para eso acabara con el reflejo de ella misma. OneShot en tres capitulos. Terminada Andromeda Vs Bellatrix.[/center]

[center][hide=Pequeñas Obsesiones]Todo el mundo tiene sus pequeñas obsesiones, esa pequeña cosa sutil que les fascina en el sexo opuesto, Une especie de fetichismo. Algo casi perverso que despierta una deliciosa sensación de deseo muy particular. Para Narcisa eran los hombros, para Samanta era el pecho, para Sara el trasero y para Lara era el cabello, por no se que razón oscura.Sin embargo para mí, eran las manos.OneShot. Sirius/Bella[/center]

[center][hide=Confesiones de una mente perturbada]Fanfiction en Grupo. ¡Apuntense![/center][/hide][/hide][/hide][/hide][/hide][/hide][/hide]

[center][hide=Antonin Dolohov]Imagen[/hide][/center]

[center][hide=Severus Snape]Imagen[/center][/hide]
Caliope
Slytherin
Slytherin
Mensajes: 1575
Registrado: 28 Ago 2008 13:48

Mensajepor Caliope » 26 Dic 2008 15:47

Diooooos, pero hay que ver lo mala que soy en ortografia y lo vaga que soy, (no encuentro las fuerzas para corregir, este inmenso tocho, xDD)

Así! Pues a lo que hiba...UP
[center]Imagen[/center]



[center][hide=Firma]Imagen[/center]


[center][hide=xD]Imagen[/hide][/center]
[center][hide=Escritos]

[hide=Adicción] "- Tu eres mi única victima aquí, Hermione. – Mi aliento se mezcla en tus rizos, mi nariz roza tu cuello de piel suave. Te he dado lo que necesitabas. Una razón más para odiarme. ".Terminada [Hr/Dr][/center]

[center][hide=Hermione]"El amor y la crueldad no son cosas opuestas: siempre se encuentran juntos en los caracteres más firmes y mejores.” Hermione/Draco[/center]

[center][hide=Me puedes]Me puedes, te juro que me puedes. Has reducido un siglo de autocontrol a cenizas. Viñeta. Twilight. Edward/Bella[/center]

[center][hide=Final del Juego]La caza de una Black. Su historia. Su final. Su venganza. Su muerte. Las metas de Andromeda se resumen en una sola : Vengar la muerte de su familia. Y para eso acabara con el reflejo de ella misma. OneShot en tres capitulos. Terminada Andromeda Vs Bellatrix.[/center]

[center][hide=Pequeñas Obsesiones]Todo el mundo tiene sus pequeñas obsesiones, esa pequeña cosa sutil que les fascina en el sexo opuesto, una especie de fetichismo. Algo casi perverso que despierta una deliciosa sensación de deseo muy particular. Para Narcisa eran los hombros, para Samanta era el pecho, para Sara el trasero y para Lara era el cabello, por no se que razón oscura.Sin embargo para mí, eran las manos.OneShot. Sirius/Bella[/center]

[center][hide=La vie en rose]
Ella recuerda que hacía calor y que el cielo era azul, recuerda haber corrido junto al pequeño inútil, evitando las maldiciones de su tía. También recuerda haberlo acorralado en el armario de escobas para que no les pillasen. Pero lo que más vivo sigue en su memoria son sus labios chocando contra los suyos, mordiéndolos y lamiéndolos, quizás tan solo fuesen niños, pero mantenían los ojos abiertos mientras se besaban, porque su pasión era más fuerte y su deseo más torpe. OneShot. Terminado.
Bella/Sirius Bella/Voldemort Bella/Rodolphus[/center]

[center][hide=Muérdeme]"Porque ella es desolación, es pecado, es desquite, es tentación y a él le encanta. Porque él es peligro, es veneno, es desolador, es prohibido y a ella le encanta."
Leah/James[/center]

[center][hide=Hermanos]Viñetas de la infancia de Regulus y Sirius. "Porque Regulus se siente importante cuando Sirius le habla en voz entrecortada de secretos que aún no entiende" Black[/center]

[center][hide=Rompe, destroza, desgarra, grita.]Rompe, destroza, desgarra, grita. La tranformación de Leah.Leah Clearwater[/center]

[center][hide=Perdición]Ellos no se besan, se muerden. Las palabras intercambiadas, no representan una confesión de amor a media voz, tan solo son provocación y deseo. No se acarician, se arañan. No hacen el amor, se devoran.Leah/Edward[/center][/hide][/hide][/hide][/hide][/hide][/hide][/hide][/hide][/hide][/hide][/hide][/hide]

Volver a “Tomo 4: El Cáliz de Fuego”

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 2 invitados