Publicado: 04 Feb 2010 8:18 pmTítulo del mensaje: :Profeta.: Jueves, 4 de Febrero del 2010
La boda se realizara a las 10:00 pm Hora Española
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Aquél sonido estaba a punto de volverla loca. Se sentía impotente gracias a las heridas que le habían obligado a quedarse, mientras afuera todo era un caos. Pero más devastador que todo aquello era la ausencia de noticias, el desconocimiento de saber si todo iba a su favor o si por el contrario estaban perdiendo la batalla. Se llevó las manos ocultando en ellas su rostro mientras intentaba no desesperar. Después de todo las malas noticias nunca se hacían esperar así que aquello era bueno.
Suspiró mientras encendía uno de sus cigarrillos con la mano que no estaba vendada. Dio una calada y dejó que el humo le embriagara los sentidos y le ayudara a mantener la mente blanco. Fue entonces cuando el sonido de alguien que tocaba a su puerta la sobresaltó.
- Señorita Malfoy, los sobrevivientes vienen en camino. - anunció uno de los cuidadores.
¿Sobrevivientes?, ¿había escuchado bien?. Siempre le habían enseñado que el término sobrevivientes se aplicaba a quienes habían perdido la guerra y con ellos a un sin número de hermanos. Esto tenía que ser una broma de mal gusto. Quizás por eso el hombre la dejó sola antes de que ella pudiera decir nada. Sí, se encargaría de castigar al culpable tan pronto como lo descubriera.
Corrió hacia las grandes ventanas que adornaban el salón. Aun las llamas cubrían el horizonte haciendo de aquella noche la más tenebrosa que nadie hubiera visto jamás. Tenebrosa incluso para ella porque quién la conocía sabía perfectamente cuanto temía por los suyos. Cada mortífago que caía era un dolor irrecuperable para su corazón. Había aprendido a amarlos como si ella misma les hubiera concebido y la sola idea de saber que habían caído en desgracia le aterraba demasiado. El cigarrillo se deslizó de sus dedos mientras sus ojos se llenaban de preocupación. ¿Por qué les había dejado solos?, hubiera preferido morir con ellos.
No tenía varita por lo que no podía darse prisa y aparecerse en donde había despedido a sus soldados. Así que con una pierna rota, un brazo inutilizado y las heridas de una vieja batalla se dirigió lo más rápido que pudo haciéndose paso entre el oscuro paisaje que reinaba como espectro en la noche. No contaba las veces que había caído al suelo ni cuanto le había costado levantarse para seguir caminando. Tampoco contó las lagrimas que derramó en el camino ni le importó que su vestido se manchará con la sangre de las heridas que aún no habían sanado. Ningún dolor era comparable con la angustia de haber perdido a los suyos
Cuándo finalmente llegó no podía respirar bien. Se suponía que ya tendrían que haber llegado pero aquél lugar estaba desolado y cada vez más frío. Cayó de rodillas al suelo acompañada mientras su mirada se perdía en la locura y su propio grito rompía el silencio. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y rogó porque el dolor le hiciera perder el sentido. Cada segundo dolía desmesuradamente.
Y justo cuando creyó haber perdido la esperanza. Justo cuando pensó que el mundo se le venía bajo y deseo la muerte más que nada en el mundo. Escuchó unos pasos en la lejanía. Levantó la vista calmando su llanto mientras veía a una muchedumbre acercarse a través de la niebla. Debido a la oscuridad, no pudo reconocerlos hasta que estuvieron lo suficientemente cerca de ella..
- Capitana - dijo el que ella misma había dejado al mando en su ausencia- hemos vencido. Nuestros enemigos han huído de nuestras espadas. Hemos tenido algunas bajas pero ellos han sufrido el triple que nosotros. Tardarán mucho tiempo en recuperarse.
El mortífago la sostuvo entre sus brazos para levantarla del suelo con delicadeza. Y entonces los vio con sus sonrisas deslumbrantes y el orgullo hinchándoles el pecho. Se inclinaron ante ella haciéndole saber el honor que sentían al haber sido partícipes y autores de la victoria. Ella también se inclinó viéndolos como héroes antes de ordenarles seguir el camino hacia el hogar. Tenían mucho por hacer. Debían contarle con detalle la batalla que habían librado y preparar una ceremonia digna por aquellos que habían caído.
No necesitó más. Una fuerza sobrenatural le confirió valor, calmó su dolor y le hizo sonreír sin esfuerzo. ¿Qué era?, ¿Qué fuerza era esa capaz de transformar su ánimo en un segundo?. ¿Qué sentimiento era tan poderoso como para hacerle sentir desfallecer en un segundo, y al otro levantarle cómo si nada pudiera derrotarle?…
¿Amor?…quizás.
Regalo de mi Amiga Secreta 08:Angie Prewett
Aquél sonido estaba a punto de volverla loca. Se sentía impotente gracias a las heridas que le habían obligado a quedarse, mientras afuera todo era un caos. Pero más devastador que todo aquello era la ausencia de noticias, el desconocimiento de saber si todo iba a su favor o si por el contrario estaban perdiendo la batalla. Se llevó las manos ocultando en ellas su rostro mientras intentaba no desesperar. Después de todo las malas noticias nunca se hacían esperar así que aquello era bueno.
Suspiró mientras encendía uno de sus cigarrillos con la mano que no estaba vendada. Dio una calada y dejó que el humo le embriagara los sentidos y le ayudara a mantener la mente blanco. Fue entonces cuando el sonido de alguien que tocaba a su puerta la sobresaltó.
- Señorita Malfoy, los sobrevivientes vienen en camino. - anunció uno de los cuidadores.
¿Sobrevivientes?, ¿había escuchado bien?. Siempre le habían enseñado que el término sobrevivientes se aplicaba a quienes habían perdido la guerra y con ellos a un sin número de hermanos. Esto tenía que ser una broma de mal gusto. Quizás por eso el hombre la dejó sola antes de que ella pudiera decir nada. Sí, se encargaría de castigar al culpable tan pronto como lo descubriera.
Corrió hacia las grandes ventanas que adornaban el salón. Aun las llamas cubrían el horizonte haciendo de aquella noche la más tenebrosa que nadie hubiera visto jamás. Tenebrosa incluso para ella porque quién la conocía sabía perfectamente cuanto temía por los suyos. Cada mortífago que caía era un dolor irrecuperable para su corazón. Había aprendido a amarlos como si ella misma les hubiera concebido y la sola idea de saber que habían caído en desgracia le aterraba demasiado. El cigarrillo se deslizó de sus dedos mientras sus ojos se llenaban de preocupación. ¿Por qué les había dejado solos?, hubiera preferido morir con ellos.
No tenía varita por lo que no podía darse prisa y aparecerse en donde había despedido a sus soldados. Así que con una pierna rota, un brazo inutilizado y las heridas de una vieja batalla se dirigió lo más rápido que pudo haciéndose paso entre el oscuro paisaje que reinaba como espectro en la noche. No contaba las veces que había caído al suelo ni cuanto le había costado levantarse para seguir caminando. Tampoco contó las lagrimas que derramó en el camino ni le importó que su vestido se manchará con la sangre de las heridas que aún no habían sanado. Ningún dolor era comparable con la angustia de haber perdido a los suyos
Cuándo finalmente llegó no podía respirar bien. Se suponía que ya tendrían que haber llegado pero aquél lugar estaba desolado y cada vez más frío. Cayó de rodillas al suelo acompañada mientras su mirada se perdía en la locura y su propio grito rompía el silencio. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y rogó porque el dolor le hiciera perder el sentido. Cada segundo dolía desmesuradamente.
Y justo cuando creyó haber perdido la esperanza. Justo cuando pensó que el mundo se le venía bajo y deseo la muerte más que nada en el mundo. Escuchó unos pasos en la lejanía. Levantó la vista calmando su llanto mientras veía a una muchedumbre acercarse a través de la niebla. Debido a la oscuridad, no pudo reconocerlos hasta que estuvieron lo suficientemente cerca de ella..
- Capitana - dijo el que ella misma había dejado al mando en su ausencia- hemos vencido. Nuestros enemigos han huído de nuestras espadas. Hemos tenido algunas bajas pero ellos han sufrido el triple que nosotros. Tardarán mucho tiempo en recuperarse.
El mortífago la sostuvo entre sus brazos para levantarla del suelo con delicadeza. Y entonces los vio con sus sonrisas deslumbrantes y el orgullo hinchándoles el pecho. Se inclinaron ante ella haciéndole saber el honor que sentían al haber sido partícipes y autores de la victoria. Ella también se inclinó viéndolos como héroes antes de ordenarles seguir el camino hacia el hogar. Tenían mucho por hacer. Debían contarle con detalle la batalla que habían librado y preparar una ceremonia digna por aquellos que habían caído.
No necesitó más. Una fuerza sobrenatural le confirió valor, calmó su dolor y le hizo sonreír sin esfuerzo. ¿Qué era?, ¿Qué fuerza era esa capaz de transformar su ánimo en un segundo?. ¿Qué sentimiento era tan poderoso como para hacerle sentir desfallecer en un segundo, y al otro levantarle cómo si nada pudiera derrotarle?…
¿Amor?…quizás.
Regalo de mi Amiga Secreta 08:Angie Prewett
Agg No aguantaba la tentación de pasarme a felicitar ¿A qué a Marietta no le importa? no no era esta cara Y me voy antes de que Drek se entereque me he vuelto a reir porque llamó a Patty chiquilla.
Por cierto...Felicidades por la boda _________________
¡Felicidades a los novios!
(: no pude evitar conectarme y felicitar a los novios de oro, como dice Gusi ^^
A mi me encantaría cubrir la nota, pero sospecho (jajaja) que será a una hora inadecuada para mi en mi país. Espero que vivan muy felices con su bebé ^^
((Pd. Hola Witch Princess, bienvenida. Seguro que te acostumbras rápido)) _________________
Con mis Capter's me voy "De Compras..."
¿hoy a quien me comprare? Quien no comprende una mirada tampoco
comprenderá una larga explicación
Escuela de Vampiros, SALEM
Mis Primeras Historias
-._.- Hunter's Pride -._.- L'e Chanté Roseu -._.- Sianka'an -._.-
Pasos. Suaves pasos. Pasos imperceptibles para cualquier oído, pasos que intentaban pasar desapercibidos, pasos que huían. Los siguió concentrándose en sus sentidos. Él era bueno, tenía que admitirlo. Pero ella también lo era.
Algo estrellándose detrás de ella, se sobresaltó y su respiración se aceleró. El moño rosado resbaló de su cabeza y cayó al suelo, se debatió entre regresar pero no se arriesgaría a eso, no podía perderlo. Su corazón latía a la velocidad de las alas de un colibrí, podía sentir como en cualquier momento saldría de su pecho.
Ahora alguien la seguía a ella, ¿sería él? Aceleró el paso tan rápido como sus pies se le permitieron, dobló a la izquierda y después a la derecha, una maniobra de evasión, le habían explicado alguna vez. Sus manos estaban resbalosas y estaba empezando a ponerse nerviosa, se mordió el labio inferior con demasiada fuerza y una gota de sangre brotó de sus labios. Paró de correr y evaluó alrededor, no había nadie, suspiro aliviada y se arregló el alborotado cabello.
¡Te encontré! – Un susurro cerca de su oído fue suficiente para lograr que soltará un agudo grito y diera un salto alejándose de la persona que había hablado. Dio media vuelta y sus ojos se cruzaron con otros del mismo color, gris con gris.
¡Se supone que era mí turno! – Le reprochó ella mientras hacia un mohín de enojo y se lleva una mano a su cadera en una pose que contrastaba con su infantil rostro. El niño frente a ella sonrío con altanería y le sacó la lengua a lo que la niña le devolvió en gesto mientras le arrebataba el listón rosado que estaba en la mano del niño. – Ya no quiero jugar contigo, Dante. Haces trampa.
Su labio inferior se pronunció un poco más, señal de que estaba reteniendo un sollozo por lo que el niño rodó los ojos, a veces su prima era demasiado mimada. – No es mí culpa que seas tan lenta, Sophie. Me aburrías. – El ceño fruncido de su prima le advirtió que quizás había hablado de más a lo que se acercó a ella y le quitó el moño de las manos para colocárselo él en el cabello.
Pues si te aburres conmigo, ve a jugar con alguien más. – Dio media vuelta y se alejo del niño que a espaldas de ella rodó los ojos, bien se lo había advertido su abuelo, Sophie tenía carácter difícil.
La pequeña niña caminaba a paso veloz y ágil, quizás demasiado elegante para alguien de su edad. Empezó a abrir las puertas de la casa de su abuelo buscando algún baño para arreglarse el cabello antes que su madre la reprendiera pero solo había habitaciones y librerías empolvadas que la hacían estornudar.
Pasos. Suaves pasos. Distintos pasos. Frunció el ceño, estos pasos no le gustaban. Los siguió de nuevo, dejándose llevar por sus instintos. Su corazón se aceleró de nuevo, solo que esta vez no era emoción lo que sentía, era miedo. ¿Por qué sentía miedo? Cada vez más desesperada empezó a buscar, a concentrarse en seguir los pasos. Ya no los escuchaba ¿dónde estaba? Algo distinto a sus sentidos, algo más fuerte que eso le hizo abrir la puerta a su derecha.
Ahí estaba. De sus labios casi salía un “te encontré” triunfante, pero la sonrisa quedó congelada en sus labios, Dante tenía los ojos hinchados y el rostro mojado, había llorado.
¿Qué tienes? – Le preguntó con suavidad, entrando al armario con él y cerrando la puerta tras ella. Sacó un pañuelo de su vestido y le limpio la cara con dulzura mientras el niño de 9 años se calmaba poco a poco.
Papá ha hecho algo extraño, me dio miedo, parecía un monstruo… – Le confesó con la voz quebrada por el esfuerzo de no sollozar. Sophie abrió los ojos con asombro, sabía que su tío era malo, lo podía sentir cuando la observaba con esa mirada tan penetrante, pero tanto como ser un monstruo… no lo creía. Observó contrariada a su primo, intento sonreírle, decirle algo que lo animará pero solo un suspiro salió de sus labios.
Escápate conmigo, yo te voy a cuidar. – Sugirió con una sonrisa deslumbrante, asombrada de lo que ella misma había dicho, Dante negó con la cabeza, a lo que Sophie frunció el ceño, ese niño tenía un serio problema con darle la contraria. – ¿Por qué no? Te escondemos debajo de mí cama.
¿Y mamá? No voy a dejarla sola, tengo que cuidarla. – Esta vez la voz de su primo sonó más segura a lo que Sophie hizo una mueca de estrés, tenía razón, su tía tenía que ser protegida por Dante. Más desesperada que antes empezó a jugar con la mano de Dante y se mordió el labio inferior con fuerza.
Pues yo te voy a cuidar a ti. – Le dijo ella con una sonrisa tímida, mientras soltaba de la mano de su primo y lo veía directamente a los ojos, gris con gris de nuevo.
¿Lo prometes? – Le preguntó el sin despegar la mirada de ella, a lo que ella le sonrío convencida, no había estado tan segura de prometer algo desde la vez que prometió que ya no jugaría con tijeras.
Lo prometo. – Y cerró la promesa con un abrazo que sostenía los temores de su primo.